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Se respira miedo

Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 21 de febrero de 2009, 19:40h
Cuando todo está cambiando y es imposible detectar cuál es el motor de los cambios; cuando no hay teología ni filosofía que nos ayude a orientarnos en las coordenadas de las transformaciones que estamos viviendo a cada hora, en la calle y en los medios de comunicación, nos encontramos perdidos. Tenemos miedo.

Ya los eléatas procuraban quedarse con lo estable y permanente rechazando el cambio devorador que Heráclito ponía en el centro de la vida. Y en eso hemos vivido hasta hace nada. Pero hoy no podemos elegir. Perdidos porque no reconocemos la lógica de las convulsiones del sistema, porque no es que el mundo esté patas arriba ni al revés, sino que está de otra manera: estamos transitando un cambio de era que no era ni imaginable ni anticipable hace tan sólo un año.

Los que tenían casa salen de ella para no volver, muertos de miedo por el dinero perdido, por el trabajo invertido y desperdiciado, temblando por la incertidumbre de un futuro bajo un puente. Mientras que los que no tienen papeles, si siguen así las leyes, van a terminar por no salir de casa por miedo a ser cazados.

En los ambientes laborales se respira miedo y se cometen abusos. La incertidumbre y la amenaza constante de un despido o de una bajada salarial paralizan a los trabajadores y tiranizan de estres a los 'jefes' y, entre todos, terminan de volverse locos. Y entre tanto, los ricos despiden gente para no dejar de ser tan ricos.

Viendo caer a las grandes empresas que dominaban nuestro imaginario comercial y mercantil amenaza la esfera del trabajo, del pan y la estufa, de las lentejas y del techo. Y es que nos da miedo el cambio, pero sobretodo nos da miedo perder las abichuelas que llevarnos a la boca. Por eso, quizá, hoy más que nunca, el estado del bienestar se nos revela como el pilar en el que debemos crecer y abandonar la salvaje independencia de conveniencia de la libertad del mercado.

Hoy nadie se puede refugiar en los paradigmas que han funcionado en la segunda mitad del siglo XX y que han llevado a nuestras sociedades al desastre ecológico y a la crisis alimentaria (primera y absoluta en importancia y en cronología respecto a la crisis financiera).

Los paradigmas, los caminos seguros para el éxito, la riqueza y el individualismo se han estrellado y han arrastrado a la pobreza a millones de personas. Siempre hemos vivido en el caos y no asumirlo ha provocado grandes desastres para la mayoría.

Hoy es el tiempo de lo colectivo, de compartir, pero no sólo el coste del desastre sino de construir compartiendo, de cambiar nuestro modo de actuar, superar el miedo, sacar la creatividad y cambiar desde dentro las actitudes con las que hemos vivido estos últimos decenios.

Sólo rebajando 'el nivel de vida', (que no implica renunciar al grado de calidad y satisfacción), lograremos imaginar una igualdad real en las condiciones de vida de la población mundial.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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