Elige tu propia aventura
Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 28 de febrero de 2009, 17:16h
Érase una vez un niño llamado Manolito que siempre le quitaba el bocata a sus compañeros de escuela. Al principio aprovechaba el patio, cuando los profesores se relajaban o cuando alguno iba al servicio y le cogía sus lápices y se los rompía, o les escondía la mochila y sólo le decía dónde estaba a cambio de que le diera su paga de la semana. Luego la mochila siempre estaba mojada y llena de pintadas y el niño de turno se quedaba con una mochila estropeada y encima sin las chucherías del domingo.
Manolito, además, adquirió la costumbre de hacer pintadas por todo el colegio haciendo alegatos contra la propiedad privada y a favor de la libre determinación de los niños a ir o no a la escuela.
El tiempo pasó y Manolito era el terror de la escuela. Dejó las pintadas y se dedicó a boicotear el estudio y la vida escolar. No sólo logró que los otros dejaran de llevarse la merienda sino que les acostumbró a llevar un solo lápiz y los apuntes estrictamente necesarios para evitar, así, dentro de lo posible, la capacidad de destrucción de Manolito.
Un día, Juanito, el raro de la clase, el soñador, el que siempre estaba en las nubes, el que vivía en su mundo, un día, ya terminando la escuela, se encontró rotos sus libros, pintarrajeados y quemados sus apuntes. Ese día, Juanito, se olvidó del terror que sometía a la escuela entera, encontró fuerzas en su mundo de imaginación y utopía, y cuando Manolito, siempre confiado de la impunidad y la libertad que producía su estrategia de amenaza constante, ese día, cuando Manolito se fue al baño Juanito le agarró su chupa de cuero y se la hizo jirones.
Ese día este cuento empezó a terminar. Era el principio del fin del chollo de Manolito.
Cuando Manolito volvió del baño y vio lo sucedido le entró la cólera y, contra todo pronóstico, en vez de pegar a Juanito o terminar de romperle más sus cuadernos, fue, y se chivó a la profe. Pero al día siguiente la escuela amaneció sin cristales, rotos por Manolito y sus amiguitos.
Pero la escuela ya no volvió a ser la misma porque todos tenían un Juanito dentro. Juanito no pudo terminar el curso escolar por miedo a Manolito, pero sus padres esperan que el curso que viene las cosas hayan terminado de cambiar, que este cuento haya llegado a su fin y que todos los manolitos que pueblan las escuelas de la vida e imposibilitan que los demás aprendan a vivir, desaparezcan, y así todos los demás puedan volver a aprender a vivir sin miedo.
Pero este es un cuento que antes de acabar puedo continuar de muchas maneras, como la vieja saga de “elige tu propia aventura”: Hoy se está votando en Euskadi, pero más allá del resultado, la victoria está en que cada vasco y cada vasca ponga punto y final al terrorismo, unidos, venciendo al miedo como Juanito.
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Filósofa, profesora e investigadora.
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