México: vuelta a las andadas
miércoles 21 de enero de 2009, 21:26h
La Iglesia católica mexicana nada olvida pero tampoco quiere aprender. Después de la Independencia se empeñó en defender el viejo orden colonial anterior a los grandes ilustrados españoles, el de los Habsburgos. Y perdió ante los liberales, que no jacobinos, de Benito Juárez. No en balde, el primer presidente de la derecha, Vicente Fox, sacó su retrato de la residencia oficial.
Después de la Revolución de 1910, la Iglesia promovió levantamientos armados en nombre de Cristo Rey, en particular el de los cristeros, que fueron derrotados. Tuvieron que transcurrir 135 años para que se modificaran las disposiciones constitucionales de 1857 y 1917 y las iglesias tuvieran personalidad jurídica. En el ínterin, realizaron todas las actividades propias de su misión espiritual, respetaron la laicidad del Estado y no se inmiscuyeron, abiertamente, en política.
En cuanto les dieron el pie tomaron la mano. Sin ton ni son opinan de todo y buscan conquistar todos los espacios de la vida pública. El triunfo del Partido Acción Nacional y de Fox en el 2000 no les bastó, a pesar de las ventajas obtenidas. Ahora pretenden crear un partido católico “para defender públicamente los preceptos de Dios”, según declaró el vocero del Arzobispado de México.
Esta desatinada declaración descalifica y debilita al partido del presidente Calderón, en vísperas de las elecciones legislativas. Además resulta inadmisible en términos jurídicos y políticos, ya que las iglesias deben abstenerse de participar en la actividad electoral que desvirtúa su misión religiosa.
La declaración tuvo lugar en el marco del sexto “Encuentro mundial de las familias”, celebrado en la ciudad de México en la semana del 12 de enero, encuentro inaugurado por el católico presidente Felipe Calderón.
La misoginia y la homofobia dominaron la reunión y abundaron los comentarios que hicieron responsables a las mujeres de la violencia en su contra por los “escotes y minifaldas”. Tampoco podía faltar la exhortación a que las mujeres se ocupen del hogar en vez de trabajar y, naturalmente, a llegar vírgenes al matrimonio. Huelga comentar las opiniones sobre la homosexualidad y el matrimonio de personas del mismo género. En cambio, ni una palabra sobre los curas pederastas, como el fundador de los Legionarios de Cristo, el padre Marcial Maciel. Esta congregación no tuvo ningún empacho en promover su programa Pure Fashion, tenía que ser en inglés, para enseñar a las jóvenes cómo vestirse, para “no producir curiosidades malsanas o pensamientos impúdicos”.
Este tipo de encuentros muestran el camino desandado por la Iglesia desde el Concilio Vaticano II a la fecha. La figura amable y caritativa de Juan XXIII se desvanece, mientras que la de fray Tomás de Torquemada se perfila con rasgos más vigorosos.
Las declaraciones de los cardenales mexicanos y de algunos obispos tienen un tufo semejante a las de los comisarios políticos del estalinismo. Nombrados por Juan Pablo II, que conocía del asunto, fueron escogidos con criterios similares: origen social humilde, instrucción limitada y ninguna independencia de criterio. No es de extrañar que a menudo asomen el rencor social, el antiintelectualismo profundo y el autoritarismo, pero más la ignorancia. [En el citado Encuentro, la Jerarquía eclesiástica fue reprendida severamente por el cardenal Lozano Barragán por no haberse ocupado del documento de la Santa Sede contra la drogadicción. “Me indigna”, les espetó el cardenal.]
El estalinismo eclesiástico cunde. En la semana del Encuentro, el alcalde de Guanajuato y los ediles del PAN prohibieron los besos en lugares públicos, las palabras y gestos obscenos, la mendicidad y el dar limosnas. Las sanciones incluyen 36 horas de arresto y 100 dólares de multa. Guanajuato, centro turístico colonial, tiene entre sus atractivos “el Callejón del Beso”.
¿Cuándo aceptará la Iglesia católica que el reino de Cristo no es de este mundo?