Italia: manifestación del “Pueblo de la Libertad”
Andrea Donofrio
x
adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 04 de octubre de 2009, 17:35h
El pasado 3 de octubre, miles de italianos se manifestaron a favor de la libertad de prensa y en defensa del derecho de una “información leal y completa”, sin limitaciones ni amenazas. La manifestación, promovida por la Federación de la Prensa de Italia (FNSI) y con slogan “Información, no a la cadena”, se pone como objetivo demostrar que el país no tolera los continuos ataques de Berlusconi a los periodistas y la voluntad de que se respete el derecho a saber de los ciudadanos.
En los últimos meses, a raíz de las millonarias demandas interpuestas por Berlusconi contra algunos diarios nacionales (la Repubblica, l’Unita) e internacionales (El País, Le Nouvel Observateur), la existencia de la libertad de prensa y de expresión en Italia ha sido cuestionada por varios medios de comunicación: según el informe de este año de Freedomhouse, Italia se colocaría en “país parcialmente libre”, único caso en la Europa Occidental, junto a Turquía (¿la consideramos Europa cuando nos sirve?). La manifestación, una “extraña” protesta para un país democrático, confirma que Italia representa una anomalía dentro de Europa, tanto que el próximo miércoles el Parlamento Europeo debatirá el estado de la libertad de prensa, a propuesta de IDV y del grupo parlamentario europeo de los Liberales y Demócratas (ALDE).
Muchos periódicos han tachando el evento de “multitudinaria protesta contra Berlusconi”: sin embargo, se trata de algo más. Ha sido y es un momento de “resurgimiento” social, una señal de que la opinión publica italiana, atemorizada y dormida por mucho tiempo, empieza a darse cuenta (tardíamente) de lo que está pasando (aún no representa nuevamente aquella “fuerza superior a la de los gobiernos” como auguraba Saint Simon). Se ha manifestado en defensa del artículo 21 de la Constitución Italiana (“Cualquier persona puede expresar libremente su pensamiento (…) La prensa no puede ser censurada”) y para expresar que la libertad de prensa es un asunto que afecta a todos, independientemente de la pertenencia ideológica; por eso, no debe reducirse todo al dualismo “con Berlusconi o contra él”, sino en contra de un estilo, de una manera de actuar inadmisible y preocupante. Se intenta refrenar la deriva que está viviendo el país: resulta inquietante que, en Italia, un periodista deba tener miedo de ser amenazado por lo que escribe (la cultura de la amenaza física es tan difundida en la sociedad que yo mismo he sido amenazado dos veces por mis columnas en este periódico). El punto clave es el siguiente: hay que rebelarse a la cultura de la sospecha, de la amenaza, de la venganza, condiciones que, lamento decir, el primer ministro alimenta frecuentemente con sus pensamientos, palabras y obras. La cultura de la amenaza, del “mejor que no lo escribas o digas” se difunde, generando miedo por las posibles consecuencias y coacciones, o favorece formas de autocensura por imposibilidad de una cobertura legal segura: denuncias judiciales, ataques a tu vida privada, búsqueda de escándalos propios o de personas cercanas, argumentos para chantajearte son elementos preocupantes para una democracia occidental. Se trata de formas para callarte sucias e indignas: como si fueran pocas las amenazas que sufren los periodistas que escriben de criminalidad organizada (Italia es el segundo país del mundo en hombres bajo protección, después de Colombia) que deben de sufrir las coacciones e intimidaciones gubernamentales y judiciales. El poder político se muestra, a menudo, demasiado intolerante con las voces críticas y los votados consideran el voto popular como un “vía libre” para “colonizar el Estado” y dirigirlo según los propios intereses.
No estamos enfrente de una situación dramática ya que no puede ser comparada con la de China, Birmania o Irán: pero sí resulta preocupante que los programas “no gratos” al Gobierno sean amordazados, que a quien subraya esta situación se le acuse de ser “antiitaliano”, que se siga considerando al “conflicto de intereses” como un mal incurable, que el Primer Ministro invite a la gente a no leer los periódicos, denigrándolos y apoyando, al contrario, la información televisiva, muchas veces manipulada y facciosa. No se puede silenciar o incriminar a quien formula interrogantes o invita la gente a reflexionar. Todos los ciudadanos tienen derecho a defenderse, con medios lícitos y explicando los acontecimientos: sin embargo, no se trata de amenazar, querellar, mandar a callar a los críticos, considerando la opinión pública como una “torpe marioneta”.
Por eso, la manifestación debe ser considerada como algo fisiológico, necesario en una democracia que parece cada vez más mutilada; como escribe Eugenio Scalfari, no se ha tratado de una multitud, sino de un Pueblo, un Pueblo (curiosamente podemos llamarle “Pueblo de la Libertad” como la formación política del Cavaliere), que ha decidido manifestar a favor de la libertad y de sus derechos. Abundantemente se compara la actual situación al Fascismo, Berlusconi a Mussolini: bueno, lejos de ser un secuaz del Duce (muy lejos), hay una enorme diferencia de estilo, de ideas políticas (uno demasiadas y malas, mientras el otro, poquitas y sólo el amor por el poder y la impunidad), de capacidad política y arte teatral. No, todavía no estamos bajo un sistema fascista: solo en una situación anómala, cancerígena, a ratos absurdas, constantemente paradójica, donde los medios de información son considerado como un bien personal y tratados de forma hostil y agresiva. Pero ya se va levantado cabeza.
|
Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
|
adonofriohotmailcom/9/9/17
|