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Ensayo

Thomas Mann: En defensa de la democracia

lunes 21 de septiembre de 2026, 01:25h
Thomas Mann: En defensa de la democracia

Edición de Matthias Löwe y Kai Sina. Traducción de Carlos Fortea. Edhasa. Barcelona, 2026. 192 páginas. 25,50 €. Libro electrónico: 13,29 €. En estupenda edición se reúnen, textos imprescindibles en algún caso inéditos en español del Premio Nobel de Literatura, donde manifiesta su total compromiso con el mejor régimen

Por Adrián Sanmartín

El pasado año conmemoramos el 150 aniversario del nacimiento de Thomas Mann (1875-1955) en la ciudad alemana de Lübeck, en el seno de una familia de la burguesía. Sus restos reposan en el cementerio de Kilchberg, localidad cercana a Zúrich, donde pasó sus últimos años después de regresar de su exilio en los Estados Unidos. La efeméride propició el recuerdo de un autor imprescindible de la literatura no solo europea sino mundial, y puso de manifiesto no únicamente su genialidad como narrador, con títulos como, entre otros, Los Buddenbrook, saga basada en su propia familia, La montaña mágica, La muerte en Venecia, Mario y el mago, y Doktor Faustus, sino su penetración analítica como ensayista.

Recientemente, nos llegó ¡Oid, alemanes!, recopilación de los discursos -tan breves como intensos- que el Premio Nobel de Literatura emitió desde su exilio en Estados Unidos través de la BBC entre 1940 y 1945. Estas disertaciones revelan sin ambages el rechazo de Thomas Mann al fascismo y al régimen hitleriano -contra el que no ahorra duros calificativos: “excremento del diablo”-, y su firme compromiso con la democracia.

Ahora, podemos disfrutar precisamente de En defensa de la democracia, un volumen que de nuevo nos sitúa ante un Thomas Mann absolutamente convencido de que este régimen es el único que puede llevar a los pueblos prosperidad y progreso. Pero va más allá, pues no estamos ante un mero sistema político. Es una insustituible manifestación del humanismo y de la dignidad humana, y hasta una forma de vida que garantiza la tolerancia y la pluralidad.

El volumen reúne, en magnífica traducción de Carlos Fortea y con útiles notas aclaratorias, una amplia selección -en algún caso con textos inéditos hasta ahora en nuestro idioma- de sus ensayos y discursos referidos al asunto. Tras un trabajo introductorio en el que aborda la cuestión de la relación entre democracia y arte, el libro abarca desde la década de los veinte hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, explorando la República de Weimar, la subida de Hitler al poder, el devastador conflicto bélico y la postguerra. Y muy original es su reflexión sobre el cine, que nos confiesa, siente un tanto alejado de su carácter e intereses, pero en el que descubre y al que otorga un inmenso poder democrático.

Son textos escritos con más calma que las alocuciones radiofónicas, se pronunciaron en diversas ciudades europeas y de Norteamérica y mayoritaroamente en lugares institucionales como universidades, bibliotecas…

Tanto en estos textos como en las alocuciones radiofónicas recogidas en ¡Oíd, alemanes! se nos muestra un intelectual muy alejado de su postura inicial reflejada en Consideraciones de un apolítico donde rechaza los valores de las democracias occidentales y establece una dicotomía entre “Cultura” y ‘Civilización”. La primera está en consonancia con el espíritu alemán y es, y debe ser, por naturaleza apolítica, mientras que la segunda la liga fundamentalmente al espíritu francés y a la obsesión por la política. Consideraciones de un apolítico encierra un enfrentamiento con su hermano Heinrich, también escritor, a quien acusa de politizar la literatura.

Thomas Mann, en unos momentos decisivos y trágicos, supo darse cuenta de que el totalitarismo no pretendía ser el adalid de la cultura alemana, que él sigue valorando y apreciando en En defensa de la democracia. Los textos recogidos en el volumen almacenan lúcidas reflexiones. Por ejemplo, señaló en el discurso “El problema de la libertad”, pronunciado en la Asamblea del XVII Congreso Internacional del Pen Club en Estocolmo, en septiembre de 1939: “La democracia, señoras y señores, fue una vez ella misma revolucionaria; hoy es el gran poder conservador sobre la tierra, conservador en el sentido más profundo de la palabra, en el sentido de la defensa y mantenimiento de las leyes morales fundamentales de Occidente, desvergonzadamente amenazadas”,

La democracia es un bien frágil y Thomas Mann apela a todos para mantenerla, pues “está en las manos de cada individuo. La democracia nos necesita a a todos, o fracasará”. No lo olvidemos.

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