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DESDE ULTRAMAR

Fútbol: gritos homófobos y/o racistas

Marcos Marín Amezcua
jueves 09 de abril de 2026, 19:48h
Leo aquí en su diario digital favorito, El Imparcial, en que he cumplido 17 años colaborando, que a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) abre expediente la FIFA por el grito racista y xenófobo proferido en el partido España-Egipto del pasado 31 de marzo. Sí, hay quien se ofende por el señalamiento diciendo que los españoles no son racistas. Nadie está diciendo que lo sean como colectivo y de cotidiano. Centrémonos en el punto: el grito lo era y se verificó en un partido de fútbol proferido por asistentes españoles. Haya o no racistas, en un partido de fútbol se expresaron gritos racistas. Punto. Y al toro.

El tema es pertinente abordarlo, primero por sucedido, segundo por darle la necesaria visibilidad y tercero, porque excesos del público –imperdonables, sobrados, fuera de lugar– propios de gente guarra que no sabe comportarse ni medirse, los hay en ambas orillas del Atlántico. Porque sepa usted que al otro lado del Charco y desde donde le escribo cada semana, también se aprovecha el anonimato de la multitud y hace ya tiempo que ocurre un caso similar y amerita aludirlo por ser absolutamente condenable, también.
En efecto, en México entre aficionados por años se ha buscado normalizar gritarle “puto” (homosexual) al portero contrario y muy ufanos al ser señalados y los clubes multados, igual que a la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) responden los gritones dos cosas con mucha cara y que erizan los cabellos: a) que no es un grito homófobo y ellos tampoco; y b) que solo es parte del folklore. Alegan que carece de una carga homófoba (teniéndola) y permítame sumar lo que me dijo un exalumno discutiendo el punto, que fue ya algo desorbitado: “yo pagué una entrada e incluye mi derecho a gritarles lo que me venga en gana”.
Hasta ahí podíamos llegar.
El estudiante que lo era de Derecho, merece saber que la Corte mexicana ha señalado que el insulto no es parte de la libertad de expresión. Por principio de cuentas, el saber estar, ya se sabe, no ha de confundirse con guarrerías y racismos. Aunque sea un partido de fútbol. En serio ¿te crees con derecho a insultar a los futbolistas? derecho fundado ¿en?... Ya sabemos y convendrá usted, en que son un puñado de guarretes, pero los hay y es inadmisible, tanto como que los clubes y las autoridades no combatan con firmeza que se cuelen a los estadios, dado que no saben comportarse y confunden las cosas. Se puede ser todo lo apasionado que se quiera y hasta el delirio, pero absolutamente nada justifica llegar a esos excesos. Nada.
Dicen que la mitad de un problema se resuelve, admitiendo que se tiene. Y si se tiene y se tiene como es el caso, iríamos de gane admitiéndolo. Negar el racismo (no hubo racismo, replican los negacionistas) o la homofobia (no hay homofobia, alegan los negacionistas) no contribuye a atender el fenómeno y a extirpar de los partidos de fútbol (o de cualquier otro deporte) cánticos y frases guarras y agresivas.
Mire, tan lo son que cuando a alguno de los defensores del grito homófobo (que increíblemente los hay) le sugiero que si solo se trata de gritar –tal pareciera por sus esquivas justificaciones y les resulta imposible abstenerse– ergo, que griten otra cosa, ya que arguyen que gritar no está prohibido; y les digo que entonces podrían gritarle al portero: ¡calabaza! ¡melanina! ¡covachuela! o ¡escafandra! Total, que por gritar, no quede. Se niegan a usar otro vocablo. Simulan que da igual que fuera otro. Mienten. No les da igual, simulando que solo se trata de un inocente entretenimiento. ¡Aaahhh! pero no, si no gritan “puto”, no les sabe ni les satisface. Acabáramos. Es insulto y lo saben. De inocente, nada. Y no les sabe usar otra palabra, porque es un grito homófobo. Y necesitan proferirlo. Punto. Y lo saben perfectamente bien que sí lo es. Es inocultable la agresividad del acto.
Aunque en México la FMF se ha llevado al menos diez multas de FIFA en la última década, es verdad que persiste una amañada narrativa de culpar a FIFA en vez de admitir la culpa y las razones de la sanción. Y no se fomenta un verdadero sentimiento de enmienda y promoción del NO gritar expresiones homofóbicas. Se plantea más como un coartar la libertad de expresión, lo que sí resulta vergonzoso. Sí es verdad que a menor educación y más bajo nivel social se busca justificar más el mentado grito. Y a la FIFA no puede acusársele de acrimonia. Es congruente con sancionar. Nada más.
Sépase entonces que sí hay multas, que sí sucede y que simular que no hay racismo u homofobia, cae en el vacío porque sí los hay. Y en efecto, por fortuna la mayoría de la sociedad es sensata en este asunto y no secunda tales comportamientos, antes bien los reprueba y, al menos, no los justifica. Así es más fácil señalar a los proclives a enlodar un partido y que se mal sienten con el inexistente derecho de ejercitar acciones deleznables de esa degradada categoría y acorrientan, demeritan y rebajan la finalidad y la razón de ser del deporte. Y sí, hay personas que hacen todo por justificar esos gritos porque, ya lo dice una frase, hay maderas que nomás no agarran el barniz. Solo resta seguir reprobando su proceder. Combatirlas no pertenece a una estadía onírica o fantasiosa. Procede.
¿Se pueden extirpar esas prácticas inoculadas en la sociedad por ser cosa de descerebrados contumaces frente a la condena de sus actos, pese a ir defendiéndolos? Suena a entelequia, a quimera conseguir evitarlos, sin duda. Mas reconózcase que son actos disonantes frente al deportivismo. Son prácticas abstrusas e inextricables, quizá. Empero, no podemos conceder.
Mas no me haga caso. No soy aficionado. Después de todo, siempre digo: a ver quién se cansa primero: si la FIFA, los clubes permisivos, las federaciones o el respetable. Las multas existen y otras sanciones pueden empezar a caer por lo ocurrido en el España-Egipto. Merecerían pensárselo la próxima vez.
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