Pedro Sánchez, después de 8 años en el poder, se siente inmune; por no decir, eterno. El autoproclamado rey de “la resistencia”. Se ha emborrachado de la prepotencia y la soberbia de sentirse poderoso, el que lo controla todo. Y ése ha sido su gran error. Porque esa impostada superioridad le ha llevado a pensar que podía llegar más allá, trasladar su liderazgo por todo el planeta y convertirse en el referente de la izquierda global. Sin serlo, se ha creído el líder de la progresía mundial capaz de enfrentarse a Trump, a la OTAN y a la UE.
Y se ha estrellado; se ha quedado solo, a la intemperie, apestado y despreciado por los dirigentes occidentales que no pueden fiarse de un cuentacuentos, de un presidente que incumple con sus compromisos, que engaña, que no es capaz de controlar ni las fronteras de España, que también son las de Europa. Que prefiere prolongar sus vacaciones mientras su vecino ataca la integridad territorial y hasta la soberanía de su país.
Tras la violenta invasión de Ceuta, Pedro Sánchez no ha podido contar con el respaldo, ni siquiera el apoyo moral, de la OTAN, la UE y desde luego de Estados Unidos e Israel, que ya se ha posicionado a favor de que Marruecos ocupe las ciudades autónomas. Las democracias occidentales han mostrado su desprecio y hartazgo hacia el presidente español por postularse por el mundo entero como el gran líder de la progresía dando lecciones a todos sobre la democracia y los derechos humanos que, luego, él pisotea. Es un apestado. Ya ni siquiera es invitado a las cumbres europeas. Se ha convertido en un lastre.
Grande-Marlaska, Albares, García y el tropel de ministros que se ha paseado por Ceuta para no hacer ni decir nada han sido señalados como responsables de la invasión de Ceuta, cuando se han limitado a cumplir con las órdenes del presidente. Han sido, en todo caso, meros cómplices, en especial por mentir y repetir como loros la consigna de agradecer la “amistad y cooperación” de Marruecos. Pero el único culpable de la tragedia que sufre Ceuta se llama Pedro Sánchez, por su inacción y torpeza. Pero, a buen seguro, en su tardía intervención en el Congreso este jueves todavía tendrá la desvergüenza de atacar al PP, a Vox, a las redes sociales; incluso a la llamada Internacional Reaccionaria de estar detrás de todo. Pues, según el relato que prepara en La Moncloa, lo único que busca la Oposición y “la fachosfera” es derribar a un Gobierno que ha logrado que España avance como nunca. Eso sí, obviará que ha avanzado tanto, que está a punto de despeñarse. Para empezar, en Ceuta.