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Borja Thyssen quiere sacar “su Goya” del museo

miércoles 18 de noviembre de 2009, 21:28h
Poderoso caballero es don dinero. La lucha por la herencia, caiga quien caiga, pasa en las mejores familias. Que se lo digan, por ejemplo, a la baronesa Thyssen, a quien su hijo, aquel rubiales con cara de travieso al que no hace tanto veíamos revolotear alrededor de un barón que ya no andaba para muchos trotes, le reclama información acerca de sus bienes y derechos, porque considera que no se le ha entregado lo que es suyo. Y es que al paso que lleva, las cuentas de Borja, que ahora es un padre de familia musculoso y tatuado, deben estar vaciándose igual que los pantanos en este otoño de sequía.

Seguramente, Tita se conformaría con que su retoño se levantara cada mañana a una hora prudente, se enfundara un traje a medida con una sobria corbata a juego y se pasara un par de horas por un elegante despacho para interesarse por las obras de arte de la familia. Y no es que al chico no le interesen en absoluto, porque hace unos días sí que fue al Thyssen con su abogado para llevarse los dos cuadros, un Goya y un Giaquinto valorados en 6.800.000 euros, que dice que le regaló el barón. ¿Sería para colgarlos en el salón sólo para sus ojos y los de su controvertida esposa? Según las malas lenguas y los antecedentes rosas del muchacho, parece más bien que para venderlos. El museo, claro, no soltó las prendas y ahora Borja dice que no descarta presentar una querella por apropiación indebida. Pero más que de su madre, de quien tendría que preguntarse si se puede fiar o no es de los abogados que elija para que le asesoren, porque si se equivoca y éstos resultan ser de la especie “pleitea aunque sepas que tu cliente no puede ganar, pero sí llenarte los bolsillos”, entonces Borja podría ver su patrimonio seriamente comprometido.

Su madre tuvo que luchar mucho para que Borja pudiera llevar el apellido Thyssen, levantando las iras de los cuatro hijos biológicos de Heini, que se enfrentaron con su propio padre para que el bocado que se diera a la herencia por culpa de la nueva familia española no les dejara sin el suculento pastel con el que se les hacía agua la boca ya antes de que el patriarca falleciera. Y sólo dos meses antes de su muerte, el generoso barón consiguió poner fin a los cuatro años de litigios que ya llevaban a cuestas con el Pacto de Basilea, un acuerdo familiar que repartía las propiedades artísticas en cinco trusts diferentes, uno para cada hijo biológico y el último, bautizado con el nombre de Caravaggio, para su esposa Tita. La cuestión es que al convertirse en un Trust, el legado Thyssen dejaba de contemplar la figura del heredero para establecer la del beneficiario, y según la cláusula de confidencialidad que incluía el acuerdo, quien presente impugnación o reclamación alguna, puede quedar excluido del mismo.

Y es que las herencias, cuanto más jugosas más controvertidas. Afirma Borja en las exclusivas con las que sacia en parte sus sedientos bolsillos que, simplemente, está luchando por su familia, pero no parece estar bien aconsejado. Igual que antes los hijos biológicos de Heini tuvieron que aceptar que no serían los únicos en hincar el diente a la fortuna familiar, ahora Borja seguramente piensa en que si lo que recibe no le llega porque, según su teoría, se lo dejó el barón a título personal, sino a través de la herencia de su madre, ya tampoco será el único en recibir. En todo caso, también con la familia, al final siempre es mejor por las buenas que por las malas.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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