EE.UU.: apunta la discrepancia en torno a la frontera afgano-paquistaní
viernes 04 de septiembre de 2009, 18:37h
En mi visita a la Universidad de Princeton, hace ya algunos años, Bernard Lewis -conocido orientalista-, insistía en el hecho de que la mala comprensión, intelección, por parte musulmana, de los actos, gestos y omisiones de la política exterior de los Estados Unidos, yace en la raíz del malentendido permanente entre musulmanes y americanos.
Traigo a colación el comentario de Lewis a propósito de una crítica, indirecta, que acaba de dirigirse a la política que lleva el presidente Obama en el “Oriente musulmán”. Crítica que acaba de tener cierto eco en diferentes círculos militares y civiles del poder y del pensamiento americanos.
La crítica procede de la pluma del almirante Mike Mullen, presidente de la Junta de jefes del ejército estadounidense. Mike Mullen, al enfrentarse tanto al asunto de la frontera entre Occidente y Oriente que viene marcada por la meseta de Irán, la atormentada geografía de Afganistán, y la línea de continuidad existente entre Afganistán y Paquistán, como a los propósitos revisionistas en esos territorios que declaran practicar la Casa Blanca y el Pentágono, no ha podido hacer menos que puntualizar lo que sigue: “... necesitamos no preocuparnos tanto sobre cómo hacemos entender nuestros actos, y sí mucho más sobre aquello que quieren decir nuestros actos”.
La acción exterior de Estados Unidos en la nueva edición del Big Game, política inveterada en la historia de la penetración occidental en esa zona, tiene como eje vertebrador la frontera afgano-paquistaní en los cuatro puntos cardinales en que se instalan aquellos dos Estados frágiles; aunque hablemos de entidades religiosas y culturales difícilmente expugnables.
El almirante Mullen abunda en su percepción crítica de la guerra en Afganistán -y de la actuación americana en la zona aledaña-, cuando puntualiza que “los problemas de comunicación... no son tales, sino problemas de planteamiento político y ejecución”. “De tal modo que -apostilla nuestra fuente- “cada vez que no nos comportamos de acuerdo con nuestros valores o no mantenemos una promesa, nos parecemos cada vez más al americano arrogante que el enemigo dice que somos”.
Resulta obvio que tampoco el expresidente Bush escape a este flagelo, cuenta tenida de la poco afortunada intervención estadounidense en Iraq a partir de 2003.
Ahora bien, poco exultantes nos suenan las frases del Almirante, particularmente cuando advierte que todavía la resistencia talibán no cejará en su empeño; porque, además de obstinada, vive desde dentro los problemas de Afganistán, mientras que el ejército americano -y parte de los países gulliver que aportan contingentes varios al proceso de paz (¿?) en la Gran Frontera- sigue combatiendo a la defensiva, debido a que la política que vertebra su actuación militar sigue siendo ajena a las interioridades de la zona en conflicto.
Esta nota no aspira a incorporar en su contenido variables concomitantes y sí muy complejas, -y quien sostenga que no lo son, se equivoca- en el entramado profundo de la zona: resaca postelectoral en Irán; últimas elecciones en Afganistán; Paquistán y su futuro inmediato.
Habrá que verlas venir sobre la marcha, aunque podríamos afirmar que en Afganistán nada está muy claro todavía.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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