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TRIBUNA

Magnifica humanitas de León XIV

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
martes 23 de junio de 2026, 19:54h

Constituye un gran avance que al principio de la Encíclica de León XIV se haya intentado sistematizar el conjunto de los muchos documentos que componen la doctrina social de la Iglesia (DSI). Nunca antes se había hecho. Con este propósito se enuncian en la primera parte del documento cinco principios como fundamentos de la DSI: bien común, destino universal de los bienes, subsidiaridad, solidaridad y justicia social.

No entra este artículo en el contenido de la DSI. Sólo se intenta exponer ese mismo contenido con una terminología preferible a la empleada en la Encíclica. No es la materia, sino la forma lo que aquí se analiza. Repasemos esos cinco principios desde esta perspectiva.

1º.- Principio del bien común.

La tan usada expresión bien común es equívoca. El adjetivo común, aplicado a la palabra bien -tomada ésta en su máxima generalidad- da a entender que la persona es para la sociedad. O que la sociedad es más importante que la persona.

Pero es justo al revés. Sólo la persona tiene destino eterno. Los colectivos humanos se quedan en este mundo. Toda sociedad es un medio para que la persona alcance su fin, que es ser feliz con Dios en el cielo.

Estamos en este mundo de paso y a prueba. El supremo don de la libertad en sentido positivo consiste en la capacidad de crear ex nihilo, como decía Hartmann, el bien o el mal de nuestras acciones. Cada persona decide así su destino eterno. En todo caso la expresión bien personal seria preferible a la de bien común. (Cfr mis dos artículos “El bien común en la filosofía antigua y moderna”, El Imparcial 1 y 18 de agosto 2024).

Por otra parte, el termino valor es más adecuado a la realidad que la palabra bien. Un bien es una cosa, algo ya hecho y terminado, algo externo a la persona y que se posee o no se posee. Sólo en sentido derivado y traslaticio se aplica a la conducta humana, como en la frase la justicia es un bien. En todo caso el vocablo bien sugiere de suyo algo hecho o acabado, algo que ya es.

Por el contrario, un valor se define como lo que debe ser, sea o no sea. No se trata de algo ya hecho, sino de algo por hacer, una misión a cumplir, una tarea a realizar, una intimación o apelo siempre pendiente.

Justo ésto es lo que da sentido a la vida humana en este mundo: realizar los valores con nuestra conducta. Junto con la libertad positiva Dios nos da la conciencia moral, la intuición directa de lo valioso y lo antivalioso. Y por tanto la capacidad de ganar el cielo con nuestro propio esfuerzo y responsabilidad

La grandeza del hombre, aludida en el título mismo de la Encíclica, queda oscurecida en la palabra bien, y en cambio realzada en la misma definición de valor antes dada. En último análisis Deber-ser y Ser Necesario son lo mismo. Es una conquista de primera magnitud, que nos brinda la reciente formalización de la Lógica. Al final del itinerario axiológico los valores son vistos como las perfecciones

mismas de Dios. Se abre al hombre la posibilidad de hacerse divino, como decía Unamuno.

Hagamos un inciso para exponer in nuce la terminología axiológica, que me parece preferible a la empleada en la DSI, y en general en la llamada filosofía escolástica. Luego seguiremos con los cinco principios mencionados en la Encíclica.

A.- Hay cuatro estratos valiosos fundamentales: valores económicos, éticos, estéticos y religiosos. Se ordenan según dos dimensiones, llamadas altura y fuerza. B.- Los valores éticos y obligatorios se detallan en una Tabla con 18 conceptos, también ordenados según la altura-fuerza. Muchos de ellos coinciden con las llamadas tradicionalmente virtudes.

C.- Las nociones de altura y fuerza están ya en San Agustín. Dei dilectio prior est ordine praecipiendi; proximi autem dilectio prior est ordine faciendi (CCL36, 174). El amor a Dios es lo primero en el orden de los mandatos; el amor al prójimo es lo primero en el orden de su cumplimiento. Llamamos a esto Primera ley axiológica.

D.- La Segunda Ley axiologica afirma que, a medida que se sube en los cuatro estratos fundamentales, lo personal va prevaleciendo sobre lo social. La realización de los valores más bajos -económicos y éticos- beneficía más a la sociedad que a la persona. Eso correspondería al contenido que habitualmente se asigna a la expresión bien común. En los dos estrados más altos -valores estéticos y religiosos- ocurre al revés, lo personal prevalece sobre lo social. El horizonte axiológico es más amplio que el sugerido por la limitada expresión bien común.

Terminado el inciso, volvamos al siguiente principìo.

2º.- Destino universal de los bienes.

La palabra bienes se refiere aquí claramente a cosas, los recursos de la naturaleza y los productos del capital acumulado. Pero el problema de fondo está en las conductas humanas. En terminología axiológica decimos lo mismo, pero refiriéndolo al valor más bajo y fuerte de todos, el Respeto. Primero, Respeto a la naturaleza y luego Respeto a la persona, según el orden altura-fuerza. Neminem laedere decían los juristas romanos. Ante la amenaza del desastre ambiental ahora hemos añadido y antes no contaminar la naturaleza.

Con todo, los posibles equívocos en este tema del destino universal de los bienes nunca impiden saber exactamente cuáles son las conductas humanas de las que se está hablando. Escribir valor en vez de bien no es aquí algo necesario para ajustarse a la realidad, sino sólo recomendable

3º.- Principio de subsidiaridad.

El punto 68 de la Encíclíca dice “ ...aquello que pueden hacer las personas, las familias,las comunidades locales y los cuerpos intermedios no debe ser absorbido por instancias superiores”. De acuerdo. Pero esa subsidiaridad sólo funciona en los valores estéticos y religiosos. En Economía y en Etica es al revés. La preferencia está a favor de la entidad más grande . Es preferible que el Banco Europeo en Frackfurt emita euros a que el Banco español en Madrid emita pesetas. Salen ganado todos los europeos, incluidos los españoles. Y lo mismo en Etica. Mucho mejor seria un Código Penal unificado para los países de la Unión Europea que los diferentes códigos penales actuales. Y lo mismo si se unificaran los procedimientos judiciales.

La subsidiaridad es doble. En Economía y Etica la preferencia es para las

entidades más grandes. En Estética y Religión la preferencia es para las más pequeñas. En La DSI sólo se toma en consideración la mitad del concepto Subsidiaridad.

Yo mismo caí en este error cuando incluí la Subsidiaridad en la Tabla de Valores Eticos. Luego me dí cuenta de que hay que proponerla como Cuarta Ley axiologica, pues abarca los cuatro estratos fundamentales.

La Subsidiaridad es la última de las Leyes más generales que sistematizan los valores. La Tercera Ley dice que los valores más bajos se cumplen con la conducta externa, sin necesidad de adhesión interna, mientras que en los más altos la valiosidad está justo en la sinceridad de los sentimientos. Añádase esta observación al inciso anterior.

4º.- Principio de solidaridad.

La palabra solidaridad se presta a la exageración. En el punto 73 aparece la frase el destino de cada uno esta ligado al destino de todos. Si tomamos esta frase de modo literal, resultaría incompatible con la libertad del hombre en sentido positivo. El ser humano no seria dueño exclusivo de propio destino eterno.

Y si la entendemos como necesidad de cooperación para realizar los valores, eso está ya incluido en la Segunda Ley axiológica. O en terminología DSI viene a ser lo mismo que el adjetivo común en la expresión bien común.

Por otra parte, hay muchos matices en este concepto. En un cuartel la solidaridad es obediencia ciega, y la insolidaridad en el combate puede llegar a traición. La insolidaridad en una familia, es sólo egoísmo. En una empresa, solidaridad es colaboración para conseguir juntos lo que separados es imposible de lograr. Va en la materia de los diversos valores describir el grado de solidaridad que exigen. En la Tabla que propongo se aplica la palabra solidaridad a aquella parte de la Justicia que indica lo debido a la sociedad.

5º.- Principio de justicia social.

En ninguna encíclica pontificia anterior se empieza distinguiendo en este tema entre el mundo de la naturaleza causal y el mundo de los valores y la libertad. Tampoco en Magnifica humanitas aparece esta distinción.

A mi juicio, esta clarificación de entrada es obligada para comprender que la justicia social sólo puede alcanzarse, con el máximo aprovechamiento de los recursos, después de haber dejado a las leyes económicas producir injusticia natural, por decirlo así. (Cfr. El Imparcial “Gestión empresarial y humanismo cristiano” 25 mayo 2026). No partir de entrada desde esta distinción es en el fondo dar la razón a Marx, que creía en una trampa escondida en leyes de la oferta y la demanda. A mi juicio, falta en la DSI una explícita y decidida aceptación del liberalismo económico. Más bien se usa el término capitalismo como denominación peyorativa.

Sorprende igualmente que no se hable en la Encíclica de los modelos de Renta Básica, que al menos podrían eliminar la pobreza. Después de la injusta distribución natural, siempre es posible hacer la oportuna corrección mediante una justa redistribución axiológica.

En Magnifica humanitas se alude al peligro de utilizar la inteligencia artificial (IA) para manipular a los humanos. De acuerdo (Cfr “El dilema de la IA”, El Imparcial 28 diciembre 2023). Pero también la IA pone en nuestras manos hacer efectivo un modelo de Renta Básica a través de la Agencia Tributaria y con ámbito nacional, que he bautizado como MAT (Cfr El Imparcial “Modelos de Renta Básica” 10 julio 2019 y “Todo está ya pagado” 7 noviembre 2019).

Que no haya pobres es de hecho el máximo de justicia social alcanzable en este mundo.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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