El nuevo Gobierno gallego
sábado 25 de abril de 2009, 19:17h
A priori, y con poca más información que un vistazo a los curriculum vitae de los elegidos, el nuevo Gobierno gallego formado por Alberto Núñez Feijóo no tiene mala pinta. Pero es cuando se oyen o leen las reacciones a los nombramientos por parte de la oposición cuando se empieza a entrar en el convencimiento de que tenemos un Ejecutivo autonómico de nivel considerable.
La primera ocurrencia que tuvieron los socialistas tras conocerse los nombres de los nuevos conselleiros fue decir que éstos son muy técnicos pero con escaso perfil político, que viene siendo como decir que estos tipos y tipas sabrán mucho de lo suyo pero de mangonear el patio ni repajolera. O sea, más o menos lo que los ciudadanos esperábamos después de cuatro años de tener el patio patas arriba de tanto mangonearlo una gente que politiquear politiqueó mucho pero que en eso de gestionar demostraron tener menos idea que servidora de física cuántica. Caen de nuevo, los del PSOE, en la indeseable manía de confundir la Política con mayúsculas, esa destinada a solucionar problemas y administrar las cosas y los recursos de la forma más conveniente al interés general, con la política con minúsculas, es decir, la de patio.
Por si esa parida no fuera suficiente, los que hasta hace cuatro días eran de Touriño y ahora no se sabe de quién son mientras al pobre expresidente lo han pasado de político de primera fila a la última fila del Parlamento, han echado mano de la paridad para lanzar su segunda crítica, mucho más contundente, menudos son ellos. Y es que, dicen, el nuevo Gobierno no cumple La Ley de Igualdad en el Trabajo aprobada por el bipartito ahora en la oposición porque sólo tiene cuatro conselleiras frente a seis conselleiros. Al margen de que tal incumplimiento es más que dudoso si se tiene en cuenta que, según la Constitución, el presidente y los consejeros de una Comunidad Autónoma son órganos diferenciados, es evidente que la denuncia de los socialistas refleja de forma clara que comparten las preocupaciones de los gallegos, que si no duermen por las noches no es porque estén en el paro o porque no lleguen a fin de mes, no, es porque no viven sin vivir en ellos pensando en el sexo de sus mandatarios. Y así les va. A los gallegos y a los socialistas.
Y es que esto de la paridad es la última parida de los sociatas para demostrar que lo suyo es la imagen y el gesto y a la eficacia que le den dos duros. Que ya lo dice mi vecina la del quinto, que en la empresa de limpieza para la que trabaja tampoco se cumple eso de la igualdad, porque en el consejo de administración el cien por cien son hombres y los curritos son todas mujeres menos el chico de los cristales, y a nadie parece preocuparle. Y que, vale, que ella entiende que los hombres pueden no estar preparados para eso de pasar el mocho, pero que con un poco de práctica hasta cualquier Pepiño Blanco podría hacerlo e incluso enseñarle después la técnica a los americanos. Sin embargo, ella, que es muy práctica, reconoce que si la colocaran en el grupo de los que mandan para cubrir la cuota pues la igualdad igual la conseguían, pero también iba a ser una risa.
Total, que si eso es todo lo que tienen que decir del Gobierno los que se oponen al mismo, podemos estar tranquilos. Más que tranquilos, muy esperanzados.