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CRÍTICA DE CINE

Un simple accidente: cuando la redención es más fuerte que la venganza

Un simple accidente : cuando la redención es más fuerte que la venganza
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(Foto: Les Films Pelléas, Bidibul Productions, Jafar Panahi Film Productions, Pio & Co, arte France Cinéma)
Joaquín del Palacio
jueves 12 de febrero de 2026, 17:55h

Un simple accidente es una de esas películas que nada más comenzar te hacen ponerte en la piel de otros y pensar qué harías si estuvieras en su situación. ¿Cómo te comportarías con la persona que te torturó salvamente en el pasado? ¿Qué está antes, tu sed de venganza o tu humanidad? ¿Qué te separa de tu torturador si haces lo mismo que hizo él? Son preguntas que no tienen respuesta fácil y que dependerán de muchas otras variables. Lo que es seguro es que con ellas convencieron al jurado del Festival de Cannes 2025 y le otorgaron la Palma de Oro, el galardón que se ofrece al mejor trabajo de ese año. Jafar Panahi, su director, a menudo encarcelado en su país porotras películas, rodó sin permiso y tuvo que huir a Francia. Ahora esta misma cintaestambién candidata al Oscar a mejor película, y dado el momento político que estamos viviendo, con el régimeniraní matando y torturando a miles de opositores en la calle, tiene grandes posibilidades de conseguirlo.

La historia

Si algo tiene de interesante el cine de Panahi es que sus historias se desarrollan con una cierta sencillez narrativa y con personajes que tienen algo cómico, y eso quita hierro al dramatismo de la historia que están viviendo, tanto en el presente, en este caso rodado en modo roadmovie como en un pasado que dejó enormes secuelas a cada uno de ellos. Un simple accidente comienza con una averíamenor provocada por el atropello a un perro, que obliga a una persona a buscar ayuda en un taller. Allí dentro hay alguien que nada más escuchar su voz, así como el ruido de su prótesis de pierna al caminar, sabe que se encuentra con su antiguo torturador. Le sigue a escondidas y le secuestra. Todo esto ocurre en los primeros minutos, no os estoy destripando la historia. Después medita distintas opciones de venganza (la primera es enterrarle vivo) pero ante la duda decide ir a buscar a otros como él que fueron torturados en su momento por ese mismo tipo. Ahí comienza la auténtica yincana donde se suceden todo tipo de pensamientos y actuaciones que a menudo son divertidas, pues el grupo está compuesto de una novia con su vestido, un novio, una fotógrafa de bodas y un médico muy nervioso que grita y llama la atención de la gente. No iremos más allá en cuanto a descubrir detalles, los dejamos para el espectador, pero sí que veremos cómo la ternura aparece en alguna de las escenas finales, en las que se descubre lo que de verdad diferencia al torturador de sus víctimas. Y entenderemos que en cierto modo los torturadores son parte de un sistema odioso que ellos mismos no han creado, son piezas de un puzle macabro y es complicado decidir dónde reside la responsabilidad individual.

Por otro lado, como la película tiene una vis cómica, en determinados momentos aparecen secundarios que rompen la tensión emocional, como unos policías que les piden una coima y llevan incluso una TPV para poder cobrarla, o curiosos personajes como los enfermeros y médicos del hospital que de diversas formas les piden dinero, lo que demuestra la enorme corrupción que hay en Irán, donde todos tienen que redondear sus sueldos recurriendo a argucias típicas del Lazarillo de Tormes.

La película tiene uno de los finales mejor estructurados que he visto en mucho tiempo, un final con un fuera de campo antológico —solo roto por un sonido inconfundible— que permite al espectador rellenar los huecos que faltan con su propia visión de esa historia y con ello construir lo que esperan que vaya a suceder. Y de verdad que no está claro, podría ser una cosa y su contraria y en ambos casos sería realista.

 Les Films Pelléas, Bidibul Productions, Jafar Panahi Film Productions, Pio & Co, arte France Cinéma

Panahi

Que estamos delante de cine social es evidente. Pero no es el típico cine social de Ken Loach, porque usa ingredientes poco habituales de este género como el suspense y la comedia, que unido al drama nos dan un producto distinto, que además entretiene dejando claro su mensaje sobre ese modelo social tan perverso que se ha construido en Irán basado en la imposición salvaje de una religión y un modo de vida asociado a ella. A menudo la comedia permite traspasar mensajes complejos que están vetados en drama social y los hace circular con mucha más energía.Kadaré nos lo recuerda en sus libros, es mejor dar un rodeo que ir de frente, pero al final llegaremos al mismo lugar. La falta de libertad es uno de los temas centrales de toda su filmografía, una falta de libertad que a veces se ve en lo grande y otras en lo pequeño. Es como si Un simple accidente fuera una pieza de una obra más extensa con la que Panahi nos quiere contar la realidad de su país —en algunos momentos a modo de documental actuado—. Pero a la vez es una película que trasciende hacia lo que podría ser una tiranía en cualquier otro país del mundo, una parábola sobre las consecuencias de la maldad, las heridas que deja en terceros y la oportunidad de la venganza. Es un cine muy interesante para cualquiera que tenga interés en conocer otra cultura, y a la vez habrá muchos aspectos que nos lo muestren cercano, porque tal y como he dicho en esta columna numerosas veces, el ser humano es universal y comparte su gama de emociones.

En su momento me pregunté por qué hay tantas películas iraníes que suceden dentro de un coche. Recuerdo una extraña «obra maestra» aburridísima e incoherente, El sabor de las cerezas, que en gran parte transcurría en el interior de un Range Rover de los bonitos (los antiguos). Estudiando el asunto, creo que la razón es que se trata de rodajes secretos, prohibidos por el régimen, pero conseguidos con ingenio y largas penas de cárcel a posteriori. Resulta curioso que las dos mujeres protagonistas llevan la cabeza destapada todo el rato, pero en cuanto salen a la calle se la tienen que tapar para evitar las miradas maliciosas de esos policías corruptos que te sablean a la menor ocasión y que si no pagas, te pegan una paliza. El exceso de prohibiciones lleva inexorablemente a la corrupción.

 Les Films Pelléas, Bidibul Productions, Jafar Panahi Film Productions, Pio & Co, arte France Cinéma

La venganza

La película es una reflexión sobre si la venganza es legítima, y también sobre si esa venganza puede equiparar a las víctimas con los verdugos. Panahi lo tienen claro: no son torturadores ni asesinos y al no serlo, a la hora de actuar, una cosa es la imaginación y otra la realidad. Querer no es poder: hay limitaciones morales. Es también un análisis sobre la motivación de los torturadores, sobre su fanatismo y su resentimiento.El torturador que nos ocupa perdió una pierna en Siria en nombre de su fe y eso le hace mucho más riguroso conceptualmentey por tanto, no se arrepiente, aspira a ser un mártir, eso sí, sin prisas. Por el momento prefiere sobrevivir y no le importa humillarse si es necesario y con ello salva la vida. Panahi pone a ese tipo tan fanáticoante un espejo y aparecen sus dudas: es contradictorio como todos los buenos personajes.

El directorintenta que las acometidas de rabia humanicen el secuestro, quelo entendamos, que comprendamos el dilema y al final tomemos partido. Y ahí es donde demuestra sus capacidades creativas, no solo desde un guion extraordinario, construido entre lo humano, lo grotesco y lo salvaje, sino también con su puesta en escena, encauzando rabia sin mostrarla directamente, utilizando para ello largos planos secuencia que, pese a todo, generan una historiamuy entretenida. Tiene un toque Cohen, sin duda, pero solo en momentos concretos gracias a un tono en los que los secuestradores inexpertos discuten por las numerosas chapuzas que todos ellos cometen y que sin duda generan comicidad involuntaria. Ahí termina la comedia y colapsa anteun drama tremendo donde el humor no tiene la menor cabida y en el que los Cohen quedan lejísimos ya, a años luz.

Y ese dramasigue vigente en Irán. Podemos verlo en los telediarios cada día y da la sensación de que es un drama lejano que no nos importa. Esa gente vive allí, son ilustrados, inteligentes, cultos, grandes creadores y no movemos un dedo para ayudarles a cambiar su infierno vital. En mi opinión, y aquí me extralimito en la crónica, Irán es un país que necesita nuestra ayuda, y si las sociedades occidentales no se implican en este momento crucial de su historia perderemos toda legitimidad y no seremos más que unos cantamañanas que juzgan desde los telediarios como si fueran islas flotando en la nada.

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