La única batalla real e histórica que perdió el legendario guerrillero de la Sierra Maestra Fidel Castro Ruz fue contra el escribidor que enfrentó la pluma contra el fusil 30-06 y la pistola de 9 milímetros: Mario Vargas Llosa.
La historia de esta batalla se ha tergiversado por razones de interpretaciones sesgadas: que si el guerrillero representaba la Historia (con mayúscula), que si el escribidor en realidad encarnaba a la maldita derecha ideológica latinoamericana, que no se entendieron las funciones “del escritor latinoamericano y la revolución posible” (Mario Benedetti) o muchas otras argumentaciones parecidas.
Pero Vargas Llosa fue el responsable de haberle quitado la careta de líder social democrático a Castro durante el conflicto con el escritor cubano Heberto Padilla en marzo de 1971: Castro arrestó al poeta, ordenó torturas psicológicas durante mes y medio y lo obligó a redactar y leer confesión de pecados capitalistas que de inmediato tuvieron referencia con los famosos juicios estalinianos de Moscú contra escritores disidentes.
En ese incidente, Castro asumió ya el liderazgo autoritario de un dictador militar en Cuba y desde entonces y hasta su muerte Vargas Llosa fue el recordatorio del incidente conocido de manera popular común “el Caso Padilla” que hasta la fecha ha tenido miles de enfocas e interpretaciones, pero que en todas quizá de manera intencionada o por el temor a enfrentarse al líder guerrillero se excluyó el verdadero objetivo del escribidor peruano para enfrentarse al líder guerrillero que había forjado su poder a sangre y fuego.
La historia es bastante larga y merece desde luego un tratamiento en modo del libro y de investigaciones minuciosas. Aquí sólo haremos referencia al listado de hechos que tienen apoyo documental del “Caso Fidel Castro-Vargas Llosa”, con testimonios basados en el tomo I de su trilogía Piedra de Toque, recopilación de todos sus textos periodísticos bajo la edición de Obras Completas IX de Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores:
1.- El primer texto de Vargas Llosa sobre la Revolución Cubana, exageradamente elogioso pero racionalmente escrito, se publicó en Le Monde el 23 de noviembre de 1962: “En Cuba, país sitiado”.
2.- En diciembre del 62 publicó en la revista Marcha, de Uruguay, “Crónica de la Revolución.
3.- De 1962 en adelante, Vargas Llosa entró en un debate primero interno para decantarse entre Jean-Paul Sartre y Albert Camus (contexto del caso Castro-Vargas Llosa), es decir entre la revolución y la moral, entre el compromiso y el pensamiento mediterráneo. En sus últimos textos en el periódico El País, Vargas Llosa anunció que estaba regresando a Sartre y lo estaba comprendiendo mejor, pero ya no pudo publicar sus conclusiones, si acaso había llegado al final del camino ideológico.
- En la revista Casa de las Américas del 4 de marzo de 1966 (Volumen VI, número 35), Vargas Llosa le entró ya de frente y en el contexto de la Revolución Cubana a la función de los escritores frente a la realidad: “El papel del intelectual en los movimientos de liberación nacional”.
5.- En enero de 1967 publicó en Le Monde una “Crónica de Cuba” y el 12 de agosto difundió en el periódico El Nacional de Caracas el texto de su conferencia “La literatura es fuego” que leyó al recibir premio Rómulo Gallegos.
6..- 1967 fue el año, por así decirlo, del desengaño de Vargas Llosa respecto de la Cuba de Fidel Castro Ruz. Destacó que en ese entonces Cuba estaba lejos del debate de la represión a los intelectuales.
7.- Como complemento a sus textos sobre Cuba, en febrero de 1967 publicó también en Le Monde la crónica de una interesante reunión que ocurrió entre varios intelectuales --entre ellos Vargas Llosa y el chileno Jorge Edwards, los dos piezas clave en el choque de los intelectuales con Fidel en el “Caso Padilla” de 1971-- y terminó su texto con algo que debió haber sido leído entonces como una advertencia: la confrontación entre libertad y militancia: “en América Latina no está desdichadamente la elección entre la justicia con libertad y la justicia sin libertad, sino entre regímenes que suprimen la libertad para perpetuar la injusticia o regímenes que respetando una muy relativa libertad política demuestran una trágica impotencia para remediar los problemas más importantes de la justicia social y tratan de llenar con cuentagotas el abismo creciente entre la fortuna de unos cuantos y la miseria de los más, y un régimen como el cubano que recorta la libertad política pero impone la justicia. Si la alternativa se plantea así, ¿cómo dudar en la elección?” La respuesta y elección personal le llegó al escribidor con el “Caso Padilla”.
6.- La primera disputa ideológica de Vargas Llosa con el comunismo, casi siguiendo el camino de André Guide, la publicó en agosto de 1968 en la revista peruana Caretas bajo el título de “Moscú: notas a vuelo de pájaro”. Ahí ya comenzaba a marcar su distancia ideológica con la Unión Soviética y el comunismo dictatorial.
7.- Y estando en Moscú le tocó la invasión de tanques soviéticos a Checoslovaquia para interrumpir el proceso de socialismo democrático que estaba implementando el dirigente local Alexandr Dubcek. De manera obvia, el texto de Vargas Llosa tuvo que darle una repasada institucional al apoyo público de Fidel Castro Ruz a la decisión soviética.
8.- A nivel de su creación intelectual, Vargas Llosa se encontró las primeras piedras en el camino de las exigencias de Cuba de una militancia no solo política o moral, sino como autor. A finales de 1989, el ensayista colombiano Óscar Collazos publicó en la revista Marcha un ensayo sobre “Encrucijadas del lenguaje” y la tesis central del autor era que los escritores deberían olvidar a las musas y tomar como punto de referencia al pueblo, a la revolución y lo escribió muy clarito a los discursos de Fidel Castro Ruz y de Ernesto Che Guevara. Ahí ocurre la primera ruptura cultural de Vargas Llosa con la Revolución Cubana y la relación entre los creadores y la realidad revolucionaria ya no fue cosa de coser y cantar.
Y entonces --con música de nueva trova de Silvio Rodríguez-- llegaron Fidel y el “Caso Padilla”.
(Próxima semana parte 2.)