Con valentía y sin que le temblara el pulso, Margarita Robles ha puesto a los pies de los caballos a Grande Marlaska y a Pedro Sánchez por su apatía, su inacción y, de algún modo también, por su aparente complicidad con Rabat ante la invasión de Ceuta. En su comparecencia en la Comisión del Congreso, la ministra de Defensa ha confirmado que los servicios de inteligencia españoles alertaron el 29 de julio, a través de las redes sociales, que 80.000 marroquíes estaban preparando la invasión de la ciudad autónoma. El CNI alertó a la Delegación del Gobierno, a la Guardia Civil y la Policía Nacional del riesgo inminente de la entrada en tromba a nado de los inmigrantes. Pero el Ministerio del Interior desdeñó el aviso y sólo situó a 10 agentes en la frontera. Los hechos son gravísimos y han abierto una nueva crisis en el seno del Gobierno tras el desmentido de Marlaska y de Moncloa; esto es, del propio Sánchez, que, además, se encontraba de vacaciones.
Pero la ministra de Defensa no sólo ha puesto en evidencia a Sánchez y a Marlaska. En su comparecencia, también ha coincidido con el mensaje del Rey que tanto irritó al presidente del Gobierno al declarar que “la seguridad de las ciudades autónomas es responsabilidad del Estado, que responderá a cualquier vulneración con firmeza" y ha reconocido que “se ha llegado tarde a Ceuta; que algo se habrá hecho mal". Margarita Robles, además, ha trasladado sus "disculpas a los ciudadanos de Ceuta que se han sentido abandonados. He conocido de primera mano su situación de angustia e inseguridad". Y también como Felipe VI, la ministra ha declarado que "Ceuta y Melilla no es que sean españolas, es que son españolísimas; que nadie lo olvide ni lo ponga en duda. Cualquier agresión a Ceuta o Melilla lo es a España entera porque nuestra soberanía e integridad territorial son intocables".
La intervención de la ministra de Defensa ha puesto en evidencia la gravísima apatía de Pedro Sánchez que ni se movió de su hamaca de La Mareta cuando estaba en riesgo la integridad territorial de España y la propia soberanía de Ceuta. También Robles ha denunciado las mentiras de Marlaska y Albares sobre el papel del CNI, que, como era previsible, no sólo informó un día antes de la invasión. También puso en evidencia el papel protagonista de Rabat que organizó la marabunta de inmigrantes en su estrategia de imponer su soberanía sobre las ciudades autónomas españolas, lo que ahora acaba de corroborar el ministro marroquí de Asuntos Islámicos al exigir en su discurso ante Mohamed VI “la lucha sagrada para liberar las ciudades ocupadas”; sólo días después de que el ministro de Justicia reivindicara “los derechos históricos y geográficos de Marruecos sobre Ceuta y Melilla”. Y aunque Sánchez se desentienda, más grave aún es el papel de Trump y Netanyahu, que, gracias a su enemistad con el presidente español, han aprovechado la crisis para apoyar la reivindicación de Marruecos, su gran aliado en el Magreb.
España no debería ni siquiera consentir que Marruecos reclame la soberanía de Ceuta, Melilla y hasta de Canarias. Debería convocar de urgencia al embajador. Pues la pasividad del Gobierno, su falta de reacción es una invitación a Mohamed VI para que siga adelante con su sueño de construir el Gran Marruecos. A este paso, el reino alauí asumirá de facto la soberanía de Ceuta y Melilla ante la inacción del presidente. De momento, sólo Margarita Robles habla de la “españolidad” de Ceuta y Melilla. El resto de ministros se limita a enfatizar las “excelentes relaciones” con Marruecos, a pesar de haber impulsado y agitado la reciente invasión. Y Sánchez ni sabe ni contesta. Peor aún, después de disfrutar las vacaciones más largas de un presidente del Gobierno en plena crisis de Ceuta, ahora vuelve a abandonar España para pasar unos días de descanso con Begoña Gómez en Andorra. Justo después del descarnado enfrentamiento de sus ministros de Defensa e Interior. Después de que Margarita Robles denunciara con pelos y señales lo que siempre ha negado el líder socialista: que el Gobierno conocía que 80.000 inmigrantes iban a invadir Ceuta. Y no hizo nada por impedirlo.