Los asentamientos israelíes no se detendrán
viernes 28 de agosto de 2009, 02:58h
El martes pasado el primer ministro de Israel Bejamin Netanyahu se reunió en Londres con el enviado estadounidense George Mitchell para hablar, entre otras cosas, sobre la petición del presidente Obama de detener el crecimiento de asentamientos israelíes en Cisjordania, por lo menos durante nueve meses como parte del plan de paz para la región. Medios de comunicación británicos e israelíes difundieron una nota que mencionaba que el primer ministro israelí había aceptado dicha solicitud. Sin embargo el miércoles, en una conferencia de prensa en Berlín con la canciller Angela Merkel, Netanyahu desmintió dicha noticia. El primer ministro negó que existiera un acuerdo con Estados Unidos para congelar la ampliación de los asentamientos judíos en las regiones de Judea y Samaria en Cisjordania.
La canciller alemana mencionó que detener la construcción de asentamientos israelíes es un elemento esencial para reanudar el proceso de paz en Medio Oriente y que el tiempo apremiaba. Sin embargo, Netanyahu pretende que estos encalves sigan lo que llamó un “crecimiento natural”, aunque también dijo estar abierto a conversaciones con los palestinos, y que espera que en un mes o dos puedan reiniciar las negociaciones.
La decisión del primer ministro de Israel obedece en parte a la estrategia de no enfrentarse con grupos conservadores de su país. Durante las elecciones pasadas de febrero en que Netanyahu obtuvo la victoria, varios partidos y fuerzas políticas conservadoras y ultra ortodoxas establecieron alianzas con su partido Likud, con el fin de obtener ventaja en el número de escaños en el knesset o congreso israelí. Parte del programa de estos grupos ortodoxos y de derecha tiene que ver con la expansión de asentamientos judíos en las regiones palestinas, con el objetivo de dividir el territorio árabe y “empujar” a los palestinos a zonas cada vez más alejadas. Los grupos de colonos, como se les conoce a aquellos que viven en los asentamientos, pertenecen al ala más dura e intransigente de la política de Israel y enfrentarse con ellos supone un desgaste político como lo sufrió hace unos años Ariel Sharon cuando ordenó desmantelar algunos asentamientos judíos en territorio palestino de Gaza en 2005.
También la postura de no detener el crecimiento de asentamientos está relacionada con los requisitos que Israel espera de Palestina para reanudar las negociaciones y aceptar un estado palestino: requisitos que los palestinos no están dispuestos a conceder. Uno de los principales puntos es una Palestina desmilitarizada, lo cual parece casi imposible especialmente ahora que el grupo político-terrorista Hamas controla una buena parte del territorio palestino y que Al-Fatah, un poco más moderado, ha perdido credibilidad y fuerza entre su población.
Así, por mucho que Estados Unidos y la Unión Europea presionen al gobierno de Israel para detener los asentamientos y lograr un más o menos eficaz plan de paz en la región, no parece probable que en el corto plazo el gobierno israelí vaya a hacer importantes concesiones.