Riesgo nuclear en el paralelo 38
viernes 29 de mayo de 2009, 01:05h
La escalada belicista de Corea del Norte amenaza seriamente con perturbar la estabilidad de una zona ya de por sí bastante delicada. No hay que olvidar que, tras la guerra de 1953 que dividió Corea en dos, se firmó un alto el fuego pero no la paz definitiva. Los intentos de acercamiento por parte de Seúl han sido permanentemente abortados desde Pyongyang, receloso de cualquier atisbo de aperturismo. El régimen totalitario que subyuga a Corea del Norte no permite una sola concesión. Fiel a la ortodoxia leninista más radical, Kim Jong-il ha decidido sacrificar el bienestar de su pueblo -el hambre y la miseria son la tónica común entre la población norcoreana- en aras de un desarrollo militar tan costoso como injustificado.
La situación es más compleja de lo que parece. El peligro de que un país posea armamento nuclear no es su mera tenencia en sí, sino la voluntad de sus gobernantes de emplearlo. Y, por lo visto hasta ahora con Corea del Norte, da la impresión de que sus intenciones son algo más que una simple provocación. Tan es así que Rusia y China, tradicionales protectores del régimen norcoreano, han accedido a firmar una resolución de condena en el marco del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. China no puede permitirse que las dos Coreas lleven a cabo una reunificación “a la alemana”, ya que así compartiría frontera con un aliado fiel de Estados Unidos. Y Rusia se plegará a los intereses chinos, al igual que Pekín respalda todo el apoyo que Moscú brinda a Irán.
Lo que menos conviene al mundo en este momento es una amenaza nuclear en la que se vean envueltos Japón, las dos Coreas y, por extensión, China, Rusia y Estados Unidos. Corea del Norte viola claramente el Tratado de No Proliferación Nuclear y, en consecuencia, ha de ser sancionada. Tan intolerable como sus ínfulas belicistas es la aquiescencia que hasta ahora han mantenido potencias como China y Rusia. También la de gran parte de la opinión publica “progresista”, siempre dispuesta a llevar la contraria a Washington, con independencia de que lleve o no razón. Y es un hecho que, en esta ocasión, quien incumple las leyes internacionales y amenaza con un ataque nuclear es el régimen comunista de Corea del Norte. Pese a que algunos se empeñen en no verlo.