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TOROS

Un inspirado Juan Ortega corta dos orejas y abre la puerta grande en Almería

Un inspirado Juan Ortega corta dos orejas y abre la puerta grande en Almería
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Efe
viernes 28 de agosto de 2026, 22:44h

La segunda corrida de la feria de la Virgen del Mar de Almería se ha saldado con la salida a hombros de Juan Ortega, que ha cortado las dos orejas del quinto de la tarde, seguramente el toro más potable del decepcionante envío de Matilla, remendado con un ejemplar inválido de Álvaro Núñez que tuvo que ser apuntillado en el ruedo.

El primero, marcado con el hierro de Olga Jiménez, iba a echar las manos por delante en el capote de Morante. Espeso y deslucido, alcanzó a José María Amores en el segundo par pero iba a ser sometido por el diestro de La Puebla en muletazos reunidos. El animal claudicó antes de tiempo a pesar de las ganas de su matador, que se fue por la espada cuando comprobó que el esfuerzo era baldío.

Al cuarto lo paró a rodilla flexionada y le acabó cuajando un puñado de buenos lances. El toro cobró fuerte en el caballo y no se prestó al quite esbozado por Morante que se echó la muleta a la derecha para iniciar una faena que iba a encontrar mejor rumbo por el otro lado. Al natural surgieron los mejores muletazos de una labor que iba a quedar amortiguada por el escaso contenido de un astado que topaba sin estilo.

El genio cigarrero mantuvo la compostura envolviendo la faena de su propio acento para contentar a un público predispuesto a agradar. El medio espadazo necesitó del refrendo del descabello. Saludó una ovación y se marchó de la plaza. Este sábado tenía que torear en Bilbao.

Juan Ortega recibió al segundo con lances sentado en el estribo con el toro yendo y viniendo, totalmente suelto. Los mejores, ya de pie, llegaron en la raya, meciéndose con la capa. El toro salió a su aire de un duro puyazo pero Ortega arregló el asunto con un airoso quite por delantales y, después de brindar al público, trazó una preciosista apertura de faena por bajo en la que relució un trincherazo de antología.

El diestro sevillano no iba a encontrar el mismo ritmo en el toreo fundamental, estrellado con una embestida trompicada y a la defensiva que frustró el esfuerzo.

Todo acabaría cambiando con el quinto. Ortega se sentó en el estribo para abrir la faena con muletazos cambiados por bajo antes de que la faena rompiera por el lado izquierdo en una maciza, templada y redonda tanda al natural.

Ortega perseveró por ese lado, redondeando su labor con sabrosos pases ayudados, rodilla en tierra, de sabor añejo. Un circular invertido sirvió de nexo para seguir en ese palo, amarrando una faena original e inspirada que remató de un espadazo corto y caído. La gente estaba ya entregada. Paseó las dos orejas.

Pablo Aguado recibió al tercero por el palo de Chicuelo antes de dibujar un mazo de excelentes verónicas en las que tuvo que soportar las paraditas de un astado -de Álvaro Núñez- que pegó varias coladas feas en la brega. No importó: el torero insistió en el quite, trazando nuevos lances de impresionante personalidad.

La faena comenzó de rodillas pero el toro también se puso de hinojos. Aguado perseveró toreando en redondo, hincado aún en el ruedo, dibujando hermosos esbozos de muletazos que no podían ir a más por la falta de fondo de un toro que se acabó derrumbando por completo por tres veces. Con la escandalera que se había montado sólo cabía apuntillarlo...

La cosa tampoco iba a fluir con un sexto que se movió con cierta guasa, desparramando la vista en el engaño sin que el diestro sevillano acertara nunca a confiarse plenamente. La agonía del toro y la comunión del público -que en Almería está siempre por agradar- prendieron la petición para que Aguado no se marchara de vacío. Paseó una cariñosa oreja.

Ficha del festejo

Se han lidiado cinco toros de la casa Matilla y uno, el que hizo tercero, de Álvaro Núñez. El primero resultó deslucido; a la defensiva el segundo; inválido total el tercero, que tuvo que ser apuntillado; el cuarto fue un mulo sin contenido; el quinto se dejó, sobre todo por el izquierdo; el sexto se movió con guasa.

Morante de la Puebla, de rioja y oro: silencio tras aviso y ovación.

Juan Ortega, de verde manzana y oro: silencio y dos orejas.

Pablo Aguado, de sangre de toro y azabache: palmas y oreja tras aviso.

En cuadrillas, Iván García saludó tras parear al tercero

Lleno aparente en tarde fresca.

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