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TRIBUNA

Contra el "Manifiesto"

jueves 22 de enero de 2026, 19:37h

Aparentemente el Manifiesto del exministro socialista Jordi Sevilla es muy oportuno en la desastrosa situación española presente al reclamar una alternativa al Sanchismo que dirige su preocupante destino. No sé cuántos socialistas bendecirán la propuesta del susodicho y se apuntarán de verdad a una posible alternativa a este aprendiz de dictador llamado Pedro Sánchez , que ni en sus mejores sueños diurnos, quizás sí en los nocturnos, cosa de Freud, creyó en la posibilidad de conquistar la dirección del PSOE, que logró, al parecer, a base de trampas, y menos aún la Presidencia del Gobierno, que logró gracias a mentiras, proyectos y realidades e ideales antidemocráticos, ayudado con la traición del PNV, que ahora , ante la vergonzosa corrupción socialista, mira para otro lado para conseguir prebendas competenciales, que significa un capítulo más en la destrucción de España como nación. Por su parte, los sanchistas apesebrados dicen que el tal Manifiesto sale en un mal momento, aunque para los nuevos socialistas del sanchismo siempre será un mal momento para recordarle a Pedro Sánchez sus tropelías. Pero en realidad para la situación corrupta y precaria que vive este nuevo socialismo no socialdemócrata el Manifiesto es demasiado comprensivo, light y de paños calientes para uno de los momentos más nefastos de la última historia de España, cuando se le han caído de sus siglas al PSOE la “O” de obrero y la “E” de español, como se ha repetido muchas veces. Por cierto, como he dicho más de una vez, sustituir “obrero” por” trabajador” y añadir “clase media” o “empresarial” como si estas no trabajaran no me parece un error lingüístico inocente sino que pertenece a la misma ideología izquierdista que la que pretende imponer un uso lingüístico espurio propio del feminismo radical, desechando el uso inclusivo del masculino, como si esta izquierda caviar fuera la Real Academia de la Lengua. Aquí todo el mundo trabaja, excepto los vagos subvencionados con el dinero de todos, lo que se llama compra de votos simplemente.

El problema de un partido ocurre cuando sus siglas se convierten en sagradas y parece que nadie está dispuesto a prescindir de ellas. En tal caso, o se abandona ese carácter sacrosanto y, si son indignas, se critican y olvidan ,o si no es así, se reclama judicialmente la legitimidad de su uso, que es lo que podían haber hecho y no hicieron los socialistas de Felipe González y Jordi Sevilla, el que ahora exige una alternativa contra quien las ha manipulado y pisoteado para conquistar el poder y seguir aferrado a él.

El Manifiesto da muy buenos consejos que podía suscribir cualquier otro partido, pero no aclara suficientemente por qué tiene que ser una alternativa democrática a la Secretaría General del partido, adquirida según algunas fuentes con trampas y a la Presidencia menos democrática desde la Transición. Porque las corrupciones de los dos secretarios de Organización, ministros, y demás son peccata minuta comparadas con las conductas antidemocráticas del Jefe Sánchez: ruptura de la división de poderes, criticando la actuación de los jueces que le puedan perjudicar y nombrando a un Fiscal General adicto, ya condenado, que mandaba a los fiscales defender a los delincuentes en vez de atenerse a las leyes, mientras el nuevo nombramiento augura más de lo mismo; quebrantamiento de la Constitución con la autoamnistía de los golpistas con tal de seguir en el Poder; ocupación de las Instituciones, nombrando, por ejemplo, como dirigente del CIS a un tramposo reincidente en sus encuestas falseadas para favorecer a su partido; Gobierno no sólo con la extrema izquierda sino haber convertido al propio partido a la extrema izquierda, de lo que nunca se habla, como si sólo hubiera una supuesta extrema derecha, que no se sabe en qué consiste, aunque curiosamente el Presidente se apoye en una extrema derecha silenciada como tal (JUNTS, PNV).

Insiste Jordi Sevilla en lo mismo, en que hay que oponerse al proyecto trumpista de extrema derecha y a la izquierda populista, pues hay que evitar llamarla extrema, ¿acaso sin advertir que Sánchez es un ejemplo eximio de populismo como todo aprendiz de dictador? No habla el Manifiesto del vergonzoso embuste de la Memoria Histórica, cuando reclama el olvido de la guerra civil y el franquismo. Hace bien en reivindicar la Transición y la Constitución, cosa que a Sánchez le importa un bledo, en exigir respeto al adversario , aunque lo del diálogo y acuerdo es difícil dado el perfil falaz del que manda. Requiere con razón una clase de política económica en la que nadie quede excluido del “ascensor social”. En cuanto a que el Gobierno haya creado dos millones de puestos de trabajo, ya se sabe que, quitando funcionarios al por mayor, la figura del “fijo discontinuo” es una artimaña contradictoria para inflar el empleo.

Reclama el Manifiesto pactos de Estado, pero no puede haber tal componenda de la oposición con un mentiroso patológico desde que tomó el Poder, haciendo todo lo que dijo que no iba a hacer y convirtiéndose en el líder presuntamente socialista de la extrema izquierda española y en presidente de la internacional socialista con su compra venal. Ahora trata, con su política errática, de convencer a Feijóo de la necesidad del envío de tropas a Ucrania, a Groenlandia o a donde sea con tal de distraer la opinión pública en su contra. Pero lo que tiene que hacer la oposición es obligarle a convocar elecciones, porque no tiene una mayoría social ni parlamentaria y ni siquiera unos presupuestos constitucionalmente obligatorios, con la amenaza de romper la baraja de un juego democrático que no es tal.

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