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DESDE ULTRAMAR

La guerra ya no es lo que fue

Marcos Marín Amezcua
jueves 05 de marzo de 2026, 20:17h
Decía el militar del ejército imperial ruso Vladimir Sukhomlinov a inicios de la I Guerra Mundial que no había nada mejor en el combate que utilizar el glorioso sable. Con ello remarcaba que no había nada comparable con una lid cuerpo a cuerpo –suponemos que ya el sable juega per se como sustituto en la intención puntual de dañar– y eso mueve a reflexión respecto a lo que estamos presenciando de un tiempo a la fecha. Aludiendo al militar ruso, la metralleta resultaba una suerte de cobardía.
Ahora pululan drones, detectores, misiles de precisión de mediano o largo alcance, portaaviones, esquirlas, charraritos que no detectan los radares, vamos, nada cómo hacer la guerra a la distancia, de manera impersonal y eso la dota de cierta cobardía. Incluyendo a quienes la ordenan, promueven y la justifican. Operando a la distancia, sin encuentros cuerpo a cuerpo entre enemigos.
Es que a operadores y estrategas, comandos y políticos matraqueros que la piden y se benefician de ellos, no se les ve en la primera línea de fuego ni sorteando o recibiendo los catorrazos. No. Las caudas de drones teledirigidos y de otros artefactos mortíferos y a cual más de aniquiladores, porque el aniquilamiento no cesa como una constante, han cobrado un significado tan totalizador que, si acaso, solo han superado las dos bombas atómicas arrojadas por Estados Unidos sobre Japón. Fuera de eso…
Hogaño, se ataca a mansalva, no ha mediado ni una triste y escueta declaración de guerra que revista de exigua solemnidad al desencadenamiento de las hostilidades que ya no miden a los contendientes palpando con cercanía letal a su eficacia y poderío; lo que en conjunto haga responsables a quienes la emitiesen ni deje en claro el status de la relación. La Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas es muy precisa en cómo proceder. Pero no, ya ni eso sabe como antes. Otrora, los formalismos. Se declaraba la guerra tras la ruptura anunciada de relaciones diplomáticas. Lo que venía después merece narrarse. Son de órdago las crónicas de los españoles arrancando el escudo yanqui del consulado situado en Granada en la primavera de 1898 o la narración de la salida del embajador alemán desde Londres contrastando con la conducente del británico desde Berlín, en septiembre de 1939. No, ahora se bombardean sin más, de forma asaz vulgar y sin el mínimo pudor. Ni supieron ni quién disparó ni los muertos causados. Ahí tiene al submarino yanqui hundiendo un buque de guerra iraní y se quedan tan panchos.
Resulta paradójico –por supuesto, siempre es vergonzoso como la guerra misma– que cuando mas precisas son las armas, ocurra que sean más imprecisas y difusas las reglas entre los combatientes. Por eso mismo, se dispara a diestra y siniestra, si bien siempre se sabe qué se atacó y para qué. Los entendidos sí conocen las razones que motivan cada paso, pues miente quien lo niegue, mientras se manda al garete el honor patrio y todas esas cosas que antes a alguien siquiera, le importaban.
Leo que las bases de la OTAN en España no se usaron como parte, propulsor o lanzadera de ataques a Irán. Es que resulta correcto. Sí, las alianzas son lo que son e implican, pero ¿se necesita otro Atocha 2004, derivado de la “Foto de las Azores”? Y voy más. En México, años atrás, algún secre de Exteriores priista –ese PRI ignorante, torpe de siempre (putrefacto, también)– decía de manera chabacana que México estaría en sintonía con sus “aliados” al transcurrir la guerra de Siria. ¿Aliados? México carece de ellos. Militares, ninguno; socios comerciales sí, amigos, ya veremos. Pero aliados…ninguno y menos con una connotación militar. Y voy a esto: como lo escuchasen los enemigos de EE.UU., que no buscan quién se las hizo, sino quién se las paga, dispuestos estarían a vengarse con un “aliado” por chivo expiatorio. ¿Qué necesidad? Máxime que no pegan de frente. No fuera siendo que nos colocaran una bomba por respuesta. Estaríamos hechos. Yo celebro que México no secundara jamás aventuras y locuacidades como la de Irán, lanzadas en el nombre de la libertad y otras tonteras amañadamente justificadoras y deseo que España no secunde locuacides comprando pleito ajeno.
Recordará amigo lector que he dicho en ocasiones anteriores que se tenga precaución de no leer en clave nacional las quisicosas que nos arroja el ámbito internacional. Pedro Sánchez ha condenado un ataque unilateral que no pone en riesgo a la OTAN, cabe apuntar por nuestra parte. Y ha circulado que hay una cláusula de 1988 que permite a España denegar permisos de uso de las bases yanquis en su territorio fuera de un contexto OTAN. Y es el caso. Las broncas de EE.UU. o Israel no tienen que ser de la OTAN y lo de Irán entra en esa categoría. Trump amaga a España con un bloqueo comercial. Que se tranquilice, que se serene. También ha dicho que no puede dejarse en manos de un loco, las armas nucleares. El chiste se cuenta solo o es un clásico escupir al cielo. También es verdad y lo sabemos todos. No es el más indicado para hablar de la locura de otros. No menos cierto es que ¡cuidado con ese bicho! bien que mal depende más España de EE.UU. que al revés, quiérase que no. Mas remito a los párrafos anteriores, antes de cubrir de insultos a Pedro Sánchez.
La guerra de hoy, porque es guerra y por más eufemismos que le endilguen unos y otros –y sin importar el conflicto de que se trate– es tan seria como siempre lo ha sido, pero ahora cuenta con un componente más miserable, si cabe: el anonimato de la acción concreta que no mide más allá del blanco asignado. Con una indiferencia en el proceder que deja como tontos a quienes después acudan a conmemorar los hechos llorando solo por sus caídos, omitiendo a los demás.
En este punto, me detengo y le pongo dos ejemplos: en las placas originales del destartalado y felizmente ajado monumento al Maine en La Habana (que jamás debió erigirse) se honraba a los yanquis caídos en el 98. Ni una palabra a los cubanos o a los españoles como caídos. Así de mezquinos quienes luego se conduelen de sus propias fechorías para sí mismos (como la del 98). Recientemente, a raiz del abatimiento al El Mencho, la vocera de la Casa Blanca decía que si un cartel de la droga tocaba a un solo yanqui en México, se las verían con EE.UU.. Ni una palabra a los caídos mexicanos, a las víctimas del narco en México. En reciprocidad ¿hay que condolerse de que el ICE mate estadounidenses? San Lucas da la respuesta: “que los muertos entierren a sus muertos”.
Lo dicho, la guerra ya no es lo que fue. Y qué lástima que la sigan convocando los que no marchan al frente. Quizá, de acudir, así se acabarían. Honor, jamás han tenido tales conflagraciones, que sí son ausencia del Derecho, carencia de humanidad, se las mire por dónde se las mire. Y da igual el escenario en que se produzcan.
Rinconete: la vulgaridad indudable de la Casa Blanca no tiene límites. Resulta asaz grosera, guarra, la declaración de Trump afirmando que se propone “tomar de forma amistosa a Cuba”. Sí, son calentones de boca, sí a la que los yanquis jamás le han quitado un ojo de encima y no se resignan a que los echaron de allí merecidamente con una patada en el culo por abusivos. Cabe responderles: ¿esta vez sin siquiera Joint Resolution (1898) o sin Enmienda Platt como mínimo? Qué vergonzoso su pillaje. Y sí que tienen mucha cara en Washington. Ojalá que fracasen en la intentona.
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