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Maniobras militares en Cuba

domingo 29 de noviembre de 2009, 08:58h
Este domingo concluía en suelo cubano el último espectáculo propagandístico del régimen castrista, con el sempiterno trasfondo belicista. No en vano, se trataba de las maniobras militares más importantes en mucho tiempo, en las cuales han participado desde tanques a buques de guerra. La puesta en escena de toda la maquinaria bélica de La Habana, de procedencia rusa pero movida por petróleo venezolano, no dejaba de tener un cierto poso nostálgico, de cuando la isla caribeña era el punto de fricción entre Washington y Moscú. Eran otros tiempos, es verdad, y hay muchas cosas que han cambiado. Pero, por lo visto, otras sigan igual.


Para empezar. La caída del muro de Berlín precipitó la hecatombe del comunismo y sumió a la izquierda europea en una crisis de identidad de la que aún no ha acabado de recuperarse. Es esa izquierda la que salía a manifestarse en apoyo de según qué dictaduras y a ensalzar las bondades de una revolución que no ha hecho sino diezmar económica y socialmente al pueblo cubano. Pero hoy esa izquierda anda demasiado angustiada por su propia supervivencia como para preocuparse de un régimen que no tiene viso alguno de cambio. En la misma línea, la caída del muro supuso además el pistoletazo de salida para la democratización del este de Europa, incluida la antigua Unión Soviética. Así las cosas, Rusia ya no era la figura protectora de antaño, embarcada como estaba en un ambicioso programa de reformas que dio en llamarse "Perestroika".


El mundo, efectivamente, ha ido cambiando. Pero no Cuba. La gerontocracia castrista se empeña en continuar tiranizando, desde hace más de medio siglo, a un pueblo que apenas conoce ya el significado de la palabra "democracia" ni disfruta de los más elementales derechos. Con todo, La Habana ha sabido aprovecharse de la desmedida ambición de un Putin que añora el respeto que inspiraba la URSS y del advenimiento de un personaje tan grotesco como peligroso: Hugo Chávez. Y en vista de que Obama no parece el dócil pacifista al que muchos creían poder manejar, los Castro movilizan a su ejército con la bandera de una amenaza que nadie se cree. La única amenaza para los cubanos es la propia dictadura, Fidel y Raúl, junto con la camarilla que los mantiene. El mensaje lanzado con estas maniobras militares es tan bochornoso que, de ser otro el país que las llevase a cabo, más de un gobierno habría manifestado ya su repulsa. No estaría de más que alguna cancillería del Viejo Continente -la española, por ejemplo- denunciase un acto con un mensaje tan fuera de lugar como absurdo. Ya va siendo hora de que se acaba la complacencia con la autocracia cubana.
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