Los centros de menores se han convertido en triste actualidad por los casos de violencia que en ellos se producen. Los expertos apuntan a la falta de fondos para evitar que se ingrese en el mismo centro a un disocial, a uno con trastornos psiquiátricos y a otro al que no le pasa nada pero del que nadie se quiere hacer cargo. Así, la conflictividad está asegurada.
Hay dos tipos de centros de menores, por un lado los de
protección y terapéuticos, a los que van menores cuya guarda y custodia es responsabilidad de la comunidad autónoma correspondiente, bien porque la familia ha renunciado a esta custodia por problemas de conducta o bien porque están desamparados (el caso de un inmigrante menor de edad y que no tiene familia aquí), y luego están los de
reforma para el cumplimiento de medidas judiciales, que es a donde van los menores que son infractores sobre los que hay una sentencia judiciales y van a cumplir allí una pena.
Son dos tipos de centros muy distintos, pero sucede, además, que por razones muy diversas, en los centros terapéuticos se juntas tres tipos de menores muy diferentes: unos que tienen problemas de conducta serios, con un perfil disocial; otros con trastornos psiquiátricos, con problemas de conducta también, pero que no son trastornos propios de disociales; y unos terceros que son los que no tienen ni una cosa ni la otra y que están ahí simplemente porque no tienen donde estar, o bien porque las familias no los quieren tener, o porque son inmigrantes.

En este sentido, el presidente de la
Fundación Internacional O´Belén,
Javier San Sebastián, ha explicado a EL IMPARCIAL que “esta mezcolanza es la que está provocando unos problemas tremendos” y que por eso es mucho más fácil gestionar un centro de reforma que uno terapéutico, “donde el centro es abierto, los chavales tienen libertad para entrar y salir y las medidas que se pueden tomar son muy distintas”.
No es una cárcel para menores“No es exactamente como una cárcel para menores de edad -explica San Sebastián-, se supone que en un centro de reforma hay medios rehabilitadores y se toman medidas para reeducar al menor de cara a que en el futuro no reincida”.
Javier San Sebastián habla de lo que se hace en los centros gestionados por la fundación que él preside y señala que en ellos sí tratan en profundidad a los chicos: “Se emiten informes con seguimientos muy concretos y hay equipos tanto clínicos como educadores, que les manejan con distintas técnicas para procurar que en el futuro les vaya lo mejor posible y sean hombres honrados”.
Aun así, matiza que “no todas las entidades gestionan de la misma manera ni todas las administraciones públicas tienen el mismo criterio. Además, con 17 autonomías las normativas son distintas y no todas funcionan igual, ni muchísimos menos…”.
Régimen estrictoLa vida en los centros terapéuticos para los chicos es muy estricta. “No hay más solución que así sea –señala Javier San Sebastián-, la vida tiene que ser en ámbitos muy contenedores, con unas estructuras lo suficientemente rígidas como para que no haya disfunciones severas dentro, pero también suficientemente permisivas”.
Aun así, el presidente de la fundación O´Belén explica que hay dificultades para tratar a muchos de estos menores. Y pone ejemplos: “Acabo de ver un chico que es más susceptible de estar en un centro de reforma que en uno terapéutico y otros dos que son mucho más subsidiarios de hospital psiquiátrico que de terapéutico. Esto da una idea de lo difícil que es manejarlo, porque cuando se mezclan unos con otros, controlar eso es muy complicado y por eso es necesario un personal muy cualficado para llevar estas situaciones”.

El problema, apunta Javier San Sebastián, es que “si tienes a un menor que es subsidiario de reforma y que, por tanto, hay que tratarle de forma más dura, a lo mejor estás lesionando a otro chaval que requiere otro tipo de abordaje, más de trabajar el vínculo, más de reformar que de castigar”.
Insiste en que “para el tipo de población que hay en estos centros,realmente es milagroso que no sucedan más episodios de suicidios como los que han sucedido.Son chavales con perfiles muy difíciles, con patologías a veces muy graves y que disponen de plena libertad, con lo que es muy difícil mantenerles en ciertas condiciones”.
Seguridad con menoresJavier San Sebastián explica también que “en los centros de reforma tiene que haber una disposición altamente conternedora,al fin y al cabo estamos hablando de menores con trastornos disociales, de psicópatas, es decir el mismo tipo de población en menotes que el que se pueda encontrar en una cárcel”.
Por ello, recuerda los servicios de seguridad tienen que tener una disposición que les permite protegerse a sí mismos y que proteja a otros de las posibles agresiones de éstos chicos: “ disponen de porras,obviamente no tienen otros tipos de armas, y a veces tienen que hacer sujeciones en caso de menores violentos”.
“Pero esto también sucede –aclara- en los terapéuticos.Nos encontramos con chavales que tienen un perfil disocial y que han estado en reforma. Por ejemplo, hay un chico que pesa 95 kilos que ha estado ya en reforma en dos ocasiones, que está terminando su libertad vigilada en un centro terapéutico y allí está mezclado con otros chavales que pueden ser sus víctimas. Ahí tiene que haber un servicio de seguridad”.
Sin justificar los actos de brutalidad de vigilantes en centros como el de Badajoz (donde dieron una paliza a un interno), porque eso es un delito, Javier San Sebastián sí dice que se “debería tomar conciencia de que estos chavales no son precisamente angelitos. No son víctimas son más bien los verdugos. A veces es muy complicado sujetarles e impedir que agredan, que te violenten y que hagan víctimas a otras personas”.
Hay que recordar que dentro de los delitos más habituales entre los chicos que ingresan en un centro de reforma nos encontramos con todos aquellos que tienen que ver con la violencia (agresión, intimidación…) y robos con fuerza.
El sistema no funcionaDesde su cargo de presidente de la Fundación O´Belén, Javier San Sebastián señala que no está de acuerdo con como está diseñado el sistema. Destaca que “hemos construido una sociedad con menores que no tienen principios ni límites, tienen demasiada conciencia de sus derechos y una escasa conciencia de sus deberes. Como consecuencia de ello, la tasa de delincuencia juvenil se ha incrementado notablemente”.

“Por eso –afirma- las medidas son claramente insuficientes y , además injustamente distribuidas. Primero, porque no hay centros para ingresar a pacientes con problemas psiquiátricos y, segundo, porque no hay medios para estudiar en profundidad a los menores que tienen problema de conducta y se les mete en el mismo saco a unos y a otros cuando unos requieren un tipo de medidas y otros, otro tipo de medidas totalmente distintas, casi antagónicas. Esto produce disfunciones muy importantes dentro de los centros”.
Derechos y deberes de los menores internadosCuando un menor ingresa en un centro de internamiento deben recibir por escrito (en el idioma que entiendan) detallada información de sus derechos y obligaciones, así como de las normas de funcionamiento del centro, las normas disciplinarias y los medios para formular peticiones o reclamaciones.
Derechos: - A que la entidad de la que dependen vele por su vida, su integridad física y su salud.
- A recibir una educación y formación integral en todos los ámbitos.
- A que se preserve su intimidad y su dignidad, a ser designados por su propio nombre.
- Al ejercicio de los derechos civiles, políticos, sociales, religiosos, económicos y culturales que les correspondan, salvo que sean incompatibles con el objeto de la detención o el cumplimiento de la condena.
- A estar en el centro más cercano a su domicilio, y a no ser trasladados fuera de su Comunidad Autónoma, excepto en los casos y con los requisitos previstos en Ley.
- A la asistencia sanitaria gratuita.
-A un programa de tratamiento individualizado, y de todos los internados a participar en las actividades del centro.
- A comunicarse libremente con sus padres, representantes u otras personas, y a disfrutar de salidas y permisos.
- A comunicarse reservadamente con sus abogados, con el Juez de Menores competente, con el Ministerio Fiscal y con los servicios de inspección del centro de internamiento.
- A una formación laboral adecuada, a un trabajo remunerado, dentro de las disponibilidades de la entidad pública, y a las prestaciones sociales que pudieran corresponderles, cuando alcancen la edad legalmente establecida.
- A formular peticiones y quejas a la Dirección del centro, a la entidad pública, a las autoridades judiciales, al Ministerio Fiscal, al Defensor del Pueblo o institución análoga de su Comunidad Autónoma y a presentar todos los recursos legales que prevé esta Ley ante el Juez de Menores competente, en defensa de sus derechos e intereses legítimos.
- A recibir información personal y actualizada de sus derechos y obligaciones, de su situación personal y judicial, de las normas de funcionamiento interno de los centros que los acojan, así como de los procedimientos concretos para hacer efectivos tales derechos, en especial para formular peticiones, quejas o recursos.
- A que sus representantes legales sean informados sobre su situación y evolución y sobre los derechos que a ellos les corresponden, con los únicos límites previstos.
- A tener en su compañía a sus hijos menores de 3 años, en las condiciones y con los requisitos que se establezcan.
Deberes:- Permanecer en el centro a disposición de la autoridad judicial hasta que se les ponga en libertad, sin perjuicio de las salidas y actividades autorizadas que puedan realizar en el exterior.
- Recibir la enseñanza básica obligatoria que les corresponda.
- Respetar y cumplir las normas de funcionamiento del centro y las instrucciones que reciban del personal de aquel en el ejercicio de sus funciones, así como colaborar en conseguir una actividad ordenada en el interior del centro y mantener una actitud de respeto y consideración hacia todos, en especial hacia las autoridades, los trabajadores del centro y demás menores internados.
- Utilizar adecuadamente las instalaciones del centro y los medios materiales que se pongan a su disposición, observando las normas higiénicas y sanitarias, y sobre vestuario y aseo personal establecidas en el centro.
- Realizar las prestaciones personales obligatorias previstas en las normas de funcionamiento interno del centro para mantener el buen orden y la limpieza del mismo.
- Participar en las actividades formativas, educativas y laborales establecidas en función de su situación personal a fin de preparar su vida en libertad.
¿Las soluciones?A juicio de Javier San Sebastián, “la solución pasa por que las administraciones tomen conciencia de que tenemos una juventud con un nivel de problemas muy importante, por que se reconozca la especialidad de psiquiatría infantil de cara a que haya más especialistas mejor formados para abordar de forma más completa a los menores, por que se incrementen los recursos para atender a estos chicos y por que se participe la labor de las ong´s que trabajan con ellos”.
Añade que las mejoras pasarían también por considerar de otra manera al menor, por caer menos en la cuenta de victimizarles y sí tomar en cuenta que se puede ser menor, ser infractor y tener un trasfondo delictivo”. “Son muchos los cambios que habría que hacer y la sociedad debería concienciarse de que no por el hecho de ser menor se es bueno”, concluye.