El público llenó la Maestranza de Sevilla. No hay billetes. El mano a mano entre Manuel Escribano y Borja Jiménez, con toros de Victorino Martín, ha despertado una gran expectación. Manuel Escribano se encargó de todos los tercios de banderillas, mientras la cuadrilla de Borja Jiménez hizo un buen trabajo, destacando a Iván García quien se desmonteró. Los picadores hoy han protagonizado unos tercios de varas que daba gusto, destacando la labor de Espartaco y Vicente González. Los diestros se han esforzado al máximo. Sin embargo, algo ha ido mal. Se torció algo, este algo fundamental se ha roto en el albero de la Maestranza. Es como si el toreo hubiera dejado de ser un arte de mérito, y se degradó a un espectáculo de masas.
Manuel Escribano se encargó de los tercios de banderillas con mucha destreza; ejecutó con esmero dos portas gayolas, a pesar de las largas esperas que le hicieron sufrir los animales. Su primera faena, con Placentino (1º12/21) fue de mucho conocimiento: el toro desconfiado, amenazador, acechaba al diestro quien superó la prueba encontrando un lugar y el temple adecuado para dar bellas tandas al natural. El esfuerzo no tuvo eco en los tendidos. Dirimente (3º12/20), brindado a Borja Jiménez, fue muleteado por ambas manos, con unas tandas largas que iban acortándose y ganando en belleza. Una estocada hasta la bola. Sin petición. Mirandés (5º2/21) se negó a salir rotundamente. Y cuando pisó la plaza el público lo protestó como “un novillo”. No hay explicación razonable para esto. El animal fue alto, musculado, zancudo y bien armado. Además, tenía el comportamiento de una alimaña. Aparte de injustificada, la protesta del público simplemente fue impresentable en una plaza que vio y aplaudió a los toros menguados de Álvaro Núñez y unos “perritos falderos” de Domingo Hernández. La protestas no pararon, desanimando al torero quien siempre se jugó la vida en esta plaza.
Borja Jiménez tuvo unos toros de gran clase y embestida. Quizá, influido por el desanimo y la hostilidad abierta del público, su faena a Hebreo (6º2/22) quedó desajustada, falta de temple. Otro ánimo dominó el espada con Mirandito (2º12/20): un toro de gran embestida, sólo veía la pañosa e iba humillado persiguiendo las bambas de la muleta. Gracias a la ligazón, la belleza de los pases naturales llegó a su extremo al acabar la faena. La espada entera y bien ejecutada. El publico pidió las orejas, pero el presidente José Miguel Luque Teruel negó el trofeo, cometió una gran injusticia. Allá él con su conciencia y su falta de criterio. Bolsilillo (4º1/21) tenía un buen fondo, pero para llegar a él Borja tuvo que aplacar su temperamento y sortear el peligro.
Desagradable es tener que reconocer que el mérito de enfrentarse con toros de verdad, y no “comerciales”, ya no cotiza nada.