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Despiste eslavófobo

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 16 de enero de 2009, 22:55h
Las torpes e ignaras declaraciones de los Sres. Barroso y Solana – que necesitarían un urgente reciclaje en la Escuela Diplomática, además de metabolizar grandes cantidades de vitamina B contra su acidia mental – sobre las desavenencias entre la deudora Ucrania y la acreedora Rusia en relación con el gas ruso que cruza el territorio ucraciano y que, parte se queda en él, podrían justificar, sin duda, una vez más, un pujante renacimiento de la eslavofilia rusa, hostil al occidentalismo estúpido representado por estos señores, impregnados a los mejor de antiguos resabios del Imperio austrohúngaro, del Reino prusiano o del extinto Imperio Soviético. Que se pongan a dar lecciones a los rusos estos dos eximios euroburócratas, mirándolos por encima del hombro, constituye en sí una imperdonable falta de honor despiadada, e instintivamente, desaprensiva. No pueden hacer otra cosa: su viejo prestigio familiar se ha ido diluyendo con el desarrollo de su nueva cultura moral.

¿Seguirá siendo Rusia exótica a Europa si no sigue fielmente, servilmente, el “criterio europeo” en todos los aspectos de la vida? ¿Sigue siendo Rusia para la Unión Europea una potencia asiática con una ventana a Europa, como sostenía el mal diplomático y genial novelista portugués Eça de Queiroz? Mortecino y pútrido Occidente mira a Rusia con un parpadeo que es todo un acto reflejo de un antisovietismo sin objeto. La Unión Soviética ya no existe. Su “Sayuz” indestructible tampoco. Y lo que ha salido de aquella Unión Soviética no es mucho peor y más pravo que lo que existe en el resto de Europa, la verdad.

Pero los viejos actos pavlovianos, fundados en setenta años de sovietismo versus Lobo de Gubbia, el terrible lobo, siguen molestando para una límpida visión del mundo. Se tiene el morro de hablar de la “mafia rusa”, la “mafia búlgara”, y llegar a converir estos temas delicuenciales en focos de atención para la política internacional ( Naciones Unidas ), cuando ellos no entrañan mayor peligro ( ¡hipócrita Europa!) que otras grandes mafias occidentales. Pero los actos pavlovianos siguen activos y rampantes.

Porque ¿en qué juicio se escucha sólo a una de las partes? En los juicios que hacen los mencionados euroburócratas van directamente contra el lado que tiene precisamente la razón y la ley mercantil de su parte. Aunque ya hace tiempo que estos dos euroburócratas hablan un dialecto críptico, como el cockney del este londinense, y quizás no los hemos entendido. El final del caos del gas – caos y gas tienen la misma etimología – suponen desde luego la buena voluntad de la siempre triste y ( transparente ) alma rusa.

Finalmente creo que Aznar – para mí, al menos, el mejor presidente que ha tenido España desde Cánovas – se excedió, sin duda, en FAES, cuando situó al Presidente Dmitri Anatólievich Medvédev en el mismo frente antioccidental que ocupan gentes como el militarote venezolano o los teócratas iraníes. Medvédev, ideológicamente hablando, está mucho más cerca de Aznar de lo que parece. Se autodefine como un “demócrata liberal”. Lo que no significa que no sea un presidente pragmático y que en su calidad de presidente del Consejo de Vigilancia de Gazprom no aproveche para defender los intereses de la patria. Pero los defiende jurídicamente, desde su vocación de jurista, ganando el pleito planteado con Ucrania, a la que quizás Occidente defienda con los viejos resabios que quedan en las monumentales ciudades del antiguo imperio austrohúngaro fronterizas ( como Przemysl ), en las que aún su atmósfera añora a Francisco José.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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