El Centro Riojano de Madrid ha puesto en marcha una iniciativa para solicitar al Ayuntamiento de la capital la dedicación de una vía pública o plaza a José Blanco Ruiz, «Pepe Blanco», uno de los grandes referentes de la canción española del siglo XX. El Instituto de Estudios Riojanos (IER) ha decidido respaldarla, según ha comunicado hoy mismo, mediante acuerdo de adhesión adoptado por unanimidad en sesión extraordinaria de su Consejo Académico. El IER enmarca este respaldo en la celebración este año de su 80.º aniversario.
Quién fue Pepe Blanco
José Blanco Ruiz nació en Logroño el 19 de marzo de 1911, en la céntrica calle Rúa Vieja, y falleció en Madrid el 17 de diciembre de 1981. Antes de dedicarse al mundo artístico trabajó como carretero, chófer y taxista, oficio que ejerció en la localidad riojana de Cenicero. En los años posteriores a la Guerra Civil se dio a conocer imitando al cantaor Pepe Marchena en el Café Ibiza de Logroño, lo que le valió el sobrenombre de «Marchenita». Grabó su primer disco en 1944 y, dos años después, formó junto a la cantante Carmen Morell una de las parejas artísticas más populares de la canción española, con la que recorrió España y América durante casi tres lustros, hasta su separación en 1961. A lo largo de su carrera grabó más de 150 canciones en solitario —entre ellas «En La Rioja nací», himno con el que reivindicaba su tierra natal— y participó en varias películas junto a intérpretes como Estrellita Castro, Lolita Sevilla o Antonio Molina. En 1980, en vida, Logroño le dedicó una calle en reconocimiento a su trayectoria.
Su vínculo con Madrid
La relación de Pepe Blanco con Madrid fue profunda y se prolongó durante toda su vida artística, hasta el punto de convertirse en una de las señas de identidad de su repertorio y de su biografía personal. Antes de alcanzar la fama, el propio cantante había trabajado como chófer en la capital, una etapa temprana que lo familiarizó con una ciudad a la que volvería después convertido en artista consagrado. Fue precisamente en Madrid, en el mítico Teatro Price, donde debutó con éxito a los treinta y un años, el trampolín que le abrió las puertas del éxito nacional y que marcó el inicio de su despegue como una de las voces más populares de la copla. Madrid se convirtió también en tema recurrente de su cancionero: piezas como «Cocidito Madrileño» y «Madrid tiene seis letras» retrataban con simpatía y castizo desparpajo el alma popular de la capital, contribuyendo a fijar una imagen entrañable y folclórica de la ciudad que caló hondamente en el imaginario colectivo de la época y que trascendió generaciones, siendo recuperada décadas más tarde por nuevos artistas interesados en revisitar la tradición de la copla.
Tras la separación artística de su pareja Carmen Morell en 1961, Pepe Blanco decidió trasladar su residencia definitivamente a Madrid en 1962, adonde se mudó junto a su esposa, Rosa María Sistiaga, y sus dos hijos, estableciendo en la capital el centro de su vida familiar durante sus últimos veinte años. Fue en Madrid donde continuó su actividad artística en la etapa final de su carrera y donde, finalmente, falleció el 17 de diciembre de 1981 a causa de un fallo cardiaco. Su cuerpo fue trasladado a Logroño, donde recibió sepultura en el panteón familiar en medio de una multitudinaria manifestación de cariño popular.
A lo largo de las décadas, Pepe Blanco ha mantenido un estrecho vínculo simbólico con la colonia riojana en la capital a través del Centro Riojano de Madrid, entidad que ahora lidera la iniciativa para que el Ayuntamiento madrileño reconozca de forma permanente, con la dedicación de una calle o plaza, la huella que este artista riojano dejó en la ciudad que lo acogió, lo proyectó a la fama y donde pasó sus últimos años de vida.