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TRIBUNA

Ceuta y el Sáhara español (I)

Jesús Carasa Moreno
viernes 30 de octubre de 2026, 18:15h

Fui a El Aaiún en Junio de 1968. Mi viaje tenía por objeto estudiar el montaje  de una excavadora gigante para extraer, de un yacimiento, al aire libre, fosfato para  fertilizantes. El volumen estimado, de fosfato, era de 1700 millones de toneladas. Un  yacimiento casi inagotable.  

Fui, primero, a EE.UU., Nueva York, Chicago, Milwaukee (26º bajo cero).  Desde Milwaukee, una hora de vuelo , al estado de Illinois, en el avión de la  compañía, para ver una de las excavadoras, que extraían carbón, en una mina a cielo  abierto.  

La visión fue impresionante. Se veía, de lejos, una cordillera de montañas de  carbón, ya extraído y almacenado y unos cuantos mástiles de las excavadoras en  acción. Me acordé de la forma, tan dolorosa, en la que extraíamos “puñaditos” de  carbón, en las minas españolas, en las que quedaban, periódicamente, muchas vidas.  Este espectáculo me ha servido para poner, para siempre, en su dimensión correcta, lo  que es esa nación, EE.UU.  

Estuvimos un buen rato observando las excavadoras en funcionamiento y  después me informaron de la forma en que se llevaba a cabo su montaje en el terreno.  Y vuelta a Milwaukee.  

Curiosidades de mi viaje:  

 Yo fumaba entonces la marca Goya. En Milwaukee, al lado del hotel, en la  primera tienda donde vendían cigarrillos, estaban, en el escaparate, mis cigarrillos  Goya.  

 Aquel día vi, por primera vez, un lavadero de coches automático.  Recibimos la noticia de que el aeropuerto de Nueva York, por donde teníamos  que regresar a España, estaba cerrado por una gran nevada. Había que esperar a que  se abriese. La oportunidad de conocer Nueva York me llevó a elegir otra alternativa.  Ir, solo, en tren (¡¡veinticuatro horas!!) y esperar, allí, a que se abriera el aeropuerto.  Y lo hice.  

Al día siguiente, salí a conocer la ciudad. Había que caminar con extremo  cuidado pues, del tejado de los rascacielos, caían verdaderas bombas de hielo. Aparte  de recorrer las calles legendarias hice mi primera visita al MOMA y vi, por primera  vez, El Guernica, que me defraudó totalmente. 

Tuve ocasión de comprobar para qué servían mis tres años de estudio de inglés  del bachiller.  

 Estuve dos noches y dos días. Fue una experiencia inigualable, para aquellos  tiempos.  

De vuelta en Madrid, preparamos el viaje a El Aaiún. No era un viaje para ir  solo y un compañero, que tenía un amigo en El Aaiún, vino conmigo. Efectivamente,  el amigo fue de grandísima ayuda.  

Nos buscó alojamiento en una Residencia para funcionarios, donde él se  alojaba y nos llevó en su Jeep en nuestros desplazamientos, además de cedernos a su  criado. Los funcionarios de alta graduación tenían a un moro para su atención. Le  esperaba, por la mañana, a la puerta de la residencia donde le daba las órdenes  pertinentes. Y así todo el día hasta que le permitía marcharse a su casa 

Fuimos a visitar el sitio donde se había de montar la excavadora, que estaba en  Bu Craa, a 100 kilómetros de El Aaiún, en el interior del desierto. El Frente Polisario,  había empezado a actuar contra la ocupación española y de vez en cuando cometía  algún acto terrorista contra instalaciones y personas. Había cierto riesgo.  

En Bu Craa había un campamento donde técnicos españoles hacían  exploraciones y ensayos químicos estudiando el yacimiento de fosfatos, que se  trataba de explotar y que era de una inmensa riqueza. Ocupaba una superficie similar  a la de Andalucía y el fosfato estaba a un metro de la superficie. Inagotable.  

Curiosidades del viaje:  

 Vimos, allí, un árbol, completamente solitario, al que llamaban “El árbol de  Bu Craa”  

El jersey no sobraba por la mañana y por la noche.  

Había un río de gran caudal, que aparecía y desaparecía, según las estaciones.  El desierto no estaba formado por las clásicas dunas de arena sino por tierra  poblada de arbustos resecos. Solo vimos una zona de dunas, en las proximidades del  puerto.  

Llovió un poco, el día del viaje a Bu Craa.  

Veíamos espejismos por todas partes.  

Tomamos el primer baño del año, en la piscina que tenían en el campamento.  Extraían, del subsuelo, el agua, que existía en abundancia.  

Vimos, en el campamento-laboratorio, por primera vez, un guepardo.  El Aaium y Bu-craa estaban conectados por una carretera, en bastante buen  estado. Al ir, nos hizo autostop un moro, sentado al borde de la carretera, que volvió a  hacérnoslo a la vuelta.  

El resultado profesional, de mi trabajo, fue bastante negativo, No conseguimos  el montaje de de la excavadora ni el de la cinta transportadora de 100 Kms, la mas  larga del mundo, que conectaba Bu craa con el puerto; pero si las cintas que  distribuían y embarcaban el mineral, en el puerto, cerca del cual, estaba la zona de  dunas donde, curiosamente, había bastantes accidentes de tráfico. Quizá el alcohol….  

Tomamos el vuelo que nos llevaba a Las Palmas. Había un pequeño aeropuerto  a cuya torre de control accedimos con nuestro amigo. Allí nos enteramos de que  habían asesinado a Robert Kennedy (6-Junio-1968).

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