José Tomás es un hombre de convicciones. Defensor de la libertad, amante del buen toreo y fiel de sus allegados, su maestría en los ruedos no le impide saborear de vez en cuando lo terrenal. La entrega este lunes del Premio Paquiro, organizado por “El Cultural” y patrocinado por Telefónica, ha sido uno de esas pocas ocasiones en las que el maestro madrileño ha hecho acto de presencia.
A la
tauromaquia no le falta sentimiento. Lo sabe el aficionado, el maestro y hasta el detractor. Está quien busca el milagro del arte en cada estoque y en cada pase, pero está, sobre todo, quien sale cada tarde al ruedo para
hacerlo mejor pese a quien pese y cornada a cornada.
José Tomás es uno de ellos, por no decir su
máximo exponente. Admirado por muchos y temido por otros, el maestro madrileño ha dejado ya su huella impresa en la
historia del toreo.
Pese a que lo suyo es dedicación y pasión por el capote, no logra quitarse la etiqueta de producto. Y eso que vive convencido de la importancia de la libertad, la
privacidad y el buen hacer en el ruedo. Los elogios que ha recibido confirman que Tomás
encandila a quien lo observe, incluso a quien se limite a mirarlo desde la distancia. A los triunfos que lleva cosechados en las plazas se unen el apoyo popular y los premios. Uno de ellos, el
Premio Paquiro, organizado por “El Cultural” y patrocinado por Telefónica, ha reconocido por segundo año consecutivo su búsqueda de la perfección.

El maestro de Galapagar lo ha recogido este lunes durante una cena en la
Bolsa de Madrid, donde se han recordado las magistrales tardes de Tomás en
Las Ventas el 5 y el 15 de junio, en las que cortó
siete orejas, y por las que ha sido premiado. Su dedicación no despertó dudas entre los miembros de un
jurado presidido por
Andrés Fagalde Luca de Tena, y compuesto por el académico y presidente de EL IMPARCIAL,
Luis María Anson; el político Pío García Escudero; el empresario Gonzalo Hinojosa; el escritor
Mario Vargas Llosa; o la torero Cristina Sánchez, entre otros, que no titubearon al señalarlo como firme vencedor.

La miscelánea del jurado no sorprende cuando la
lista de invitados reúne a empresarios, políticos, escritores o toreros que han agradecido con su presencia el buen arte de Tomás en los ruedos. A la asistencia de
Luis Abril, secretario general técnico de la Presidencia de Telefónica y encargado de entregar el premio, se ha unido la de políticos como
Ana Botella ; ex políticos como
Eduardo Zaplana; empresarios como
Enrique Cornejo o
Enrique Cerezo; escritores como
Fernando Sánchez Drago; o periodistas como el director de “El Mundo”,
Pedro J. Ramírez, o
Isabel San Sebastián. Pero si de alguien se ha sentido arropado Tomás ha sido del mundo del toro. Empresarios taurinos, ganaderos, críticos y toreros lo han querido arropar.
Eduardo Lozano, Felipe Lafita, María Lourdes Martín, Miguel Ángel Moncholi,
Vicente Zabala, Jaime Ostos,
Ángel Gómez Escorial o el Niño de la Capea son sólo algunos ejemplos.
Han sido dos personas las que se han llevado palabras de reconocimiento del maestro:
su abuelo Celestino, recientemente fallecido, y su admirado
Paco Camino. Al primero agradece haberle descubierto el camino en esta disciplina; al segundo, habérselo marcado, así como a tantos otros maestros “que hacen el toreo de verdad”.
Pero de lo que no hay duda es de que a Tomás se le sigue atragantando la prensa. Así, en sus palabras de agradecimiento no ha dejado pasar la oportunidad para dirimir diferencias con
Javier Villán, crítico taurino de “El Mundo”, quien, al parecer, lo calificó en su día de torero “suicida”. Al rifirrafe algo descafeinado entre ambos se ha unido cierta
reivindicación por parte del maestro al abogar por un toreo que, cargado de aspectos que nunca cambian, no debe estar cerrado a la evolución.
En espera de lo que ocurra el
5 de julio, día elegido por Tomás para matar seis toros en solitario en la
plaza de Barcelona –y sin cobrar-, el maestro ha afirmado que las dos tardes de junio de 2008 en Madrid son
“las más importantes” de su vida. Aunque en aquella ocasión el resultado de la faena fue extraordinario, el maestro rebosa orgullo cuando aborda cuestiones de índole social alejadas del mundo taurino. Así, comenta que pronto una
fundación llevará su nombre con el propósito de aportar “dignidad a la gente lo mismo que al toro”. Para empezar,
donará los 50.000 euros del Premio Paquiro. No hay duda: Tomás aglutina fieles a su paso, los mismos que no dudan al
calificarlo de "héroe".