Objetivos compartidos
martes 06 de octubre de 2009, 20:19h
Acertada expresión, la empleada por el presidente ruso Dmitri Medvédev en la quinta y última reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su formato con Jefes de Estado y de Gobierno, sistema que se adoptó por primera vez en 1992 y se repitió en el 2000 en el 2005 y hace dos años.
Se aprobaba el 24 de Septiembre la Resolución 1887/2009, quizás el documento mas importante aprobado por Naciones Unidas en los últimos años, no solo por el fondo del texto y su clara intencionalidad política, sino por recoger un nuevo clima de entendimiento basado en la política del presidente Obama de volver a confiar en el papel del Organismo Internacional para la resolución de los problemas. Presente en el Consejo advirtió que su país no podía hacer frente a todos los conflictos. “Este es el momento en que cada uno debe asumir su parte de responsabilidad para una respuesta global a los problemas globales” aseveró.
En concreto, la Resolución de seis páginas siempre impregnadas de los habituales gerundios –reafirmando, recordando, subrayando, resolviendo- aprobó por unanimidad el marco legal para un mundo sin armas atómicas “mas seguro para todos”. Insta a todos los estados que no son parte del Tratado de no Proliferación (TNP) a que lo ratifiquen como países libres de armas atómicas”; da normas para su control y supervisión, muestra su preocupación, sin citar nombres, por los serios desafíos actuales, alienta al uso pacífico de la energía nuclear y a cooperar con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Ya se sabía de donde vendrían los problemas. El presidente israelí Benjamin Netanyahu se despachó a gusto contra Irán que había advertido a los judíos de las consecuencias de un ataque. El otro país cuestionado, Corea del Norte, se desmarcó inmediatamente de lo acordado. Ambos estados gesticularon ante la opinión publica mundial para mostrar su desacuerdo, justificados sus despliegues con la etiqueta de maniobras rutinarias. Teherán difundía una nota oficial el 28 de Septiembre con imágenes del despegue de un misil “Ghadr 1”, versión mejorada del conocido “Shahab 3”, con un alcance de 1.800 kilómetros y de un misil “Seyil 2” de dos etapas que utiliza combustible sólido. No son misiles de largo alcance -normalmente se concede esta categoría a los de 3.500 y superiores- pero suficientes para alcanzar Israel y a las bases norteamericanas en el Golfo y en Europa y para inquietar a todas las cancillerías occidentales.
Pero hay algo más en esta expresión del presidente ruso “objetivos compartidos” y parece ser, para bien, que iniciamos una nueva etapa en política internacional.
El primer buen indicio es el de revitalizar el papel de Naciones Unidas y propiciar su reforma. Sin “paz interior” y sin respaldo político y económico de la primera potencia mundial, difícilmente la Organización podía plantearse su reforma. Está en el camino de conseguirlo.
El segundo objetivo puede ser Afganistán. Rusia salió de aquel país, por la puerta trasera y humillada en Enero de 1989, hace ahora veinte años. Los tiempos han cambiado pero nadie puede asegurar una victoria fácil de las fuerzas coaligadas que sostienen hoy el orden y la gobernabilidad en aquella región centroasiática. Rusia sigue teniendo ascendiente sobre las catorce repúblicas escindidas en 1991 tras la disolución de la URSS. Son las zonas de paso imprescindibles, los puntos de apoyo sobre los que se pueden proyectar fuerzas, sobre los que montar las seguras redes de inteligencia, ya que no se puede contar ni confiar en las limítrofes zonas de Pakistán.
En resumen, creo que si se quiere vencer en Afganistán, si se quieren evitar esfuerzos, sacrificios e incluso riesgos, el apoyo de Moscú es fundamental. Entiendo que la nueva administración norteamericana lo ha comprendido perfectamente, como lo ha entendido Bruselas consciente del papel que Europa debe jugar en este acercamiento.
Vivimos un momento importante de acercamiento entre dos grandes potencias. Sí. Creo que es bueno, considerar a Rusia como gran potencia. Si con este acercamiento, al que debe adherirse Europa, se potencia el papel de Naciones Unidas se consigue una base jurídica sólida no solo para su reforma sino para el respaldo de sus resoluciones, algo que faltó en Irak. Con unas Naciones Unidas fuertes el control del Armamento Nuclear es mas posible y el papel del Organismo Internacional de la Energía Atómica, política y técnicamente mas respaldado y por tanto eficaz. Con esta buena base, afrontar los problemas de Oriente Medio o del Cáucaso y los que sin duda seguirán apareciendo, es más asumible.
“Juntos podemos”, es una expresión bien conocida del presidente Obama. Es cuestión ahora de convertirla en “objetivos compartidos”.
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General de Ejército
Luis Alejandre es general.
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