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EDITORIAL

Pedro Sánchez y Óscar Puente sitúan a España entre los países del Tercer Mundo

EL IMPARCIAL
jueves 29 de octubre de 2026, 07:59h

No es casualidad que los dos accidentes ferroviarios más mortales de los últimos tiempos en España se hayan producido con Pedro Sánchez en La Moncloa y Óscar Puente al frente del Ministerio de Transportes. El presidente del Gobierno no ha nombrado ministros a los políticos más preparados y expertos ni a los más responsables e inteligentes. Sino a los más dóciles y sectarios. Con excepciones, los miembros del Gobierno sólo se han ocupado de trabajar por la causa, por amarrar el poder y por destruir a sus adversarios. Por la propaganda.

Óscar Puente es el mejor ejemplo. Un “hooligan” que no sabe controlarse, un fanático que nunca hubiera sido nombrado ministro por un Gobierno serio y democrático. Su torpe actuación al frente de Transportes ha llevado a Renfe al colapso y ha conseguido que se multipliquen las incidencias, los retrasos de los trenes y los accidentes ferroviarios más mortales. Un ministro tan irresponsable que es capaz de hacer bromas en televisión con “las víctimas de Renfe”, pero se dedica en exclusiva a propagar por las redes sociales su odio a la Oposición y a la derecha en general y, en especial, su subordinación enfermiza a un presidente que ha deteriorado más que nadie la calidad de vida de los españoles.

Más aún, después de situar al frente del Ministerio con más presupuesto a una suerte de matón de barra de bar que, por su apatía, su desconocimiento y su irresponsabilidad, ha provocado, entre otras cosas, el deterioro más grave de una de las mejores redes ferroviarias de Europa y de las más modernas autopistas y carreteras de la historia de nuestro país. El resultado de esa desidia e incompetencia está ahí: los accidentes mortales de Adamuz y Urda que han ocurrido en apenas 9 meses, y una red de carreteras llena de desperfectos y de baches, que aunque no se contabilice, también provocan continuos accidentes mortales. Pero a pesar de estos antecedentes, Pedro Sánchez le mantiene en su puesto. Ni se le ocurre pedir su dimisión o destituirle, menos aún en plena campaña electoral.

Ahora toca investigar el origen del accidente. El presidente, como suele, ha prometido que va a llegar hasta el final y aún tiene la desfachatez de declarar que es “inadmisible” que se produzcan dos accidentes mortales en tan poco tiempo. Pero lo inadmisible es que no lo hará. Pues también como suele todavía se desconocen los “informes independientes” de la tragedia ferroviaria de Adamuz y del origen del gran apagón, sin ir más lejos. Óscar Puente ya busca culpables en Adif o donde sea con tal de salir indemne. De escurrir el bulto, como cuando culpó a Rajoy del deterioro de la red ferroviaria, después de 7 años de “Gobierno progresista”.

Ahora lo único que quieren Sánchez y Puente es que esta tragedia no afecte al resultado electoral. Buscarán una cabeza de turco, un error humano, cuando los técnicos ya han confirmado que se trata de “un fallo integral del sistema de seguridad”, provocado, sin duda, por esa incompetencia y por el recorte en más de un 40 por ciento de la inversión en Transportes, a pesar de que el Gobierno ha recaudado más que nunca de los impuestos.

No dedicarán un minuto ni se preocuparán por resolver los graves problemas de Renfe o de la red ferroviaria. Sólo intentarán tapar los motivos de la última tragedia para no ser arrollados en las urnas. Pero lo tienen difícil. Los españoles han comprobado, por enésima vez, que están gobernados por un grupo de políticos a los que no les preocupa si España va bien o mal. Sólo quieren seguir en el poder para pavonearse y despilfarrar el dinero de los contribuyentes en su propio beneficio, no en políticas sociales” como dicen: en contratar a cientos de miles de asesores para que propaguen las bondades del socialismo, en los desaforados gastos de sus campañas electorales, en financiar al PSOE, reformar el palacio de La Mareta para disfrutar largas vacaciones, llenar de queroseno el Falcon para viajar como multimillonarios. Vivir rodeados de lujos y prebendas y, muchos, gastar en prostíbulos o llenarse los bolsillos con la corrupción.

Lo demás no importa. El dinero de los españoles es suyo. Y los accidentes mortales no les incumben. La culpa es de otros. Son inocentes. Y ahora quieren ganar las elecciones para continuar con sus delirios de grandeza hasta “más allá”. Hasta destruir España desde los cimientos. Hasta convertir el que ha sido hasta ahora uno de los países más prósperos y modernos del planeta en uno más del Tercer Mundo.

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