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DESDE ULTRAMAR

La abyecta e injerencista reunión de Miami

Marcos Marín Amezcua
jueves 12 de marzo de 2026, 20:30h
Resultó vergonzosa. Aquello ni es para dejarnos boquiabiertos ni para que durmamos tranquilos pensando que no supone abrirle las puertas a una política belicista desquiciada yanqui, ya que lo será por aceptar su propuesta mortífera de una suerte de supuesto escudo continental. Tenemos muy malas experiencias con esa clase de pestíferos escudos “continentales” cuya voz cantante no es continental, sino solo la yanqui. La Historia no se equivoca ni se habla por hablar.
Sí, no puede ser otra mi postura frente a lo visto. Certera la caricatura que muestra a Trump secándose el trasero con la toalla que dibuja las banderas de los 12 asistentes, reflejando la tapetera y lamebotas presencia de sus “afines” convocados. Tales para cuales. Unos impuestos, otros ayudados, otros viendo ganar su partido a cambio del plato de lentejas prometido por el yanqui, recordándonos que no hemos aprendido nada en dos siglos de lidiar con los yanquis. ¿Escudo de las Américas? anda ya. Cuando les conviene son Américas, cuando no, solo una, ellos. E ir tales “afines” a que Trump les diga en su jeta que no aprenderá su maldito idioma –desplegando su racismo y su ignorancia supina– diciéndoles que si quieren, en ese instante le puede disparar un misil al peor capo de cada país, resulta vomitivo. Lo de Miami superó al que besó la bandera de EE.UU. (el salvadoreño Duarte, 1987) y a la infausta Corina regalándole su nobel. Concurso de patéticos. O al presi paraguayo diciendo que ve bien que se reactive la Doctrina Monroe. El colmo. Y Rubio cual lacayo, pidiendo permiso para hablar español. Qué astroso y repugnante. Sigue en el “estás, pero no perteneces”.
Vamos sr. Trump, come on!, dicen en tu idioma. El que otros sí aprendimos para que no nos cuentes un cuento o nos traduzcan lo que les conviene. Antes de ofrecer misilazos a otros como lo hiciste –“vendo consejos que para mí no tengo”, decimos en español, esa lengua que en realidad, desprecias– deberías de lanzarlos en tus ciudades, a tus carteles –déjate del cuento chino de que la droga en tu país solo corre por dealers menudistas que son chinos, negros o mexicanos– y antes pon tus tropas en tus calles antes que en las de otros países, como pide el botarate de Ted Cruz. ¿Se enteraría que balearon la casa de Rhiana en Los Ángeles? ahí es a donde debes dirigir tus tropas, Ted Cruz, y no a México.
A juzgar por tu fracasada política antidrogas de una DEA fracasada –esa que ni conoce campañas serias contra las adicciones en tu país– transita tu proceder. Mas antes que con escudos militarizados, debes quitarle el comercio de armas millonario a la industria armamentista de tu país, perseguir a tus capos en tu casa, cerrar los bancos e instituciones financieras lavadinero del narco en tu casa. Aunque reventaras Wall Street. Ya es hora de hacer tu parte en tu casa, antes que ir fastidiando al vecindario. Ya viste que meter capos a tus cárceles, no funciona, no disminuye tus drogadictos. ¿Qué hace o cómo es tu sociedad, que los genera?
Y lo sabemos. Han abundado lecturas bastante peregrinas y equivocadas –muy ridículas– que, como usted bien sabe y lo he sugerido no hacerlo, se basan en leer lo internacional en clave nacional. Para el caso mexicano, los opositores a Sheinbaum señalan que ya ni la quieren ni México tiene liderazgo y por eso no fue requerido. Calma. Qué bueno que no aparece en la vergonzante foto de Miami. No lo requiere, es frontera, tiene acuerdos de cooperación, a México se le trata por separado como toca y se le requiere si se desea éxito en una empresa antidrogas. Punto. No mendiga fotos ni oír sandeces de Trump in situ. La mandataria mexicana ni llegó al cargo por Trump ni es su matraquera. Otros, sí y lo sabemos.
Dijo Trump que México es el epicentro de la violencia (generada en el vecindario y por los carteles) y caben dos respuestas prontas y sencillas: una: dicho desde el centro de la pedofilia, el lavado descarado de dinero y del incontrolado contrabando y venta legal e indiscriminada de armas. Vamos, que el yanqui no puede dejarnos boquiabiertos. Máxime que Trump asume que es problema de México en exclusiva, como si su país solo fuera víctima y no causa, como si fuera tema de los otros y se resolviera a misilazos y encarcelando capos; y no planteándolo como lo que es: “nuestro” problema, compartido, ya que EE.UU. es la causa múltiple, porque la ley de la oferta y la demanda sí existe y la colusión yanqui, igual. Come on!, que la corrupción también habla inglés. La otra es que esa violencia existe por las armas y el dinero yanqui, incontrolado por yanquis corruptos hasta las cejas. Que no finjan modestia ni se asuman santitos.
Porque son la mitad del problema. Retrotraigámonos 60 años antes: el embajador yanqui reprocha a Díaz Ordaz que México sea el trampolín de la droga. Aquel, reviró: “si somos el trampolín, ustedes son la piscina”. O sea, no se hagan. Otro embajador, Tony Garza, balbuceaba torpe: “México tiene un problema en su frontera”. ¿”Su”? “Nuestra” querrás decir, no te hagas tarugo, que la cosa es compartida. Lo pongo de forma sencilla: la misma frontera que frena migrantes jodidos, deja pasar la millonaria droga. Qué recanija casualidad. Están coludidos.
Por otra parte, la respuesta de Sheinbaum a las bobaliconadas trumpistas ha sido (mantener la) cabeza fría y después, advertir certera que mucho ayuda EE.UU. si controlara sus drogadictos y frenara el contrabando de armas a México. Clarito. Ya antes, apuntó: eso, si no quieren ver cárteles robustecidos, como parece que detestan verlos. Pero de eso a ponerse en plan cariacontecidos no deja admirado ni patitieso a nadie medianamente informado de las trapacerías yanquis.
Retomando lo de Miami. En la mentada reunión se anunció una suerte de alianza militar disque contra el narco. Es de viejo cuño, en realidad. Ya en los noventa se propuso para combatirlo cual pretexto, cuando EE.UU. abandonó el Comando Sur en Panamá llevándolo a su país, de donde nunca debió salir, y no sabía cómo gastar su armamento Posguerra Fría. Crear un ejército intercontinental que se metiera donde fuera y cuando fuera. La Argentina de Menem lo aplaudió y el resto desestimó esa locura, como correspondía. Ahora regresa y 12 encandilados la secundan. No hemos aprendido nada. Hemos arado en el mar, dijo Bolívar. Los yanquis cómo le hacen al cuento y persisten en matar moscas a cañonazos. Su éxito como propuesta nace muerto en sus resultados quiméricos pretendidos.
Y Cuba como postre, denigrada por Trump diciendo que la tomará de forma amistosa, que está acorralada o que forzará las cosas y otras majaderías. Insufrible. Merece que lo manden por un tubo, los isleños. Los yanquis no se resignan a que no tenga otro futuro que ser engullida por EE.UU.. Merece otro. No falta despistado de Miami que dibuje La Habana repleta de rascacielos (?) como si en ello fuera su único porvenir. No era la idea arruinarse con el socialismo, pero tampoco atiborrarla de acristalados para festín yanqui con bongoleras y bailarines nada más.
Termino. Llamar a España perdedora es una soez, una patanería brutal. O decir que no la necesita. Y una patraña pretender sancionarla por no secundar locuacidades. ¿Qué no tiene tiempo Trump para aprender español? Diría mi abuela: “y para ir por ahí de farra con el pederasta, sí tenías tiempo”. Suponer a su país monolingüe es absurdo, que su secretario de Guerra Hegseth diga que habla “americano” muestra su supina ignorancia. Y por partida doble. Qué bueno que mi idioma no está en bocas tan despreciables y que nunca conseguirán impedir que el español perviva robusto en tierras donde jamás fue extirpado y se habló antes que el inglés; tiene pleno derecho a estar y no podrán impedir ni su ascenso ni su crecimiento mundial. A Trump responderle, hispanohablantes: no esperas dar muelas de quien de mandíbulas, carece. Una examiga, decía: “hay maderas que nomás no fijan el barniz”. Pues eso.
Por cierto, cuando en días recientes Lula dijo al presidente sudafricano Cyril Ramaphosa “si no nos preparamos en el tema de defensa, cualquier día alguien nos invade” será por algo. Hombre precavido vale por dos, reza el adagio.
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