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"está de toma pan y moja"

Mojar o no mojar

jueves 28 de mayo de 2009, 14:19h
Cuando un español tiene, por un lado, un alimento sólido como el pan, galletas, un bizcocho, un churro o algo similar y, por otro, un elemento líquido que puede ir del café con leche al chocolate, pasando por leche caliente e incluso té, lo más normal es que acabe sumergiendo el primero en el segundo; no hay que olvidar que una expresión española para decir que una cosa es muy buena es la de "está de toma pan y moja".
A todos los niveles, "desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca", por citar el Tenorio de José Zorrilla. Cuentan, en efecto, que cuando el rey Alfonso XIII era novio de la princesa inglesa Ena de Battenberg, luego reina Victoria Eugenia, estaba tomando el muy británico té con ella cuando se le antojó mojar una pasta en el brebaje. Su novia, escandalizada, le dijo "Por Dios, Alfonso; en Inglaterra nadie moja una pasta en el té"; el joven monarca español, muy tranquilo, le contestó: "¿Ah, no? Pues en España lo hace hasta el Rey".

Hombre, hay muchas maneras de mojar. El español, hecho a desayunarse durante mucho tiempo a base de chocolate con churros, ejemplo clásico de 'moje', cuando se pasó al café con leche no renunció a seguir mojando... y moja churros, tostadas, pastas, galletas... lo que tenga a mano. También los hay -menos- que mojan cosas en el té. Son menos, entre otras poderosas razones, porque son muchísimos menos los españoles que se desayunan con té que quienes lo hacen con café con leche.

Además, hay cosas que no inspiran para mojar. El agua, naturalmente, es una de ellas. Y ¿qué es el té, sino agua teñida y aromatizada por unos hierbajos exóticos? No, mojar una pasta en té no sólo no mejora la pasta, sino que la empeora, en sabor y en textura.

Desde hace unos años, quiero decir desde que hay buenos aceites vírgenes de oliva en el mercado, se ha puesto de moda sustituir la tostada con mantequilla y mermelada del desayuno por una tostada, o medio panecillo no menos tostado ligeramente, regado con un hilo de ese aceite. Ciertamente, muy sano y muy rico. Pero... qué quieren que les diga; a mí me resulta muy poco atractiva la posibilidad de mojar un pan embebido en un líquido graso -el aceite- en el café con leche mañanero. Manías, quizá.

En cambio, me encanta mojar el pan untado de buena mantequilla. He de reconocer que me gusta muchísimo la mantequilla, y que tengo la inmensa suerte de tener el colesterol en cifras extraordinariamente bajas, así que me puedo permitir el lujo de darle a la manteca de vacas con alegría. Y ese pan untado de mantequilla lo mojo en el café con leche con sumo placer. A falta de ello, puedo mojar galletas, naturalmente churros, un bizcocho casero... En café con leche, en chocolate del de verdad o del soluble, hasta en leche caliente. En té, no. Y no quiero ni pensar lo que puede ser un pan con aceite mojado en té con leche.

Otra cosa es tomar, de vez en cuando, ese panecillo regado con buen aceite... y algo más. Hasta hace unos años era patrimonio exclusivamente catalán, pero hoy el "pa amb tomaquet" (pan con tomate) se ha impuesto en toda España. Otro día les hablaremos a fondo de él; se trata de una, o varias, rebanada de pan campesino como de un dedo de grueso, sobre la que se frota enérgicamente medio tomate, por el lado de la pulpa, y se culmina la faena con un hilillo de aceite virgen. Tal cual ya es gloria, pero se le suelen poner cosas ricas encima. Y, aunque sea pan, está... de toma pan y moja.