Hace un año de esta fotografía y, sin embargo, el Gobierno ya ha perdido la confianza de sus socios y del electorado. La crisis ha golpeado al Ejecutuvo y aún con mayor fuerza el paro, cuyo horizonte no llama al optimismo. La dimisión de Bermejo o la compleja situación que vive Zapatero en el Congreso de los Diputados animan a un lavado de cara en un equipo desgastado. Solbes, ministro de Economía, ha sido el principal damnificado, y probablemente el siguiente en abandonar el barco.

Hace apenas un año y un mes,
José Luis Rodríguez Zapatero recibió el apoyo ciudadano para gobernar cuatro años más. Aún lejos del ecuador de su mandato, pocos confían en que la legislatura se extinga en los plazos establecidos, según fuentes de la oposición. La crisis ahoga a un Ejecutivo que se ha visto obligado a la reestructuración y que no sólo ha perdido la confianza de sus socios políticos sino también, como ha publicado recientemente una cabecera afín al
Gobierno, toda la ventaja de la que gozaba en marzo de 2008. Pero no sólo la gestión de la situación económica ha acabado de forma precipitada con el equipo titular de la foto de Moncloa, la cacería de Mariano Fernández Bermejo con el juez
Baltasar Garzón, la ampliación de la ley del aborto o los resultados de las elecciones gallegas han desgastado la imagen de un Ejecutivo que necesita aire para llegar con garantías a unas muy cercanas elecciones europeas.
El 15 de abril de 2008, Zapatero pronunció su
discurso de investidura, en el que enunció la
economía como “tercera prioridad” de su Gobierno. Pese a que la crisis asomaba con sus primeros síntomas, la palabra maldita no fue pronunciada hasta que fue inevitable. De hecho, una de las principales críticas a Rodríguez Zapatero y a
Pedro Solbes ha sido el no reconocer en cada momento la situación real de la economía española. Por desgracia para el titular de
Economía, al que en varias ocasiones se ha “pillado” en un renuncio, las previsiones y análisis oficiales han sido acorralados y finalmente desbordados por los indicadores, objetivos y, en este caso, contundentes.
Pero otro gran problema derivado de la crisis ha golpeado a la propia sociedad española. El
paro ha alcanzado el primer lugar en el listado de asuntos que más preocupan a los españoles y un porcentaje demasiado elevado como para no ocuparse de lleno en él. Sin embargo, el ministro de Trabajo,
Celestino Corbacho, se ha mostrado esquivo las últimas ocasiones en las que el desempleo ha copado las portadas.
Solbes, en una de sus últimas afirmaciones como ministro, dio por buenas las estimaciones del
Banco de España respecto al horizonte de la economía nacional, teñido de paro y alejado del crecimiento. La crisis ha sido y es mundial, y buena cuenta de ello ha dado el Gobierno en las Cortes, pero su mensaje y sus actuaciones, casi todas ellas criticadas por socios y no socios, le han ha valido para perder la credibilidad.
Otro problema es la dificultad añadida del Gobierno para sacar adelante sus iniciativas en el marco del
Congreso de los Diputados, donde los dos principales partidos nacionalistas le han declarado la guerra y donde hasta Izquierda Unida ha dejado de ser un aliado –de hecho prevé convocar una huelga general-, una minoría que se reproduce en el Consejo General del Poder Judicial.
La primera oportunidad de respuesta por parte del votante tuvo lugar en el
País Vasco y en
Galicia. En la primera comunidad, el PSOE avanzó de una forma notable y gobernará con la compañía y el apoyo del Partido Popular de Basagoiti. El varapalo para Zapatero se produjo en Galicia, donde
Emilio Pérez Touriño perdió el poder a favor de Alberto Núñez Feijóo, que ganó por una abultada mayoría absoluta.
Y llegan las
europeas. Hace un año y un mes, el PSOE las contemplaba con sosiego. Sin embargo, los comicios se observan en estos momentos como un referéndum en el que los españoles darán o quitarán su confianza al Gobierno y, por otro lado, el
Partido Popular sabrá su capacidad para presentar una moción de censura o ejercer una mayor presión para agotar antes de tiempo la legislatura.

La crisis de Gobierno, que despide a figuras desgastadas en puestos que requerían de nuevos aires, no ha significado el primer cambio respecto a la foto oficial de los ministros de principio de travesía. El ex titular de Justicia,
Mariano Fernández Bermejo, tuvo que dimitir tras haber sido “pillado” de cacería con el juez Garzón en plena investigación de una presunta trama que afecta a altos cargos y allegados al PP. Antes, el ministro tuvo que vivir la primera huelga de jueces en España y la denuncia de centenares de administraciones judiciales que necesitan modernizarse y agilizar sus procesos. No funcionó el diálogo y sólo la llegada de Francisco Caamaño, de un perfil más sobrio y comedido, ha calmado los ánimos.
La ministra de Fomento,
Magdalena Álvarez, fue duramente criticada por su gestión en las intensas nevadas que cayeron el pasado mes de enero y que paralizaron el aeropuerto de Barajas, sin olvidar algunas carreteras que, por falta de previsión, no contaban con camiones quitanieves suficientes. No se esperaba que Álvarez fuera a posar en la foto ministerial de 2008, pero repitió como titular de Fomento y, en esta ocasión, sus errores serán los que le expulsen del Ejecutivo. Imprecisiones, inseguridad en sus afirmaciones o tratar en tono jocoso asuntos de interés, es decir, su forma de expresarse, han sido el principal punto débil de la ministra, según miembros de la
comisión de Fomento consultados por este periódico.
En estos momentos, el debate se centra en la ampliación de la
ley del aborto, con
Bibiana Aído y el joven
Ministerio de Igualdad como protagonista del “derroche en tiempos de crisis”, como apunta el PP en relación a la reforma de la ley. La polémica está servida en un momento en el que, comenta la oposición, es preciso no desviar la mirada de lo esencial.
Sólo un año y un mes de trabajo, y el Gobierno se encuentra agotado. Y como dijo Solbes el pasado viernes, “esto no ha tocado fondo”.