Las Ventas abrió la Puerta Grande para Antonio Ferrera. La corrida de Adolfo Martín estuvo bien presentada, pero la incomprensible protesta de unos pocos talibanes taurinos estuvo a punto de llevar a los corrales a unos magníficos ejemplares de 503 y 512 kilos. Cuando el único criterio es el peso: estamos perdidos.
Volador (1º1/2) abrió la plaza dejando ver que hoy hay toros. Antonio Ferrera tuvo que sortear el peligro y esquivar las tarascadas. Una ovación. La obra final llegó con Mentiroso (4ºn68 3/21): los naturales por ambas manos han levantado los ánimos y la gente empezó a soñar a lo grande. Una oreja. Con Monedero (6º5/21) la Puerta Grande se hizo realidad. El toro fuerte y nada fácil ha sido abordado con la mano zurda y al compás cerrado. Y esto después de haberlo picado el mismo diestro y haberle hecho un quite por chicuelinas. La suerte de matar recibiendo. Y otra oreja.
Manuel Escribano hizo dos portas gayolas y puso los seis pares de banderillas, más acertadas las de su segundo. Con la pañosa en la mano dejó menos huella: llevó a Mentiroso (2ºn50 1/22) a los chiqueros. Inexplicable. El toro arreaba unas embestidas fuertes hacia la querencia descomponiendo la obra. Malagueño (5°3/21), por su parte, se fue por su voluntad también a la querencia y la faena, repleta de muletazos de trazo basto, impacientó al público. El toro quedó con un pinchazo y fue descabellado.
Paco Ureña fue herido por Peluquero (3º3/21): un ejemplar buscaba al torero sin mirar la muleta. Herido, zarandeado, Ureña acabó la faena con una media estocada y un acertado descabello.