Desde hace cincuenta años, Mercedes Gómez Pablo se define como pintor y no pintora porque, para ella, el arte no tiene género. Esta artista mallorquina, que vive a caballo entre París y Madrid, sintetiza su evolución artística en una exposición antológica en la galería Nikki Marquardt, ubicada en una de las plazas más emblemáticas de la ciudad de la luz, la literaria Place des Vogues. En un espacio único en París, puede contemplarse de forma desahogada los cuadros de la artista, caracterizados por su gran formato. “Ya no estoy ahogada”, comenta alegre esta mujer a la que le dice que pinta como un hombre. El próximo mayo, viajará a Bruselas con algunos de sus cuadros pero mientras disfruta del éxito parisino de su obra.
Cincuenta años dedicados a la pintura reflejados en una exposición en París. ¿Es la celebración antológica de un aniversario?Efectivamente. Soy un viejo pintor. La mayor parte de la obra que expongo es de hace cuatro años porque noventa cuadros no se los saca uno de la mano así como arte de magia. Pero como esta exposición es tiene algo de antológico, con escritos de críticos de arte de años anteriores, he puesto algunos cuadros de años que reflejan etapas anteriores. Recuerdo mi etapa abstracta, con dos o tres cuadros de una época que ocupó diez años de mi obra. Hice en París una exposición sobre los toros. Como en París no hay plaza de toros, partí de la poesía y me metí en el mundo abstracto. Comprobé entonces que fue un éxito porque los franceses al entrar en la exposición automáticamente se ponían a hablar de toros. Había conseguido lo que me proponía, llevarlos a una plaza de toros. Además, están expuestos mis grabados y los inmensos cuadros: las fachadas de España, los tejados de París y los desnudos.
¿Por qué esa fijación por las fachadas de España y los tejados de París?Primero empecé con los tejados pero un crítico de arte español dijo que tenía complejo de gato y me acomplejé tanto que dejé de pintarlos durante muchos años. No te digo que critico fue. Pero, al llegar a París, que posee unos tejados maravillosos, dibujaba muchos bocetos y esquises hasta que llegó un momento que decidí pintarlos en grandes cuadros y prescindir de mis complejos. Ya a mi edad no hay que tener ni complejos ni modestias.
Y las fachadas tuvieron un principio muy bonito. En una exposición del Museo de Arte Moderno de París, cuando tenía 20 años y estaba todavía estudiando en la Academia de Eduardo Peña, Jean Cassou, amigo de Picasso e inventor de los museos de arte moderno, me entregó a mí un premio por unas fachadas de Toledo. Fue una cosa que no podré olvidarla jamás y me quedé marcada para siempre, como todo lo que ocurre en la adolescencia. Por eso, las fachadas no me han abandonado nunca, las llamo mi tarjeta de visita. Las haré toda mi vida y disfruto haciéndolo. Han ido cambiado y evolucionando en formas y colores. En ellas, mis pueblos queridos como es la Alberca, Albarracín y Santillana del Mar.
¿Qué importancia tiene para usted hacer una exposición en París?Yo he hecho muchas exposiciones en París pero esta es a lo grande, descomunal. La gente cuando entra en esta exposición se queda emocionada y sobrecogida por esos cuadros inmensos en un espacio con una maravillosa claridad. De momento, la exposición ha sido un éxito. Se está vendiendo mucho, en parte también que no soy una pintora cara para todo el historial que tengo detrás. Es la primera vez que noto a los franceses, que es un público difícil, verdaderamente conmovidos y me transmiten elogio que, aunque me los crea a medias, me encanta oírlos.
¿Qué importancia tiene el artista en la sociedad? ¿Es mejor valorado en Francia que en España?En Francia el artista es muy respetado, cuidan la cultura y la fomentan. En España, sin embargo, la cultura está abandonada y es una tristeza, sobre todo en el mundo de la pintura. Mis primeros premios los recibí en Francia y tardé diez años en ser premiada en España. Creo que en nuestro país debería de cuidarse mucho más el arte. Si se ponen los medios y las ayudas, como en el deporte, se crea la afición. Pero en cambio sí hay un interés muy grande por parte de la sociedad. Sólo hay que ver las colas que se crean cuando hay una exposición interesante. Sin ayudas, la cultura está abandonada.
Ayudas las recibe el cine.A mí no me parece mal ninguna ayuda, son buenas todas pero también el arte tiene mucho público y no sé porqué estamos tan abandonados. Además, estamos a la cabeza del mundo como pintores, no como cineastas.
En alguna ocasión declaró que la pintura le servía para evadirse de la tristeza y la angustia. ¿En este contexto de crisis ha pintado para conseguir este propósito?No. No he pintado últimamente para evadirme. La creación artística te sirve de consuelo en los momentos de tristeza, es una salida muy buena. Pero en el fondo te voy a confesar que lo paso muy bien pintando. Disfruto pintado ocho horas al día. Es un juego maravilloso, el arte es algo lúdico. Sin embargo, a veces expreso la angustia, efectivamente. Para esta exposición he pintado a un
clochard, no podía faltar un cuadro expresionista que refleja el sufrimiento pero, al mismo tiempo, he de confesar que lo paso genial pintando. Es lo que más me gusta en la vida.
Su pintura ha destacado por un azul muy característico. ¿París tiene azul?París tiene muchos grises pero lo puedes interpretar llevándolo a azul. El azul lo descubrí en Chile, en los reflejos de la nieve de los Andes. Yo he tenido una frustración con los azules porque es un color carísimo y no me atrevía a tocarlo. Cuando las cosas empezaron a irse mejor y he vendido un poco más pude emborracharme de azules. Es una locura, lo veo todo azul.