¡Deflación!
viernes 27 de febrero de 2009, 22:29h
El dato de inflación armonizada conocido este viernes confirma que el histórico dato con que concluyó 2008, o el del pasado mes de enero, no son accidentes estadísticos sino que certifica el hecho de que el precio de los bienes de consumo se ha moderado de forma muy notable y que estamos en niveles históricamente muy bajos. Tenemos que remontarnos cuatro décadas atrás para observar un aumento generalizado de los precios tan modesto. De hecho, como el eco de un grito en la noche todavía no apagado, resuena en algún medio de comunicación, en los análisis de algún experto, en las consideraciones de tal o cual historiador, la palabra maldita: ¡deflación!. Casi se la nombra para conjurarla, aplacar su fiereza y acabar con ella antes de que aparezca.
Ese miedo viene del recuerdo de la Gran Depresión, que vivió sus peores horas en conjunción con una deflación muy importante, por lo que no pocos economistas, quizá con un bagaje teórico que se ha revelado tosco o inadecuado, han señalado al desplome del crédito como causa de la crisis, cuando ambos parecen tener una causa común en las excesivas facilidades crediticias de los 20’, que alcanzaron niveles sencillamente insostenibles. Lo mismo ha ocurrido en la actual crisis. La política expansiva sin complejos primero de Alan Greenspan y después, de forma más acusada, de Ben Bernanke, ha facilitado una espiral de crédito con unos resultados aparentes espectaculares, pero con una base muy endeble, presta a venirse abajo en cualquier momento, como ha sido de hecho el caso.
El castillo de naipes crediticio se viene abajo, lo cual tiene una clara influencia sobre los precios. El IPC, que mide sólo los precios de los bienes de consumo, no capta del todo la magnitud de la deflación, por lo que puede darse este fenómeno sin que el índice de precios tenga porqué caer. Friedrich Hayek previó, con poca fortuna, que, a medida que se refinara la teoría monetaria, los índices de precios iban a perder importancia hasta desaparecer como instrumento de análisis. No ha ocurrido así. Pero ello no quiere decir que el gran economista austriaco no tuviese buenas razones para relegar los índices de precios y prestar más atención a otros factores más fundamentales.
Este mismo viernes, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ha aprovechado el dato para arrogar todo el mérito al Banco Central Europeo. Pero la moderación de los precios está provocada por la contracción del crédito y éste está a su vez causado por la política excesivamente laxa de tipos de interés que facilitó en el pasado un aumento desaforado del crédito. No es su supuesta política de “anclar las perspectivas de inflación” lo que ha llevado a la moderación de precios, sino su pasada laxitud lo que ha provocado la deflación y la crisis actual.
Se puede decir que los responsables políticos deben ser honrados al juzgarse a sí mismos aunque sea a costa de hacer autocrítica, pero está en su propia naturaleza humana la autojustificación exculpatoria, más allá de lo que pueda indicar la realidad. Por eso es fundamental el papel de los analistas independientes y de la prensa.