En el artículo de fechan19/03/2026 propuse como definición de temporal, o el tiempo propio de los entes contingentes, la fórmula nace ↔ puede morir. Me pareció determinante que de esta manera se llegase a la noción de eterno mediante la validez lógica (A ↔ B) ↔ (-A ↔ -B). Eterno se define por no nace ↔ no puede morir.
Sin embargo, no me quedé completamente convencido. El lector me perdonará que aluda a mi propio itinerario intelectual. En este caso concreto quizá sea la mejor manera de exponer la cuestión. Me hacía dudar el hecho obvio de que, si compro un billete de lotería, me puede tocar y a la vez me puede no tocar. Incluso en algún sitio llegué a escribir puede-sí y puede-no van siempre juntos. Tanto es así que me planteé mejorar (?) la anterior definición de tiempo de los entes contingentes modificándola de esta manera: nace ↔ (puede-morir & puede-no-morir).
Sin embargo, al intentar volver a la noción de eterno desde esta nueva fórmula tropecé con el absurdo de que hay que relacionar no nace con necesariamente muere. ¿Pero qué sentido tiene decir que muere algo, que ni siquiera ha nacido?
Omito detallar este paso, que es fácil para los que saben lógica, pero demasiado largo de explicar para los que no la saben. En todo caso me dí cuenta de que la fórmula así modificada era inviable. Había que buscar otra manera de compatibilizar puede-no-morir con la definición de tiempo nace ↔ puede-morir.
Por otra parte, reflexionando más a fondo sobre el billete de lotería, me di cuenta de que la verdad de la expresión puede-sí-tocar & puede-no-tocar está en la misma situación que la verdad de 2+2 = 4. Se trata de verdades condicionadas. Hace falta que exista un mundo donde ambas fórmulas sean verdaderas en sentido material, o sea, que ocurra o suceda lo que dichas expresiones denotan. Por tanto, desde un punto de vista estrictamente formal, no cabe exigir que puede-sí y puede-no vayan siempre juntos. Si no existe un mundo en que se realicen ambos conceptos a la vez, entonces son formalmente independientes.
Todo lo anterior me condujo finalmente a la solución, que estimo satisfactoria. En ella se deja deja intacta la definición de tiempo dada al principio, evitando así los inconvenientes antes mencionados.
La fórmula definitiva es (nace ↔ puede-morir) & puede-no-morir. La expresión puede-no-morir se adjunta a la definición de tiempo de una manera externa, por así decir. Los paréntesis dejan claro que el conjuntor & domina al coimplicador ↔ . Y no al revés, como en el fallido intento antes aludido.
Pasemos ya al título de este escrito. ¿Qué consecuencias tiene la fórmula (nace ↔ puede-morir) & puede-no-morir en la tan debatida cuestión del aborto?
En la tradición cristiana siempre se ha sostenido que Dios infunde el alma espiritual en el cuerpo animal en momento mismo de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide. Más exacto que usar alma espiritual es escribir espíritu pensante y volente. Se forma el llamado cigoto. En él, junto a la célula con 23 cromosomas maternos y 23 paternos, aparece el espíritu pensante y volente. Se es persona humana desde el instante mismo de la fecundación.
De acuerdo con la Lógica, esta venerable idea queda confirmada y reforzada. En la fecundación el puede-no-morir se añade mediante el conjuntor lógico & a la definición de tiempo, la propia del cigoto visto como entidad meramente biológica. La fórmula en cuestión se aplica perfectamente a la nueva y superior realidad que es una persona humana, a la cual se ha abierto la posibilidad de vivir en el más allá. A partir de la fecundación puede-sí-morir y puede-no-morir van juntos de hecho. Lo mismo que antes del sorteo en el billete de lotería van juntos de hecho puede-tocar y puede-no-tocar.
Se afianza igualmente la convicción de que cada persona es única e irrepetible en la historia universal. No hay otro yo en el mundo, dice Don Quijote. Cada alma humana es creada por Dios como una obra de artesanía, por así decir. En cambio el desarrollo de cada cuerpo animal humano, desde la fecundación hasta la muerte, estaba ya previsto en el programa informático que acompañó al Big Bang.
Solemos pensar que la Creación ex nihilo se agotó en el Big Bang. No caemos en la cuenta de que, cada vez que se forma un cigoto humano, Dios crea también ex nihilo un nuevo espíritu pensante y volente. Eso es lo que denota la adición de puede no-morir a la definición de tiempo mediante el conjuntor &.
Más aún, no sólo lo denota, sino que lo formaliza. Una posibilidad, que estaba latente como mera consistencia lógica, pasa a ser una realidad actual en nuestro mundo. Se crea la posibilidad de acceder al más allá para un concreto cigoto humano o mejor dicho, una concreta persona.
Por eso mismo se formaliza a la vez el estar a prueba aquí abajo. La libertad en sentido positivo decide su destino en el más allá, optando por el bien o por el mal. Por bien se entiende aquí a los valores, que están frente a la libertad positiva. Mal es su violación u omisión. Nuestra presencia transitoria en este mundo no tiene más razón de ser que decidir libremente nuestro destino definitivo en el más allá según sea nuestra conducta frente a los valores.
En un aborto ciertamente se sabe quién es la mujer que aborta, y quienes son los de una manera y otra colaboran en su realización. Harían bien en pensar que Dios abre la puerta de la vida para un concreto ser humano, tanto en este mundo como en el más allá. Y a continuación ellos cierran precisamente esa misma puerta, hurtando a ese concreto ser humano tanto una vida como otra. Les recuerdo el refrán, el que la hace la paga.
En el ejemplo de la lotería la conexión lógica entre me-puede-tocar y me puede-no-tocar empieza cuando se ponen a la venta los billetes. Y termina en el momento del sorteo. En el caso del ser humano el sorteo consiste más bien en la conducta de la persona ante el bien y el mal a lo largo de su vida en este mundo. Posee el pensamiento y la libertad positiva. Si hace el bien, y pide perdón a Dios por el mal que haya hecho, se abre para ella el acceso a una vida inmortal en el cielo, gracias precisamente al puede-no-morir que se añade a la definición de temporal. Pero si actúa al revés, ese mismo puede-no-morir deja expedito el camino que conduce al infierno. Llamamos a esa dramática y transitoria situación estado de prueba.
Se podrá objetar que sólo estamos seguros de que el espíritu pensante y volente está presente en el niño cuando éste empieza hablar, varios meses después de su nacimiento. Pero esa objeción es irrelevante a los efectos de lo que aquí nos ocupan.
No afecta a lo esencial. Que el poder-no-morir se haya añadido a la definición de tiempo en el momento mismo de formación del cigoto es ciertamente algo que no sabemos; lo suponemos Pero que el instante n de nuestra vida sea condición necesaria o sine qua non de estar vivos en el instante n+1 es algo que no suponemos; lo sabemos. Los medievales usaban la expresión in nuce. El fruto de la manzana está in nuce en la flor del árbol. Matar la flor es matar el fruto.
No es posible formalizar toda la Axiología. Hay que exponerla en lenguaje ordinario, con las muchas limitaciones que ello comporta. Sólo muy pocas cuestiones axiológicas pueden ser formalizadas de modo adecuado. Sin embargo, entre ellas hay tres que son de capital importancia. Primero, la definición de valor como lo que debe ser, sea o no sea. Segundo, la Regla de Oro, trata a los demás como quieres que ellos te traten. Tercero, el estado de prueba del ser humano en este mundo y su destino en el más allá.
En conclusión, lo más importante es comprender que la infusión del alma por Dios en un cuerpo queda formalizada en lógica, al menos en lo esencial, cuando se pasa desde la fórmula sencilla nace ↔ puede-morir hasta la formulación completa y correcta (nace ↔ puede-morir) & puede-no-morir.
La lógica ratifica y refrenda así lo que ya se sabía antes. Si el aborto ha sido calificado de arbitrario asesinato a sangre fría de la más inocente e indefensa de las personas humanas, la lógica no hace otra cosa que corroborar ese aserto con la autoridad que proviene de ser el fundamento de todo raciocinio y todo lenguaje.