Emmanuel Macron ha pronunciado en el World Economic Forum de Davos un special address (en inglés aunque con acento francés, for sure) donde abordó la necesidad de cooperación internacional en el mundo actual y el papel de Europa como un lugar (a place) que se rige todavía por el estado de derecho y la predictibilidad de las reglas de juego.
“We have a place where rule of law and predictability is still the rule of the game.”
Pero si contrastamos el mantenimiento de esa posición de Europa en un momento global de cambio (shift) lleno de desequilibrios e inestabilidad, más clara sería su descripción como crisis aunque solo fuera por la brusquedad con la que se nos está presentando.
“It's as well a shift towards a world without rules, where international law is trampled underfoot.”
Ese desfase (misplace) organizativo obligaría a que la Unión Europea vislumbrara alguna solución, mas evitando que se convirtiera en una operación de economía de escala o en un estado de llegada de bondad ilimitada.
“Having a place like Europe, which sometimes is too slow, for sure, and needs to be reformed for sure, but which is predictable (..) and when (..) that the rule of the game is just a rule of law, it's a good place”.
Además hay que tener en cuenta que el emplazamiento europeo obliga a disponer como complemento de un gobierno global para poner en práctica la sustitución (replace) de una estructura, que afectada por su propia inercia, ha terminado en inflación institucionalizada.
Pero tal dirección hay que pensar que no dejará su lugar a tal cooperación sin cesión (relentless) de la competencia, porque no se nos puede olvidar que la Unión Europea se caracteriza por permitir que sus estados partes avancen (displace) a dos velocidades de modo que algunos puedan alcanzar sus objetivos antes.
Y la reacción ante semejante situación, para Emmanuel Macron, no es otra que más cooperación, mas no la ya establecida (que no resulta efectiva) sino una nueva que él situó a nivel de la soberanía europea (la cual resulta difícil de alcanzar porque es nacional y concedida) junto a la estrategia de la economía europea al afrontar los desequilibrios globales, cuyos puntos cardinales consistirían, según él, en el incremento de la eficiencia y el crecimiento, junto con otros aspectos como la protección, la simplificación y la inversión.
La predictibilidad, entonces, constituiría una medida que no se entendería sino dialécticamente, porque la cooperación (hemos de tener en consideración) va acompañada de la rule of reason (no de la razón de estado) que opera en las zonas grises del mercado, rigiendo la competencia por lo que comprueba en la práctica sin efectuar una valoración de antemano.
Eso nos lleva, en consecuencia, a su equiparación con el discurso de la contrariedad cuando tal cualidad (la predictibilidad) se puede expresar igual de forma conjetural; y ello además, como Macron hizo notar, cuando tenemos en Europa, por diferencia con otros espacios arancelarios, la facilidad del acceso externo a nuestros mercados, pese a que ahora la Unión se haya dotado de herramientas potentes (sic) cuando no se respeten las reglas de juego con un reglamento anti-coerción para usarlo en cuanto afecte a cualquier decisión en la que esté en juego la soberanía.
La cooperación internacional y la competencia en el mercado son aspectos desnivelados difíciles de armonizar y lo que nos tendríamos que preguntar ahora, tras el discurso de Macron, es cómo la Unión Europea va a evitar que al aplicar la predictibilidad para promover la cooperación internacional las reglas del estado de derecho europeo no afecten a la competencia.