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Lamine Yamal, Vinicius y el racismo ultraderechista: ¿peligra el Mundial 2030 para España?

Lamine Yamal, Vinicius y el racismo ultraderechista: ¿peligra el Mundial 2030 para España?
(Foto: EFE)
miércoles 01 de abril de 2026, 20:15h
Actualizado el: 04/04/2026 10:12h
El delantero estrella de España se retiró del campo del Espanyol visiblemente afectado por los cánticos islamófobos emitidos por los ultras que acudieron al partido ante Egipto. Louzán tiene trabajo con la FIFA.

España está pugnando en estos meses por acoger la final del Mundial 2030, que organizará junto con Marruecos y Portugal. La batalla se espera cerrada, por la gran influencia (económica) de la federación marroquí en la voluntad del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien se mueve casi exclusivamente por el dinero que pueda obtener. Sólo así se concibe que el organismo que preside entregase la pasada cita mundialista a un país ajeno al fútbol como Catar y ya haya anunciado que en 2034 las selecciones nacionales viajarán a Arabia Saudí. En ese contexto, en el que se persiguen de manera enfermiza los ingresos récord, la verdadera prioridad del sucesor de Sepp Blatter, se encuentra navegando la Federación Española de Fútbol (RFEF). Y si ya de por sí no fuera difícil la empresa inmersa, la parte cretina de la sociedad española se está encargando de complicarle la labor.

Rafael Louzán, presidente de la RFEF desde diciembre de 2024, lleva años tratando de apaciguar las aguas y de maquillar la imagen del país de cara al exterior. No es fácil, ya que la misma sede federativa ha sido objeto de varias investigaciones de la Guardia Civil (Operación Soule de Villar y el Caso Negreira). Las amplias sospechas de corrupción se han cernido sobre la gestión del fútbol español, con la inhabilitación de Luis Rubiales incluida y las pesquisas que están intentando cerrar el cerco sobre la polémica elección del territorio saudí para la disputa de la Supercopa de España, con los investigadores rodeando al propio Rubiales y a Gerard Piqué. Y las cosas se pusieron serias de verdad con respecto a la organización del Mundial 2030 cuando el Gobierno de Pedro Sánchez amenazó con intervenir y tomar las riendas de la federación de fútbol. En plena maraña, la FIFA dejó claro que si eso ocurría se violaba su reglamento y las consecuencias serían graves para el balompié patrio.

Vinicius y Lamine, víctimas planetarias de la ultraderecha española

Pero el correr de los días le han traído a Louzan más quebraderos de cabeza e incendios que apagar. La insistente ola racista que ha perseguido a Vinicius por los estadios españoles se ha vivido con la dimensión acorde al tamaño mediático de la víctima. Es decir, ha recorrido el mundo y han sido múltiples los analistas internacionales del fútbol, ex jugadores famosos incluidos, los que han apuntado a España como un país racista. Cierto es que LaLiga se ha puesto manos a la obra para identificar y expulsar del fútbol a los indeseables que profieren esos ataques racistas, y que la reglamentación arbitral cuenta con un protocolo destinado a frenar el deporte cuando un jugador recibe semejante vulneración de sus derechos. Pero todo eso no basta para frenar un mal que lleva demasiado tiempo instalado en la sociedad española, enardecido en esta segunda década del presente siglo desde la política. Y lo que se ve en los estadios no es más que el reflejo crudo de lo que ocurre en las calles.

En esa deriva al parecer incorregible (y alentada por el tercer partido más votado del país) llegó la selección española a competir ante Egipto este martes en Cornellá, Barcelona. La sede del Espanyol. La cueva de uno de los grupos ultraderechistas que todavía no han sido fumigados de los estadios. No son los únicos, claro está, y saben que fuera del ámbito de LaLiga disfrutan de una permisividad que les lleva a demostrar en público su verdadero ser, esa calamidad que avergüenza a la mayoría de la sociedad y que mancha la imagen del país más allá de nuestras fronteras. Así pues, con el altavoz que ofrece este deporte ese grupo ultra decidió vociferar cánticos xenófobos e islamófobos en las gradas, mientras que jugaba un partido amistoso que acabaría en empate.

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Como es lógico, en cuanto que el presidente de la federación egipcia, presente en el palco, entendió lo que estaba ocurriendo se dirigió a un Louzán que no pudo más que encoger los hombros. Mas el dirigente de la RFEF no puede controlarlo todo y el mayor de los torpedos para la candidatura española a acoger la final del Mundial sucedió en el césped. Porque Lamine Yamal, la máxima estrella del Barcelona y España, es musulmán. Hace sólo unos días concluyó el Ramadán. Y, claro, se enteró al momento del "musulmán el que no bote" que bajaba de las tribunas. De un graderío en el que figuraban banderas del Espanyol y de la Cruz de Borgoña, que suelen acompañar en estos tiempos a la ultraderecha en sus protestas, mítines y manifestaciones (por supuesto Vox ha sido el único partido que no ha condenado dichos coros xenófobos). El genio nacido en Esplugas de Llobregat, hijo de una camarera ecuatoguineana y de un pintor marroquí, fue el único que abandonó el césped rápido, sin quedarse a agradecer el apoyo a la afición local.

El gesto de abatimiento de Lamine no pasó desapercibido. Como el astro de este deporte que es, a sus 18 años, se le vigilan hasta los pestañeos. Y este miércoles se ha pronunciado en sus redes sociales con contundencia, con la misma determinación que ha evidenciado Vinicius en estos años de persecución ultra. "Yo soy musulmán, alhamdulillah (gracias a Dios). Ayer en el estadio se escuchó el cántico de 'el que no bote es musulmán'. Sé que iba por el equipo rival y no era algo personal contra mí, pero como persona musulmana no deja de ser una falta de respeto y algo intolerable", ha proclamado el fino atacante. Y ha señalado una obviedad que no por serlo debe dejar de decirse, ya que cuesta que cale en algunos ámbitos sociales del país: "Usar una religión como burla en un campo os deja como personas ignorantes y racistas".

Y ha querido aclarar otra obviedad al resaltar que "no toda la afición es así", aunque Marruecos, según parece, ya ha ido volando a Infantino para denunciar lo sucedido (aunque también tenga lo suyo con el escándalo de la reciente Copa África). "El fútbol es para disfrutarlo y animar -sigue Yamal-, no para faltar al respeto a la gente por lo que es o en lo que cree". Por eso, ha dado las gracias "a la gente que vino a animar" y se ha despedido con un "nos vemos en el Mundial", al tiempo que 'Vini' le ha mostrado el mayor de sus apoyos, junto con Kylian Mbappé, Álvaro Morata, Nico Williams, Jules Koundé y decenas de los futbolistas más importantes del fútbol español e internacional. El bombero Louzán, mientras tanto, ha corrido a declarar que no peligra ninguna de las aspiraciones de la candidatura española para el torneo de 2030. "Cada cosa en su sitio. Esto es un incidente aislado que no debe volver a producirse y vamos a trabajar todos juntos para que así sea". Ha rematado. Por desgracia, no será la última vez que deba aplicar su diplomacia para tapar esta enfermedad en los próximos cuatro años.

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