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“Sudoku” electoral en España

martes 03 de marzo de 2009, 01:30h
Tras las elecciones autonómicas de este pasado fin de semana, se avecinan tiempos revueltos en la vida política española. No así en Galicia, donde la mayoría absoluta del PP garantiza estabilidad, independientemente de lo que uno pueda pensar del resultado. En efecto, Núñez Feijoo perdió los pasados comicios por un puñado de votos, lastrado por el efecto mediático del hundimiento del “Prestige”, la guerra de Irak y una sucesión de Manuel Fraga fatalmente gestionada. Tan es así que da la impresión que la pérdida de Touriño entraba en los cálculos de la sede socialista de la calle Ferraz. Con todo, lo acontecido en Galicia allí se queda. Si acaso, cabría subrayar el fracaso de la fórmula socialista-nacionalista, habida cuenta de lo sucedido también en Euskadi.

Ocurre que, en este segundo caso, el llamado “sudoku vasco” -metáfora muy del gusto de Ibarreche- no sólo va a tener una mayor repercusión nacional, sino que además su resolución se parece harto complicada. Por de pronto, Zapatero ya ha recibido amenazas de nacionalistas vascos y catalanes -los gallegos están noqueados- para que no se le ocurra pactar con el PP. Conviene recordar que el PSOE carece de mayoría absoluta en el Parlamento y que ha de apoyarse en los nacionalistas para sacar adelante leyes fundamentales, como la de los Presupuestos Generales del Estado. Además, en Cataluña mandaron a la CIU de Artur Mas a la oposición, gobernando la Generalitat con la famosa fórmula del tripartito.

Pero al mismo tiempo, hay que tener presente que Zapatero nunca se ha sentido especialmente incómodo con los nacionalistas. Sus continuos chantajes, lejos de desagradarle, le han resultado sospechosamente fáciles de digerir. Las concesiones que les ha hecho no han sido mérito de arduas negociaciones, sino que bien parecía que el Presidente las otorgaba de buen grado. Quizá incluso a él le haya llegado la hora de reflexionar. De darse cuenta del daño que los partidos nacionalistas están ocasionando entre sus bases y en el equilibrio del sistema político español. Debe ser consciente de la merma de la solidaridad fiscal que vive España y de las desigualdades entre habitantes de un mismo país, fruto de una política excluyente y autoritaria. Por eso, tal vez el señor Zapatero debería plantarse ante chantajes y amenazas y, por una vez, anteponer el interés de España al de anteriores veleidades nacionalistas. El, que tan pendiente está de fotos y encuestas, debería saber mejor que nadie lo que vende una imagen de firmeza ante políticos insaciables con un guión secesionista. Aunque sólo sea por eso, que no ceda. Y que el nacionalismo pase de una vez por todas a la oposición. España lo merece. Es un asunto de higiene democrática hasta para los propios nacionalistas que necesitan una catarsis que les ayude a desembarazarse de la caspa soberanista derrotada en estas elecciones.
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