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Chanel, Armani y Lacroix

Lujo y brillos en la pasarela de París

miércoles 08 de julio de 2009, 10:59h
Cada modelo una joya, cada desfile un tesoro, ésta es la consigna unánime a la que el pasado martes, más allá de la crisis, dijeron sí los modistos de la alta costura, de Armani a Lacroix, Chakra, Zuahir Murad o Eric Tibusch.
Las pasarelas vieron este jueves las más suntuosas materias primas y el corte más exacto, iluminados de piedras preciosas, pieles, plumas, bordados, incrustaciones y abundante azabache.

La pedrería negra iluminó con su misterioso resplandor un sinfín de modelos de diferentes modistos como Chakra, Zuhair Murad, o Eric Tibusch, en su inesperado homenaje póstumo a Michael Jackson.

Inesperado porque su objetivo era otro cuando hace unos meses decidió celebrar con sus diseños el retorno a los escenarios del rey del pop, que debería haber comenzado una serie de 50 conciertos en Londres desde el 17 de julio. Llevado por su amor por lo masculino-femenino y por el universo musical y el estilo de Michael Jackson, el modisto bautizó "Evolution" a su nueva colección, y soñó en ella el encuentro imposible de la leyenda Jackson con la de Marlène Dietrich. Estaba lejos de sospechar que el día del desfile sería también el día de los funerales del artista, pero, como prometieron sus portavoces, el "espíritu rock fatal" y "pop n' glam" estuvieron garantizados.

Cazadoras que bien podría haber lucido el maestro; pantalones tan ajustados que eran casi medias hasta los tobillos, donde se ensanchan levemente; abundancia de cremalleras; cinturones varios atravesando la figura sobre corbatas de azabache y blusas transparentes, fueron algunas de sus características.

Plumas amarillas, boleros y chales de zorro, estampados cebra, bordados de flores y cristales dorados y rosas, completaron algunos de sus espectaculares diseños.

La gran emoción del día fue, no obstante, la que acompañó la presentación de Christian Lacroix, firma que atraviesa serios problemas económicos y cuyo futuro es incierto, pero que recibió el apoyo, los aplausos y las ovaciones de su público. Fue una minicolección creada con restos de tejidos de otras anteriores, y con el apoyo de amigos generosos, entre ellos los responsables del Museo de las Artes Decorativas, junto al del Louvre, que brindaron sus salones al talento del célebre modisto. Lacroix arrasó con su vestido de novia, en blanco roto con bordados en oro y salpicado de flores amarillas, rojas y azules.

Por su parte, ante un panel de celebridades considerables, entre ellas Claudia Cardinale, Cate Blanchett y Emanuelle Béart, Giorgio Armani Privé celebró la noche y el champán, y propuso a sus mejores clientas vestir de negro, de azul muy oscuro y de suaves dorados. A veces las vistió también de negro y plata, con vestidos de escote palabra de honor, bordados e ilustrados por un enorme collar plateado y sombrero a juego, a tono con una colección en la que celebró la típica elegancia de los años 40.

El lujo máximo recibió hoy en París el apoyo de otros modistos como Gustavo Lins, Givenchy y Dominique Sirop, dentro del calendario oficial de la Federación de la alta costura, mientras que en el también muy suntuoso "off" mostraron sus ideas Xuan-thu nguyen, Alexandre Vauthier y Basilsoda, entre otros artistas.

Chanel, retro-futurismo y lujo invernal
Chanel eligió por primera vez un horario nocturno para celebrar un desfile alta costura, el del otoño-invierno 2009-2010, con una suntuosidad ajena a toda idea de recesión, y también al concepto de pureza virginal lanzado hace seis meses. La nueva colección de Karl Lagerfeld, director artístico de la firma, fue, sin embargo, igualmente impactante.

Aunque en esta ocasión el lujo, el de verdad, el que no necesita ser ostentoso porque simplemente es, se llenó de brillos, de oros y platas, de perlas y de geometrías bordadas de colores, sobre tweeds de tramas doradas y plateadas, sedas, tules y tejidos fluidos y suntuosos. Con Chanel, el invierno próximo tendrá, además, un accesorio inédito, apto para los momentos más elegantes de la existencia.

Podrá acompañar, por ejemplo, un conjunto bicolor de falda larga y túnica recta de tirantes, enteramente bordados de perlas, a juego con guantes-manga altos, hasta casi los hombros, que ocultan parcialmente las manos y dejan libres los dedos.

El nuevo accesorio no es por completo un sombrero ni tampoco una máscara, pero cubre la cabeza y el rostro como un dulce casco de tul bordado de pedrería, de perlas o de pastillas de diferentes dimensiones y colores, concentradas en su parte superior, más aisladas a la altura de los ojos y la boca.

Su estilo, "retro-futurista", como le definió el ilustrador español Jordi Labanda, asiduo invitado de la alta costura francesa, se ajusta a la perfección al conjunto de la colección invernal que Chanel presentó bajo la cúpula acristalada del Grand Palais. Tanta belleza, de inspiración igualmente griega y clásica, en vestidos túnica semitransparentes, con detalles bordados de oro, lucía peinados siempre recogidos en la espalda, de altura frontal prominente, e historiada y larga cola de caballo rizada, adornada con flores del mismo pelo.

El desfile tuvo una constante; una pala posterior, que a veces se convertía casi en capa, otras en cola, bordada, forrada, transparente, deshilachada o dorada.

De día o de noche, en vestidos de cóctel, de gala, trajes de chaqueta, abrigos, faldas de todos los largos y volúmenes, hubo en la pasarela -esta vez cuadrada- de Chanel un sinfín de variantes de esta misma idea que se sucedieron hasta el infinito sin monotonía alguna, cada una más diferente todavía que la anterior.

Pero siempre, cada modelo presentado, tenía en su parte posterior un elemento añadido, a veces más largo que la falda, otras a la misma altura, no siempre del mismo tejido y color.
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