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A qué se dedican los políticos

José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
jueves 06 de agosto de 2009, 20:43h
La clase política debe ser un colectivo ocupadísimo. O quizás, todo lo contrario. Eso explicaría por qué dedican gran parte de su valioso tiempo a actividades tan alejadas de sus cargos, aunque, al mismo tiempo, tan propias de éstos.

Por un lado, existe un porcentaje del tiempo empleado por los partidos dedicado a desprestigiar a sus adversarios políticos. La política, como muchos aspectos de nuestra vida, también obedece a la lógica de mercado. Para obtener votos es necesario, tanto dar buena imagen propia como intentar ensuciar la del contrario. Es por ello por lo que además de estudiar la manera de hundir al enemigo, los políticos reservan grandes huecos de su agenda para las apariciones públicas. Ya sea un mitin, una visita a una fábrica o el disfrute de unas fiestas populares.

También encontramos situaciones en las que, mientras los del partido A dedican buena parte del día a buscar la manera de enriquecerse gracias a su cargo público, los del partido B lo emplean en buscar la forma de acusarles por hacerlo, y viceversa. Últimamente se juega mucho al tenis con estos temas, y ojo por ojo, los únicos ciegos somos quienes no exigimos un cambio de raíz. Precisamente esos acontecimientos me han hecho pensar además, en todos los eventos que se organizan por iniciativa pública, de los cuales, como ya se ha visto, también obtienen tajada: campeonatos, forums, exposiciones, encuentros, etc. Todo un consumo (y muchas veces desperdicio) de tiempo y dinero, sin que los ciudadanos opinemos lo más mínimo sobre el uso de tan valiosos recursos.

Recientemente en Euskadi, por ejemplo, tras el cambio de gobierno, Patxi López se propuso todo un repaso simbólico de la región: el mapa del tiempo en la televisión pública, banderas en los edificios gubernamentales, etc. Seguro que de haber un nuevo giro político dentro de cuatro años, favorable al PNV, lo primero que harían sería igualmente inclinar la guerra simbólica en dirección contraria. ¿Qué opinarán quienes engrosan las listas del paro? ¿De qué le sirve todo esto a quienes no pueden afrontar sus deudas y puede que acaben en la calle? ¿Qué más dará las banderas que se pongan en los montes si están amenazados por desastres ecológicos y la especulación inmobiliaria?

Quienes ostentan un cargo público tienen el valor de dedicarse a miles de asuntos nimios, cuyo valor simbólico será todo lo positivo que quieran, pero a efectos prácticos no sirven de nada. La clase política está, parece ser, ocupadísima, y aún así, tienen tiempo para ejercer una segunda ocupación, irse de caza, formar una familia...

Será que España va bien. Será que el electorado no entiende otro lenguaje que el del espectáculo. Será que lo peor que nos pasa tiene que ver con el fútbol, o con el estado de las aceras, o con los festejos de verano, o con la prohibición del botellón. Porque, no nos engañemos, tampoco los ciudadanos, que igualmente somos sujetos políticos, reservamos demasiado tiempo a nuestras obligaciones en este terreno, y podríamos hacer mucho más por comprometernos con mejorar la esfera pública.

José María Zavala

Sociólogo

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