Hace ocho años, Pedro Sánchez se hizo cargo de la mejor red ferroviaria de Europa y también de un admirable...
Hace ocho años, Pedro Sánchez se hizo cargo de la mejor red ferroviaria de Europa y también de un admirable conjunto de autopistas, autovías y carreteras. España, uno de los centros mundiales del turismo, podía ofrecer espléndidos servicios a los casi cien millones de personas que cada año nos visitan.
Pero no se trata solo de construir las mejores líneas ferroviarias y las más seguras autopistas. Después hay que mantenerlas. Y eso exige atención política y presupuestaria. La verborrea está fuera de lugar cuando se trata de conservar un patrimonio considerado excepcional. No se pueden regatear los gastos de mantenimiento y mucho menos encargarlo a empresas de amiguetes sin la garantía exigible de calidad y atención.
Pedro Sánchez y su Gobierno no tuvieron en cuenta al recibir tan singular legado y compuesto por redes ferroviarias, trenes, autopistas y carreteras de que era necesario ocuparse seriamente de su mantenimiento. Lo que ha ocurrido con la red ferroviaria puede extenderse a las carreteras, plagadas ya de baches, socavones y desperfectos que a todos avergüenzan.
Pedro Sánchez, en lugar de destituir de forma fulminante a los políticos responsables del deterioro de vías ferroviarias y carreteras, los ha mantenido en sus puestos derivando la responsabilidad con argumentos infantiles hacia otros sectores. Y ahí está el resultado. Muertos, heridos, accidentes incontables han sido la realidad de ocho años de ligereza e incapacidad cuando no de mordidas y comisiones.
Larga tarea espera al Gobierno que suceda a Pedro Sánchez. Deberá enfrentarse con casi una década en la que el mantenimiento serio ha brillado por su ausencia.