la Brasilia de Óscar Niemeyer
Brasil no sólo es selva y playa, también ofrece rutas para urbanitas
domingo 01 de febrero de 2009, 17:11h
Río de Janeiro fue la cuna de la "Bossa Nova", un movimiento musical cuyo inicio, históricamente, lo marca el lanzamiento en 1958 del álbum "Cançao do Amor Demais", en el que Elizeth Cardoso canta la composiciones de Vinicius de Moraes y Tom Jobin. Sus huellas, cuando ya han transcurrido más de medio siglo desde su nacimiento, siguen presentes en Río de Janeiro y quienes viajen a la ciudad pueden animarse a rastrearlas. Y visitar, así, Casa Villarino, una whiskería en el centro de Río que ha sido punto de encuentro de artistas e intelectuales desde los años 50 y en el que una tarde de mayo de 1956 el periodista Lúcio Rangel presentó a dos de sus amigos: Tom Jobim y Vinicius de Moraes.
Comprar música en Modern Sound, la meca de los discófilos de Río desde 1966, o aprender más sobre la "Bossa Nova" en el instituto cultural Cravo Albin, en la residencia del conocido periodista y compositor. Las ofertas para tomarse una copa durante el recorrido turístico son muy variadas. Desde el Bip Bip, mitad bar, mitad calzada de Copacabana, cuyo dueño, Alfredinho, es una leyenda de la noche carioca, hasta el Bar do Tom, creado en honor de Tom Jobin, quien comió durante años en el asador que existía previamente en el mismo lugar.
Y como no, la Garota de Ipanema, antiguo Bar de Veloso, frecuentado por Tom Jobin y Vinicius y rebautizado en su honor. "Es una propuesta urbana y bohemia y tienes que disfrutar de los bares por la noche, que era lo que hacía la gente de la 'Bossa nova'", explicó a Efe Fernanda Hummel, directora de la Oficina de Turismo de Brasil en España, con motivo de la Feria Internacional de Turismo de Madrid (FITUR).
Nada que ver con otra ruta que propone un recorrido por la Brasilia de Óscar Niemeyer, quien ha dejado también su sello en otras ciudades del país, como Belo Horizonte, Sao Paulo, Curitiba, Niterói y la propia Río, donde diseñó, entre otros edificios, el Sambódromo. Sin embargo, es en Brasilia donde hay que buscar una de sus principales improntas.
Elegido en los años 50 por el entonces presidente de Brasil, Juscelino Kubitschek, para coordinar los trabajos de construcción de la nueva capital, Niemeyer diseñó tanto edificios religiosos, como la Catedral Metropolitana, como administrativos. La primera gran construcción de la ciudad fue el Palacio Alvorada, residencia oficial del presidente de la República. Tanto es así, que se inauguró antes de que terminara de construirse la ciudad, en 1958.
La Plaza de los Tres Poderes alberga algunos de los edificios más representativos de Niemeyer: el Palacio Planalto, sede de la Presidencia de la República; el Congreso Nacional, sede del Parlamento, y el Supremo Tribunal Federal. Es una "ruta dirigida a los arquitectos, a los amantes de la arquitectura", destacó Hummel, que puede recorrerse a pie, aunque desde Turismo de Brasil también proponen otras alternativas: un vuelo panorámico en helicóptero o un paseo en barco por el Lago Paranoá. Es también una ruta urbana, pero, más diurna que la de la "Bossa Nova", sobre todo si se quiere visitar algún edificio.