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Novela

Matt Haig: El tren de la medianoche

domingo 01 de noviembre de 2026, 23:38h
Matt Haig: El tren de la medianoche

Traducción de Teresa Lanero Ladrón de Guevara. AdN. Madrid, 2026. 329 páginas. 22,95 €. Libro electrónico: 14,99 €. Audiolibro: 22,95 €.

Por Aránzazu Miró

Matt Haig es un singular escritor que triunfa tanto en sus libros de crecimiento personal como, especialmente, en el ámbito de la novela. Británico de cincuenta años, tiene ya una larga lista de éxitos y un gran superventas en La Biblioteca de Medianoche del que este Tren podría considerarse una continuación. «Este es –dice el autor en los agradecimientos–, más incluso que La Biblioteca de la Medianoche, un libro sobre la lectura. Sobre la importancia de leer historias a lo largo de la vida y de ser transportado a otras vidas, a otros lugares, a otros mundos».

Nos ha situado el contenido del libro, que la referencia editorial describe como «una aventura a través del tiempo sobre el amor y las segundas oportunidades». Todo ello es cierto, y en realidad lo aúna en mezcolanza, a partir de la relectura de la propia vida del protagonista, que finalmente podrá recomponerla, a manera de segunda oportunidad. Es la gracia fundamental del texto, el juego de escritura con los saltos de tiempos y con esa máquina del tiempo en forma de tren que permite ver y reflexionar sobre lo vivido.

Porque el protagonista rememora de principio un momento feliz de su vida, su luna de miel en Venecia, para a continuación situarse en el momento de su muerte, con ochenta años, justo tras un reencuentro telefónico con esa pareja de la que se divorció hace treinta años. Pero entonces la ficción como si fuera ciencia le monta en un tren desde el que va y viene, y sigue siendo él quien nos lo narra, y lee, y reflexiona, y revive esa vida hasta reconstruirla; el puzle que nos hace transitar tiene mucho de buenismo, la asunción con perspectiva positiva de todo lo que nos ocurre; es la perspectiva de alguien que ha resurgido del hundimiento vital y que desea transmitirlo, aunque resulte simplón: «Sabía que había recibido, en potencia, un gran don. El don de poder vivir la vida con la perspectiva de alguien muerto». Como se titula uno de sus capítulos, todo radica en «la gran importancia de las pequeñas cosas».

Y la vida del protagonista, residente en la localidad inglesa de Sheffield de donde es nativo el autor, transcurre desde su amor a la lectura, la lectura como salvación, su trabajo como librero y todos los textos que le acompañan y le permiten salir adelante: «Como dice Kierkegaard: “La vida solo puede entenderse hacia atrás, pero hay que vivirla hacia delante”. Y este tren ofrece una solución: la vida revivida hacia delante».

«Leía porque esas historias le ofrecían espacio para crecer más allá del mundo que le había tocado. Lo ayudaban a sentir que las vidas sobre las que leía se entrelazaban con la suya como los hilos de una cuerda en continua expansión. Esas historias lo fortalecían». Menudo elogio a la lectura nos ofrece Matt Haig. Y de emociones va el libro.

Las de una vida que considera que ya ha terminado, pero que se recompone en ese trayecto en el tren, ese viaje de regreso al pasado desde el que mejorarlo todo. Porque hay fantasmas, claro, en ese tren que circula sin raíles, en ese contemplar el pasado desde la muerte: «Estar muerto no consistía en salirse del tiempo, sino en salirse de sus reglas habituales».

Con todo ello, esta novela ofrece una lectura agradable, tierna a pesar de la crudeza de algunas situaciones, un poco dickensianas, en las que se desarrolla la existencia del protagonista, pero que encarrilan el final feliz de quien ha decidido situarse ante la vida en esa tesitura; con ese puzle de tiempos y transcursos entretiene con emotividad.

 

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