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TRIBUNA

América hispana / Hispano américa

martes 25 de agosto de 2026, 19:14h

No es posible atribuir la dejación gubernamental a causas externas a la política: ni la melancolía del príncipe, ni el abatimiento derrotista del gobierno, ni la ambición cortesana de terceros... Si bien pudieran jugar un cierto papel todos estos factores, la razón última del abandono es indudablemente política. ¿Quién gana si Ceuta se pudre?

Pudiera parecer que a la imagen del presidente en el mercado electoral le conviene un rápida resolución del desorden social que ha resultado de la marcha sobre Ceuta. No es así necesariamente. Es posible reorientar las responsabilidades en la conciencia de los electores, promover una situación de crisis excepcional – como recomienda la llamada “oposición” – y prolongar el mandato el tiempo suficiente para modificar la actual intención de voto hasta alcanzar el peso mínimo necesario para extender un nuevo período la política de reconstitución de España que será – ése es mi temor – la realización de nuestro destino austro-húngaro.

Esto es, naturalmente, hacer cábalas y aunque no tenga valor de ciencia no deja de hacerse siempre en el juego de la política. Esa especie de inquisición prospectiva es parte inextricable de la acción política.

La reacción firme, que hiciera evidente la disposición española a disputar en el campo de batalla la soberanía en entredicho ha de contar con el juego de alianzas de la política internacional. La Europa insignificante es un aliado tan consistente como lo es Marruecos y no es posible que nadie se crea que éste es un aliado “fiable y leal”, pese a las declaraciones para la galería que hace nuestro gobierno. En el interior se hace cada vez más difícil aceptar que hablemos de nuestro gobierno por efecto de una extrema tensión interior bien alimentada por el mismo. La apuesta es peligrosa y el riesgo máximo, pero el presidente no pisa ya otro terreno.

Nadie necesitará que le recuerden que tras la situación se extiende la sombra profunda de las grandes potencias de nuestro tiempo. Los Estados Unidos de América, por una parte, que podrían culminar una larga trayectoria dando fin a la larga historia de España. Los Estados Unidos de dominio anglosajón saben que han de contar con la masiva población hispanohablante y asimilarla exige poner distancia entre Hispano América y su vieja fuente en Hispano Europa. América para los americanos bajo el signo anglosajón. La ocasión ha venido dada en la figura de los últimos presidentes socialistas o populares – más o menos resentidos – incapaces de hacer valer una alianza con el imperio americano. En su lugar sólo queda, por otra parte, ofrecerse al gran imperio del centro que pasó hace años a una fase centrífuga. Estados Unidos o China: Tertium non datur. Las campañas en los márgenes: Ucrania, Irán o España son fenómenos derivados del gran enfrentamiento mundial.

La neutralidad española en la primera gran guerra e incluso en la segunda pueden entenderse como resultado de una orientación política hispana, contraria in toto al orden propio de las sociedades modernas realmente existentes. España podía, pese a su extrema debilidad, hacer valer otra modernidad. Una estructura social mundial que no descansaba en los pilares de la democracia liberal y el comercio global con todas las consecuencias culturales y antropológicas que esto conlleva. El final del franquismo y la transición han integrado definitivamente a España al orden vigente, hemos crecido económicamente en los términos de nuestros vecinos y nos hemos homologado con alegría y convicción. Por fin hemos sido – se nos dice – europeos. Sólo nos queda afrontar las consecuencias.

Los que soñamos con la España que pudo ser y no ha sido, con un orden mundial basado en otros principios, los que anhelamos una magnífica humanidad sólo podemos esperar que la catástrofe deje espacio para una profunda reforma del mundo. La tragedia ceutí es un momento del sangriento maremagno que se avecina y ante el que hemos de mantenernos a la espera de la ocasión que acaso nos permita intervenir de un modo digno en la historia universal.

Permítanme una coda impopular: es que la ocasión hay verla. Ahí empiezan las graves dificultades, porque la ocasión es la puerta abierta al futuro y el futuro que ha de ser, sencillamente, no es: es el espacio abierto a la voluntad inteligente. Pudiera ser que la ocasión que no queremos ver estuviera representada por el actual gobierno de los Estados Unidos, acaso existe la posibilidad (Kairós) de una América Hispana. ¿Qué entendería el común de los mortales si hablamos hoy de una América Hispana? Es evidente que el actual referente de ese título “América Hispana” es justamente Estados Unidos. Por desgracia pudiera ser también que esta península de nuestras tribulaciones quedara fuera de esa actual Hispanidad. La ocasión es siempre problemática y a menudo impopular. El riesgo es grande, el viaje es largo. Encomendémonos y esperemos una bienaventurada navegación.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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