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TRIBUNA

La Política como sección de la historia secreta

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 28 de agosto de 2026, 18:55h

La historia real del acontecer político es siempre una historia secreta casi imposible de desvelar, porque la historia de la actualidad, historia sensu stricto, la que de acuerdo a su etimología el historiador ha visto con sus propios ojos, sobrevive si se hace de acuerdo con el poder de turno, enfatizando sus éxitos y silenciando sus fracasos. Por eso ha sobrevivido la historia de Tito Livio sobre la época de Augusto – lo anterior son propiamente “Annales” -, y no la del republicano pompeyano Tito Labieno, ni la de Cremucio Cordo, procesado en el año 25 d. C. «por haber alabado a Bruto y haber llamado a Casio el último de los romanos», ni la de Pompeyo Trogo, ni la de Timagenes de Alejandría, que pasó con el infame mote de «felicitati urbis inimicus», etc. Así también, la historia de nuestra intangible Transición todavía es una historia secreta, y, en gran parte, lo será siempre al haber muerto ya algunos de sus protagonistas. Aún no está explicado por qué España perdió las provincias que componían el Sáhara español sin ninguna oposición militar y desactivando el plan de Franco para defenderlas, y por qué el actual morador del Palacio de La Moncloa ha reconocido paladinamente y contra el honor de España, como un segundo conde don Julián traidor, la soberanía marroquí sobre aquel Sahara españolísimo, traidoramente abandonado por la metrópoli. Desconocemos también por qué razón Juan Carlos I llamaba “hermano” a Hassán II, gran enemigo de España, “naturaliter”. Y, últimamente, preguntamos cómo explicar que el CNI no advirtiera de la invasión masiva de la morisma de la Ciudad de Ceuta o quién puede explicarnos que contra toda lógica militar los regulares de Ceuta no hayan sido reforzados con una división de soldados, manteniendo un puente logístico permanente entre Algeciras y Ceuta. ¿Existen todavía los tiradores del Rif, una unidad de élite constituida por dos compañías con 295 soldados cada una? El fantasma de Don Julián sigue vivo en su odio debelador contra España. El valor de Ceuta, la Heptadelphos de los griegos o la Septem fratres de los romanos, por sus siete cerrillos - del numeral septa viene Ceuta - es básicamente geoestratégico, esto es, un diamante bruto para nuestra estrategia militar y nuestra seguridad nacional. Efectivamente, toda la importancia de Ceuta radica en la parte militar dada la posición estratégica que ocupa en la entrada del Mediterráneo, y por ser la principal puerta de la influencia española en África. Nuestro faro de Mosqueros se distingue todavía a una distancia de 23 millas náuticas.

En su día Ceuta formó parte de los dominios de Cartago, y cuando esta República fue aniquilada por Roma, pasó Ceuta a ser la capital de la Mauritania Tingitana. Conquistada Ceuta por Justiniano fue reconquistada pronto por los godos durante el reinado de Sisebuto, lo que ya supone una españolidad de más de mil cuatrocientos años. Tras un largo período en manos de los moros, fue “reconquistada” para los cristianos por los infantes portugueses Duarte, Pedro y Enrique. Nombrado en 1581 rey de Portugal nuestro Felipe II, con el nombre de Felipe I, tío carnal del noble rey Sebastián, muerto en Alcazarquivir, todas las posesiones de aquel reino, entre las que se encontraba Ceuta, quedaron incorporadas a España. En 1640 se separó Portugal de España; pero los nobles de Ceuta proclamaron su españolidad a favor de Felipe IV, que hasta entonces había sido Felipe III de Portugal, y pidieron la destitución de su gobernador Francisco de Almeyda. Por el tratado que se firmó el 13 de febrero de 1663, fueron devueltas a Portugal las plazas y dominios que poseía en África a excepción de Ceuta, que se reservó a España, y cuya posesión fue confirmada en el artículo 2º del Tratado de Lisboa de 1668. Desde 1674 los moros han querido conquistarla hasta 1859, en que tras una larga serie de derrotas sangrientas desistieron hacerlo hasta ahora.

Hasta tal punto Ceuta es un punto magnífico para el dominio de la entrada en el Mediterráneo que el almirante británico Grey llegó a proponer a Miguel Primo de Rivera y al coronel Jenevois, autor del proyecto de un túnel bajo el Estrecho, canjear Gibraltar por Ceuta. Primo de Rivera estaba dispuesto a ello, pero la mayor parte de los generales y patriotas españoles de la época ( Iª Guerra Mundial ) consideraron que sería un deshonor para España enorme el permutar Gibraltar por Ceuta. Es verdad que Inglaterra no perdería su situación privilegiada en el Estrecho, y España recuperaría al fin esta parte integrante del territorio nacional. Pero no se puede cambiar un trozo de España por otro. España está igual de presente en todas sus partes.

Pero volvamos al principio: la Transición se hizo de espaldas a los españoles, con muchos gatos encerrados en los cajones de la mesa del poder. ¿Dice algo Juan Carlos I en sus Memorias sobre su participación en el abandono vergonzoso del Sahara español? Lo que dice básicamente Juan Carlos I en su perfectamente soslayable Reconciliación es que su viaje a Aaiún, sustituyendo al Jefe del Estado, evitó una guerra “colonial”, terminó con La Marcha Verde y, lo más curioso, fue el brillante inicio de una “amistad íntima” con el rey Hassán II. Pero no cuenta nada de las negociaciones secretas con los EEUU, y deja su inmenso fracaso en silencio: no hubo guerra colonial, efectivamente, porque no lo hubiera sido, sino una digna guerra en defensa de la RASD, naciente Estado, excolonia española poblada por saharauis con el DNI español, a la que el gobierno de Franco había prometido un referéndum de autodeterminación. Juan Carlos I, para nada «vindex custosque regni», salvo cuando estuvo con el general Sabino Fernández Campos, se limitó a abandonar el Sáhara Occidental, dejándolo írrito y en soledad completa, al pairo, ante las fauces hambrientas de Marruecos y Mauritania. Y nuestro Pedro Sánchez, el más genuino representante del actual régimen y que ha destruido la democracia parlamentaria, sigue el mismo oscuro guión, seguido al pie de la letra trazada con limón, por Juan Carlos I, que constituye y fundamenta la doctrina de la santa e inefable Transición. Dios nos coja confesados. Nuestra auténtica historia política sigue en secreto para el pueblo español.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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