La reforma del FMI
lunes 16 de febrero de 2009, 08:40h
La próxima reunión de las veinte economías más poderosas del planeta, el G20, tendrá sobre la mesa tres propuestas base: más capital, más reservas y mayor regulación en aras a una vigilancia efectiva. A dichas propuestas, elaboradas por el Foro de Estabilidad Financiera, se une la efectuada por los ministros de Economía de los países del G7 -los siete más industrializados del mundo- sobre la necesidad de reformar el Fondo Monetario Internacional -FMI-. Las perspectivas para 2009 no son nada halagüeñas. Se estima que la recesión seguirá su curso y entre sus consecuencias más directas estará la continuación de la actual tendencia de destrucción de empleo. Una alerta que, por otro lado, no sorprende ya a nadie. El problema es que, por muy necesario que sea dotar de más medios al FMI, en tiempos de crisis es complicado hallar de dónde obtener estos recursos.
Al mismo tiempo, los siete países más ricos del mundo también destacaron la necesidad de apoyar a los países menos desarrollados, facilitando su acceso al crédito y a la financiación comercial. De todo lo dicho hasta ahora, puede inferirse que las intenciones son excelentes, pero poco más. En la práctica totalidad de ocasiones en que los distintos organismos económicos se reúnen para tratar situaciones complicadas, la cita suele saldarse con una declaración de buenas intenciones con pocos efectos prácticos. Da la impresión de que, pese a que la actual crisis económica tiene carácter global, cada uno procura enfrentarse a ella sin importarle lo que suceda a su alrededor. Buena prueba de ello es el llamamiento contra el proteccionismo efectuado por ministros de Finanzas y los gobernadores de los Bancos Centrales del G7 y lo que a la hora de la verdad sucede realmente. Tal es el caso de la tendencia proteccionista que quiere implantar Obama en Estados Unidos, conocida como “buy American”, así como las ayudas al sector automovilístico aprobadas recientemente por Francia e Italia. Por no hablar del “compre español” del ministro de Industria de España, Miguel Sebastián. El proteccionismo, como reacción a la crisis del 29, convirtió una recesión en una profunda y prolongada depresión. A problemas globales, soluciones globales. Si es obvio que la crisis tiene difícil solución, no lo es menos que las medidas para paliarla no serán tampoco fáciles ni populares. Pero hay que hacerlo, aunque sin caer en la trampa de enrocarse en uno mismo y practicar la política del “sálvese quien pueda”.