www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Padres de Pozuelo cargan contra la Policía

miércoles 09 de septiembre de 2009, 21:43h
Quiero pensar que no son la mayoría, sólo algunos, aquellos a los que ponerse a hurgar en lo que ha fallado en la educación familiar les produce un sarpullido demasiado molesto. Seguramente sean los mismos que acuden al colegio cuando algún profesor tiene la ocurrencia de llamar la atención a su chico e incluso de expulsarle o bajarle la nota por mal comportamiento. ¿Mi hijo? No, la culpa nunca es de su “niño”, un bigardo que ya mide el doble que los adultos que le rodean y aún no ha parado de crecer. Un chaval al que se empeñan en seguir llamando menor cuando saca los pies del tiesto, pero que se afeita desde hace tiempo y ha aprendido demasiado bien que puede hacer lo que quiera porque es intocable. Las leyes le protegen hasta de un oportuno capón debajo del pelo y sus padres y profesores hace tiempo que optaron por no llevarle la contraria, unas veces por comodidad, otras, sencillamente, por miedo.

Así es que si alguien pensaba que después de la incendiaria noche de Pozuelo, iban a empezar a cambiar algunas cosas, más vale que se quite esa ingenua idea de la cabeza. La noche siguiente a la de autos volvía a haber chicos, mayores y menores, campeando por los alrededores de la Fuente de la Salud, ese paraje que antaño albergaba olmos centenarios, zarzas y hiedras, de donde brotaba un agua con reconocidas propiedades curativas y en el que ahora sólo hay tierra y un ridículo jardincillo de pretencioso estilo francés. Es cierto que ya había menos grupitos y que escondían recatadamente las botellas, pero si preguntabas a alguno si sus padres le habían castigado o controlado la hora de volver a casa después de lo que había ocurrido la madrugada del sábado, te miraba con la expresión de quien habla con un marciano que no se entera de a qué mundo ha venido.

Así es que agotado el tema de los botellazos a la policía y los incendios descontrolados, ahora son los chicos los que atacan o, como dicen ellos, se defienden. Resulta que los detenidos son la mayoría inocentes, ya saben, de esos que pasaban por ahí, maldita mala suerte la suya, y que los verdaderos culpables, unos energúmenos de otros pueblos según el alcalde pozuelero, andan todavía sueltos. Ya lo ha dicho, profundamente indignado, el padre de uno de los detenidos. Para él, lo que ha pasado es lo mismo que ocurría cuando hace años le tocaba correr delante de los grises, que pescaban a los pardillos y, en cambio, los provocadores se marchaban tan tranquilos. Su hijo, afirma, es tan sólo una víctima de la incompetencia de las autoridades. ¿Qué les parece? Más vale que los policías que estuvieron en la batalla de aquella noche de las fiestas de la Consolación se vayan buscando un abogado.

No exagero. En un par de días los medios han cambiado los vídeos de extrema violencia callejera contra la autoridad por fotografías de chichones y golpes amoratados y el mundo ha vuelto a ponerse del revés. ¡Muerte al sentido común que amenazaba con triunfar! Han sido los policías, por favor que enseñen ellos también sus heridas de guerra, quienes, aburridos y con síndrome post vacacional, han aprovechado el jaleo de las fiestas para hacer prácticas reales con sus balas de goma y una veintena de detenciones indiscriminadas, como en una especie de ruleta callejera. Así lo han contado los niños en casa, puede que hasta con lágrimas de cocodrilo, y sus padres, por desgracia muchos, les han creído.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios