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INVESTIGACIÓN

Un macroestudio genético revela que la selección natural se ha acelerado

Stonehenge.
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Stonehenge. (Foto: Creative Commons)
miércoles 15 de abril de 2026, 17:42h

Un ambicioso estudio internacional ha reescrito lo que creíamos saber sobre la evolución humana reciente. Analizando el ADN antiguo de casi 16.000 personas que vivieron en Eurasia occidental durante más de 10.000 años, un equipo liderado por la Universidad de Harvard ha demostrado que la selección natural ha moldeado nuestro genoma mucho más intensamente de lo que se pensaba.

Los resultados, publicados en Nature, revelan que cientos de variantes genéticas han aumentado o disminuido en frecuencia desde el final de la última Edad de Hielo, impulsadas por cambios en el entorno y en el modo de vida humano.

Hasta ahora, los científicos solo habían identificado una veintena de casos claros de selección natural reciente —como la capacidad de digerir la lactosa en la edad adulta—. Esto llevó a pensar que este tipo de evolución había sido poco frecuente desde la aparición del Homo sapiens.

Sin embargo, el nuevo estudio cambia radicalmente ese panorama: los investigadores han identificado 479 variantes genéticas sometidas a selección. Es decir, la evolución no se detuvo, sino que ha seguido actuando de forma constante… e incluso acelerándose.

La agricultura cambió nuestras reglas evolutivas

Uno de los hallazgos más llamativos es que la selección natural se intensificó tras el paso de sociedades cazadoras-recolectoras a agrícolas.

Este cambio, ocurrido hace unos 10.000 años, transformó la dieta, la densidad de población y la exposición a enfermedades. Como consecuencia, ciertas características se volvieron más ventajosas que otras.

Entre los rasgos asociados a las variantes seleccionadas se encuentran:

  • El color de la piel o del cabello.
  • La resistencia a enfermedades infecciosas.
  • El riesgo de padecer dolencias como la diabetes tipo 2 o la esquizofrenia.
  • Factores relacionados con el metabolismo o la grasa corporal.

Incluso se detectaron cambios en variantes que hoy se asocian con aspectos como el comportamiento o ciertas capacidades cognitivas, aunque los investigadores advierten que estas interpretaciones deben tomarse con cautela.

El pasado no es igual que el presente

Uno de los mensajes clave del estudio es que no podemos interpretar directamente el pasado con categorías modernas.

Por ejemplo, una variante genética que hoy se relaciona con el nivel educativo o los ingresos económicos no significa que nuestros antepasados evolucionaran “para ser más ricos o más inteligentes”. Esas características simplemente no existían en ese contexto.

Además, una misma variante genética puede influir en múltiples rasgos. Un ejemplo conocido es el de genes que aumentan el riesgo de una enfermedad pero protegen frente a otra.

Ver la evolución “en tiempo real”

El avance ha sido posible gracias a dos grandes innovaciones: una enorme base de datos de ADN antiguo y nuevas herramientas informáticas capaces de distinguir la selección natural de otros procesos como las migraciones o el azar.

“Ahora podemos observar cómo la selección natural ha moldeado la biología humana casi en tiempo real”, explica Ali Akbari, primer autor del estudio.

Por su parte, el genetista David Reich destaca que el trabajo permite “poner fecha y lugar a las fuerzas evolutivas que nos han hecho como somos”.

Implicaciones para la medicina del futuro

Más allá de reconstruir nuestro pasado, el estudio podría tener aplicaciones prácticas. Comprender qué variantes han sido favorecidas por la evolución puede ayudar a:

  • Identificar factores genéticos relacionados con enfermedades.
  • Mejorar la predicción del riesgo de padecerlas.
  • Desarrollar nuevas terapias.

Incluso podría orientar el diseño de tratamientos genéticos: eliminar una variante que fue favorecida por la selección natural podría tener consecuencias inesperadas.

Un campo lleno de posibilidades

Los investigadores ya han identificado miles de regiones del genoma que podrían haber sido moldeadas por la selección y que aún deben estudiarse en detalle. Además, esperan aplicar estas técnicas a otras regiones del mundo para comprender mejor la evolución humana global.

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