“El monstruo de Amstetten”: ¿qué legado deja a su hija?
viernes 20 de marzo de 2009, 23:38h
La realidad supera a la ficción. Este es el caso del llamado “Monstruo de Amstettet”, individuo capaz de retener a su hija durante 24 años en un sótano y convertirla en su esclava, violarla y dejar la huella de siete hijos con el fallecimiento de uno de ellos. Se trata de un caso espeluznante del que se están escribiendo diferentes teorías e hipótesis acerca de sus motivaciones y estado mental.
Lo que sí que ya es una realidad, es que es culpable de todos los cargos que se le imputaban: homicidio, esclavitud, violación, coacción grave, privación de libertad e incesto. Este personaje pagará por el daño causado a su hija Elisabeth y a sus seis hijos-nietos.
El primer paso ya se ha cumplido, y es que pague por sus delitos. Para la víctima, el que se haga justicia es un requisito clave para empezar su dura recuperación. La complejidad del caso hace que la vuelta a la “normalidad” de Elisabeth sea la condena paralela por la que tendrá que pasar tras haber sido víctima de estas aberraciones. Desde el punto de vista psicológico la víctima tendrá que ser tratada, en primer lugar, de la disociación a la que su mente se ha visto sometida para poder sobrevivir a este infierno. Además, las víctimas de incesto se encuentran con el gran obstáculo del vínculo y parentesco que les une al agresor, lo que les provoca una fuerte culpabilidad, miedo, ambivalencia emocional y justificación de muchos de los hechos ocurridos. También el estrés postraumático que se desencadena en este tipo de víctimas, se verá incrementado por criar a los seis hijos fruto de las más terribles experiencias vividas con su padre.
Así, aunque es importante que la justicia determine si este “monstruo” cumple su condena en un centro penitenciario ordinario, o lo hará en uno especializado para enfermos mentales, más aún será conocer, cómo pasará el resto de su vida Elisabeth, es decir, si podrá volver a recuperarla, o si por el contrario seguirá siendo prisionera del daño y el recuerdo el resto de su existencia.