Los encierros de Cuéllar son antiguos y, se dice, atraen multitudes. No así sus corridas de toros: la plaza quedó medio llena, aunque los toros eran de Saltillo y el trio de diestros de comprobada solvencia. Uno de los detalles inexplicables de la tarde fue el lugar donde se ejecutó el tercio de varas: los varilargueros se posicionaron dónde más rabia les dio y no en la contraquerencia. Entre las cuadrillas se destacaron Ángel Otero, Raúl Cervantes y Felipe Gravita. Los toros de Saltillo no dieron ninguna señal de fatiga o de languidez.
Cazarrato (1º) que salió para José Carlos Venegas y después de unas verónicas, desarmó e hizo trizas su capote. Francisco Javier Tornay vivió un momento de apuro al poner un par de garapullos en la misma cara del animal y cayéndose. Afortunadamente, con un oportuno quite se solucionó todo sin consecuencias. Él de Saltillo optó por buscar el refugio de la querencia y acechar con mala manera al diestro que le quería sacar de ahí. Con mucha paciencia Venegas realizó unas tandas de derechazos de buen trazó y se volcó sobre el morillo, aunque la colocación de la espada quedó caída, tirando a baja. Un trofeo. Por su labor con Rastrojero (4º) el diestro recibió una ovación. El comienzo de faena por abajo y sometiendo al animal fue esperanzador, pero cuando el toreo adquirió la verticalidad tomó la iniciativa y llevó al diestro a su querencia. La espada se ejecutó saliéndose de la suerte.
Gómez del Pilar apechugó a Artesano (2º) y Librado (5º). Dos toros de parecido comportamiento, exigieron al torero buscar las distancias y medir los tiempos con esmero. Llegó a cuajar un par de tandas de mérito con Artesano, mientras Librado iba gazapeando y escarbando desanimando al matador.
Juan de Castilla tuvo el mejor lote o, mejor dicho, supo aprovechar al máximo las cualidades de sus contrarios. Raúl Cervantes se destacó con la brega de Salador (3º). El animal se hizo rogar. Cambiando el percal por la pañosa las cosas iban cambiando a mejor: De Castilla se vio obligado a sacar la faena pase a pase y consiguió templar la embestida, permitiéndose unas licencias para afarolados. Tiburoneto (6º) resultó ser el toro más completo y de mejores cualidades. Fijado en los medios, no buscó la comodidad de las tablas, sino respondía a los toques del diestro y colaboró para hilvanar tanda tras tanda una destacada actuación. La estocada realizada recibiendo, puesta en todo lo alto, facilitó el camino para otorgarle las dos orejas.